blog personal de Daniel Rojas, poesía, filosofía, pintura y literatura en general.

Julio, 2008

Tertulias literarias "Palimpsesto"

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A partir de este viernes 1 de agosto a las 21:00 horas, en La Casa del Arte, Esquina de Sotomayor con Baquedano, frente al teatro Municipal de Arica, inician las tertulias literarias "Palimpsesto". La entrada es liberada. La jornada Nocturna busca convertirse en un espacio abierto a la comunidad para escuchar poesía y narrativa por parte de los propios autores.

Aquellos que por otra parte, estén interesados en dar a conocer su obra y compartir, en un ameno espacio dedicado a las letras, serán bienvenidos.

Organiza, el colectivo literario Clepsidra.

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Anverso Literario: El Mocho de José Donoso.

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El Mocho, historia ambientada en las minas de Lota no es una excepción al mundo de discursos sociales que se cruzan en una copula infernal, represiones y máscaras enrevesadas que van tiñendo en la más oscura y ambigua opacidad a sus portadores, seres histriónicos y patéticos que el escritor Chileno, José Donoso, grandiosamente fue edificando, desde su debut con Verano y otros cuentos (1955)

En la obra de Donoso, el lector debe reconstruir orígenes difusos e imprecisos que se desarrollan de forma intencionada, como un cliché e imágenes acartonadas: prostitutas, cesantes y gente inmersa en labores absurdas y agazapantes, verdaderos callejones sin salida o sueños de mala muerte.

En el universo Donosiano, la monotonía es una constante y la rutina una adicción en que roles impuestos, ocultan el ser real. Incompleto, fuera del apodo y rostro representado. De modo que pese a lo que el lector espere de acuerdo a su experiencia previa, forjada fuera del mundo narrado, siempre se dará de bruces con una trasgresión y carencia propuesta en clave carnavalesca y barroca. Mundo posible plagado de esperpentos grotescos que cantan la insatisfacción y esperanza, corporizada en trashumantes que conocemos de forma fragmentaria con los apelativos del Mocho, la Bambina, el Mocho chico y La Elba

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En el caso particular de los Mochos, personajes que dan nombre a la obra, producto de su mote peyorativo que alude a su labor de monaguillos y en un nivel más simbólico e íntimo, debido a su vida cercenada; nos topamos con un devenir actancial que nos perfila entidades urgidas por la necesidad. Precarios, denotan rectitud, inocencia, mansedumbre inmersa en el ámbito, misógino, casi animal de Lota. Espacio que les recuerda de forma constante su equivoco, esa condición periférica de pasivos y remilgados. Son niños bien que anhelan producto de su frustración sexual, movimiento y un abrupto quiebre a su cúpula social.

En tal medida, la evolución de estos seres opera bajo el eje de renuencia y contradicción frente a las expectativas globales. Huyen de lo que todos esperan de ellos, vagan y se diluyen y su comportamiento alcanza altas cuotas de subversión pues desestructuran el orden y la coherencia de su entorno inmediato. Esas jerarquías enmohecidas y fosilizadas por el hábito y la necesidad de construir identidades seguras, aprehensibles y comunicables.

El elemento disruptor es un ingrediente que recuerda la afición de Donoso de metaforizar bíblicamente.


El contenido edénico se trastoca y dos mujeres, dos prostitutas, tientan a estos endebles alejándolos de la iglesia, su vía de rectitud y moralidad que los condena al rito eterno e imperecedero sin mayor satisfacción y sentido, que el placer de repetir un acto de forma compulsiva y monotemática.

Otro de los elementos disgregados, víctima de la irrupción mundana y ruptura escolástica: Es el control parental y la estabilidad que provee un origen bien delineado. En consecuencia, nos enfrentamos a otro de los fetiches Donosianos, el concubinato y la cópula ilícita, fugaces encuentros que reúnen lumpen, proletariado y burguesía en un sutil pacto de sangre.

En este discurrir, Ambos Mochos se amalgaman con su antepasado común, el aristocrático Blas Urízar, de cuestionable comportamiento en su círculo social. Descarriado, Blas es la mancha dentro del abolengo familiar, conocido como el lengua mocha, es el primero de esta estirpe denostada, un exiliado y paria con blasón, enredado en amoríos con otra prostituta de la zona minera, María Paine Guala, abuela del Mocho grande y bisabuela de Toño, el Mocho Chico.

El autor hila de forma suculenta el tiempo y espacio en torno a estas existencias errantes, los cruza, los fuerza a colisionar a repetirse y errar mil veces en un purgatorio dantesco, huérfanos de las expectativas y frustración, son destructores del germen social. Fantasmas cuyo contorno es una habladuría tras un complejo juego de palabras, un galimatías que connota demasiado y del cual perdieron consciencia hace mucho. Impelidos a vagar sin origen y con un destino infame.

En el caso de las féminas, el deambular errático es doble, pues en esta irrealidad lúcida, ellas sólo tienen dos opciones. Son madres o putas, la pregunta consecuente es ¿qué tal si deben por imposición, ser ambas? lo permitirá una sociedad como la nuestra, como la que plantea la obra, llena de machos como Antonio. En el ideario de este arquetipo, una mujer debe honrar su hogar, por tanto cierto desempeño en la cama esta vetado, es propio de aquellas hembras que él sólo usa para gozar, pues su persona es la que otorga y recibe de forma prominente y exclusiva el goce carnal. En el mismo ámbito de falocentrismo que raya en opresión corporal, ¿Qué rol les toca, si desconocen la identidad o paradero del padre de sus vástagos? y ¿Por qué contribuyen a perpetuar la comedia, no sólo al parir a los hijos de estos hombres anónimos y violentos, sino al educarlos bajo el mismo molde?

Sumisa y denigrada, la mujer en el universo de Donoso, específicamente en el Mocho, ocupa el sitial de un objeto, (no sujeto) de devoción y placer de estos hombres que tantas veces, confunden a la madre y amante, ambigüedad y contradicción, componentes fundantes e ineludibles de esta novela, título póstumo, publicado en el año 97 y último destino que los lectores del Chileno, tenían para conectarse con su prolífica voz, antes de que al interior del panorama cultural internacional, se hablara de lagartija sin cola, novela perdida de aquel miembro y cronista del boom, que tan grandes títulos legara por años a nuestra narrativa, constituyéndose como una de sus voces más prolíficas y originales.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en: Cinosargo






Celebración del aniversario número dieciocho de la Sech filial Arica.

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La Sociedad de Escritores de Chile filial Arica, celebró ayer su cumpleaños número dieciocho, el evento literario, contó con la presencia de escritores independientes además de todas las agrupaciones locales, autoridades municipales y funcionarios del Consejo Regional de Cultura, quienes se sumaron cordialmente al festejo, realizado al mediodía en el Hall del Teatro Municipal.

El objetivo de la ceremonia, no fue sólo homenajear una trayectoria y comprometida labor que se iniciara un 28 de julio del año 90, con el fin de posicionar a Arica como foco cultural, procurando la unión y labor mancomunada de todos los cultores de las letras, estén o no integrados a la Sech; en esta oportunidad, el grupo quiso dar la bienvenida a su nuevo socio, el joven escritor y profesor de Literatura, Daniel Rojas, poeta, cronista e investigador literario que se perfila con gran dedicación y capacidad en esta área.

La presidenta de la Sociedad de Escritores, señaló alegre: La Sech, busca renovarse con esta incorporación a sus filas, y desde luego, seguir como siempre, contribuyendo a las letras nacionales y locales.

Es deber de una institución como la Sociedad de Escritores de Chile, apostar por nuevos y prometedores talentos, de manera que su labor constante y dedicada, no quede sólo en el legado, importante tarea que ya han materializado con obras, recitales, concursos y una larga lista de gestiones culturales dentro y fuera de la región, sin embargo, siempre es indispensable reconstruir el núcleo, sólo así se puede prolongar su función y anhelo, como una semilla que sigue germinando en la pasión que nuevas voces proveen, en su innovador y fresco quehacer artístico.

La poeta Fernández Ángel recalcó además, la necesidad de reconocer el valor y entrega que los literatos hacen a la identidad y crecimiento de una comunidad. Por ello resuena el constante pedido de una Casa del Escritor y se suma la idea de un Mausoleo, para recordar a los escritores que ya partieron y dieron prestigio a la ciudad.

Hay que destacar que el evento estuvo acompañado de música a cargo del pianista Jonathan Pizarro de la Orquesta Sinfónica Andina, lectura de poemas y cuentos por parte de los miembros de la Sech Arica, Raquel Pino, Gastón Herrera y el recién incorporado Daniel Rojas. Otros momentos clave en el acto, fueron el reconocimiento de la Municipalidad a la agrupación y el galvano y homenaje que la gente de la Sech, quiso brindar a Paola Pimentel Rocafull de La Casa del Arte por su constante apoyo a los artistas de Arica y en espacial, a los escritores.

Allí se han llevado a cabo, lanzamientos de libros, exposiciones pictóricas, recitales de jazz y las tertulias literarias de los sábados. Sin duda, un importante evento para los escritores, que reunió a distintas generaciones, estilos de aproximarse a la creación a través de la palabra y claramente, un nutrido diálogo e intercambio que abre nuevos caminos para la producción estética e intelectual de la ciudad.


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Al respecto, no hay que ignorar otro evento importante, llevado a cabo hace unos días atrás, específicamente el día jueves 24, en la Universidad de Tarapacá. La IV jornada de fomento a la lectura, que reunió a académicos del Departamento de Español de esta casa de estudios, alumnos de último año de la carrera de Pedagogía en Castellano y Comunicación y a escritores de la ciudad, Sech filial Arica, Rapsodas Fundacionales y La Voz de la Pampa.

La muestra interactiva, estuvo compuesta por innovadores proyectos didácticos para el área de lenguaje, cortos, estands literarios, asedios a escritores reconocidos a través de dramatizaciones y personificaciones y un foro dedicado a la Literatura Regional, otra muestra de que en Arica se esta proyectando con fuerza un quehacer integrado en torno a la literatura, el cual no debemos ignorar y claramente fomentar.

Autora: Milvia Alata Tejedo.

Publicado en: Cinosargo






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Semblanzas Profundas: Rodolfo Herrera Tapia

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Altamente recomendado el escritor Rodolfo Herrera, es un universo poético a descubrir, su obra, es tributaria de un sentir trascendental el cual se sustenta en un corpus armónico, sucesión de palabras, juego delicado y rítmico.

Rodolfo Herrera Tapia, nació en Santiago en 1933, declara su abierta dedicación a la poesía, la cual nace durante la adolescencia.

Autodidacta, Herrera se ha formado a pulso a través de lo vivencial; factotum y viajero, es un lector ávido y constante cultor de la palabra. Con incursiones en el ensayo y la reflexión, su dedicación es mayor hacía la poesía, tanto en métrica como en verso libre.

Ha participado en encuentros nacionales; presentación en el salón Ercilla de la Biblioteca Nacional e internacionales, V edición del encuentro de escritores en Chañaral, año 2000, Muestra de trabajos poéticos en la universidad de San Agustín, Arequipa año 2004 y ha sido fundador del comité Mistraliano “Arica y Parinacota” filial del comité central, con asiento en Santiago. Entre sus publicaciones se cuentan los poemarios, “Enigma del Latido” y “Tributo”, este último, una elegía a la figura materna y a su rol en la forja de una tradición y férreo vinculo familiar.

Actualmente Rodolfo, reside en la ciudad de Arica, es miembro activo del colectivo Literario Rapsodas y es una voz privilegiada, que es indispensable de tener en consideración.

Portador de la deidad terrena, rama desgajada del árbol del Edén. Tu hálito hecho verbo triza el glaciar del hombre y este se abate renovado sobre sus hibernaciones (del poema: Poeta -Autor: Rodolfo Herrera Tapia)

La obra poética de Herrera Tapia, es tributaria de un sentir trascendental, conjuga una sensibilidad abierta a los miedos y anhelos humanos, la soledad, el amor, el viaje…

Quiero espiar entre tus labios el pomar de besos madurando. -La cigarra hollando el aire con tacones diminutos, extraviada en el verano, sol arriba y sol abajo con su monótono pandero por la siesta (Del poema: Siesta de Amor –Autor: Rodolfo Herrera Tapia)

…y sin embargo no reposa en lo meramente mundano o existencial, busca ir más allá en sus convicciones comunicativas, y consigue, mientras roza un hermetismo erudito, despojarse de la fatuidad y lo vano, otorgando imágenes de alta calidad en el diseño.

Pupila cósmica donde la noche entra desnuda, herida en la causa de su sombra. Punto ubicuo en que la nada empolla los exponentes de las galaxias venideras (Del poema: Espejulaciones -Autor: Rodolfo Herrera Tapia)

La desviación del lenguaje cotidiano, la elisión de artículos y conectores, acompañados por una cuidadosa ubicación de peculiares adjetivos, que muchas veces son sustantivados, se halla al servicio de la cadencia y no atenta en lo absoluto en contra de la espontaneidad del texto.

Por el contrario, la organización textual logra un efecto melismático, sutil capacidad propia de la música de oriente medio y adquirida por el poeta, en sus lindes con la obra de Rabindranath Tagore. De esta forma, penetra en el inconsciente y los esquemas prefigurados por el destinatario. Juega con sus expectativas y le brinda un mundo posible, cargado de belleza y emotividad, el cual se sustenta en un corpus armónico, sucesión de palabras, juego delicado y rítmico.

Su viva maestría va derramando alas, sus suaves creaciones van conformando el día. De cada ayer sacando el don de otra mañana. (Del poema: Tus Manos - Autor: Rodolfo Herrera Tapia)

Su lírica altamente metafísica, demanda al lector romper una primera vinculación con lo inmediato y lo transporta con la sucesión de estímulos auditivos y visuales que se van generando al contacto nítido e ininterrumpido con la palabra. Desde allí, lo nutre y ubica de nuevo en lo común, al desarrollar un tema familiar o afín, un atardecer de la ciudad, un canto a la madre, una alabanza a una gran poeta, loas a la amistad, a nuestras flaquezas y a lo más intimo y acallado, depositando el sentir del lector, otra vez, en el simple interactuar con las voces y sonidos diarios.

En los versos de Herrera Tapia, se consuma de tal forma, una amalgama de lo cotidiano y sensible con un considerable dominio y prolongación de lo extrasensorial, todo ello, al amparo de visiones penetrantes sobre el universo y la materia, su constante cambio, diluirse y el hombre frente a tal maravilla como testigo y relator privilegiado

“el puñado de huesos imantados apuntando hacia el confín del mundo” (Del poema Chile viudo de Gabriela-
Autor: Rodolfo Herrera Tapia)

El poeta en este caso particular, pasa a ser la figura que nos conecta de manera panteísta e intuitiva con aquello que podemos llamar sin ánimos pre-determinantes o naturalistas, esencia, naturaleza, nada y absoluto, cosmos humano fuera de un dogma, de una religión.

Planta un bosque hasta el cielo, forma un huerto hasta el fruto …trata un jardín hasta el aroma Hurgando en el barro primigenio. (Del poema: Poeta -Autor: Rodolfo Herrera Tapia)

El trabajo de Herrera corre a gusto y se imbuye con pericia en tales campos. Cada estrofa, nos atribuye un hálito especial, que nos recuerda ser parte de un todo infinito e inconmensurable, nos recuerda los designios de aquellos poetas y filósofos que forjaron lo mejor de la cultura norteamericana, cuando aún podía hablarse de ella, sin prejuicios, al escuchar el término libertad aparejado. Ralph Waldo Emerson y sus ideas sobre unanimidad y aquel Dios interior y un advenimiento al alcance de la mano del hombre de trabajo, de aquel observador inteligente que sabe convivir con su medio, otro es el anarquista y objetor de conciencia, autor de Walden, Henry David Thoreau: El retiro, la paz interior, la alegría del que vive sin mayor ambición que su propia vida y silencio. En esa unanimidad, se ubica Rodolfo Herrera al momento de construir sus textos y legarnos con amplitud de mente y generosidad una hogar de ventanas y puertas abiertas, pasaje directo hacia una conciencia individual, que no necesita de milagros o mediaciones, solo que la escuchen con igual amplitud e inteligencia.

Altamente recomendado el escritor Rodolfo Herrera Tapia, asentado en nuestra localidad, es un universo poético a descubrir tal como Whitman poetizara:

Quién contiene a la diversidad y es la Naturaleza quién es la amplitud de la tierra y la rudeza y sexualidad de la tierra y la gran caridad de la tierra, y también el equilibrio quién no ha dirigido en vano su mirada por las ventanas de los ojos o cuyo cerebro no ha dado en vano audiencia a sus mensajeros quién contiene a los creyentes y a los incrédulos quién es el amante más majestuoso quién, hombre o mujer, posee debidamente su trinidad de realismo de espiritualidad y de lo estético o intelectual (Del poema Cosmos de Whitman)

Autor: Daniel Rojas

Publicado en: Cinosargo

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Anverso Literario: García Márquez: De amor y otros Demonios.

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Apostillas sobre algunas obras de Nobeles Literarios Primera Entrega: García Márquez: De amor y otros Demonios.

García Márquez en su obra de amor y otros demonios juega con distintos niveles de sexualidad, desde la más extrema y libidinosa, tal es el caso de Bernarda Cabrera, ex-contrabandista de especies y esposa de de don Ignacio de Alfaro y Dueñas, quien vive sórdidas escapadas con el negro Judas Iscariote, rudo protomacho que somete a sus mujeres arrastrándolas a la perdición y decadencia. La otra mirada la personifica la una imagen de mayor recato y pudor, inocencia casi infantil y animal materializada en Sierva Maria de todos los Ángeles, hija de Bernarda y Don Ignacio, víctima del rechazo por parte de sus progenitores.

Apartada del mundo dizque civilizado, producto de un conocimiento temprano de la orfandad, impuesto por la indiferencia, Sierva Maria se cría con su nodriza Dominga de Adviento bajo las costumbres de los africanos, con la santería que profesan los esclavos y es en tal grado una existencia errante e ignorada que solamente se revela al mundo paterno, cuando es mordida por un perro rabioso, lo cual no deja de ser en la prosa de Márquez, una metáfora del apetito e iniciación sexual o al menos, de la germinación hormonal propia de todo adolescente.

Atendida o medianamente tomada en consideración por su Padre, no así por Bernarda, al enterarse del ataque del can, surge una exagerada preocupación que permite observar al lector, el desarrollo del temperamento de un endeble Segundo Marqués de Casalduero, a causa de la ficcional enfermedad de esta mujer en ciernes, la cual nunca muestra síntomas pero que todos a su alrededor presuponen, lo cual, sumado a la conducta extravagante y costumbres adquiridas en sus devaneos con el vudú, llega a oídos de terceros como un escándalo que bombardea las buenas costumbres de esta Cartagena de Indias dominada por el clero y la represión, desatando el drama y la consabida moralina castrante, nuevamente muestras de que la rabia no esta alojada en el cuerpo de la inocente y salvaje Sierva quien asume todo el tiempo su destino con resignación. El veneno duerme en la tradición monástica, eversiva, ignorante y tantas veces mal intencionada y dirigida por las supuestas autoridades envestidas con el báculo de la ultracorrección. Hay un choque entre dos culturas y cosmovisiones, la periférica compuesta por el mundo afro americano y la totalitaria del régimen peninsular. Una plagada de supersticiones y ritualismos, la otra de dogmas y códigos draconianos.


El colombiano ganador del Nobel, sin caer en lo recursivo y pornográfico, propio del folletín, nos muestra extemporalmente un problema de educación, intolerancia, abuso y olvido que sufren los menores, todo con un sencillo eje temático, el amor frente a la sexualidad y su despertar, claro que plagado de su retórica ampulosa y particular estilo de adjetivar la narración.

Para desarrollar el tópico, debemos centrarnos en la figura simbólica de la protagonista, fiera indomable, mitificada como demonio por la Abadesa y el obispo, portadora de una ira sublime y enajenamiento frente a la realidad inmediata. Sin embargo todo toma un giro cuando conoce a Cayetano de Laura, joven formado al alero de la iglesia, bibliotecario, otro símbolo textual, este representa la frustración y la mansedumbre de todo apasionamiento, es además una alegoría del platonismo, al autoproclamarse descendiente de Garcilaso de la Vega, poeta muerto por el amor de una mujer que sólo deseo lejanamente. E aquí otra forma de expresión del poder de la sexualidad, su injerencia en el sino trágico, ya sea por los esquemas mentales que asumimos, pues Laura es un hombre coaccionado en su voluntad de amar, no se puede expresar libremente pese a tener más de treinta años por ende ve desbordado todo su ímpetu en la figura de esta niña de doce que sufre producto de las ideas exorcistas de un obispado, ciego mecanismo de control y tortura, gran circunstancia compuesta por mentalidades oxidadas y fuerzas constrictivas que desde una jerarquía taxativa, acusan a Laura de aprovecharse de María, razón por la cual lo que pudo ser, Amor definible como casto y lo más cercano a un idilio juvenil, termina convertido en muerte por locura y cuidado indefinido de Leprosos.

Elemento curioso es la presencia de otros tópicos del ars amandi popular en la literatura, en específico el del largo cabello de Maria que sigue creciendo en proporciones descomunales, aún después de muerta, tal como lo profetiza con una manda a la virgen, Dominga de Adviento, al salvarla de su infausto y prematuro nacimiento, ella estipula que el cabello de la menor debía crecer hasta descubrir el amor verdadero y en tal medida casarse. Una especie de símil a lo que ocurre con otra trágica historia, la de Tristán e Isolda. Leyenda celta, en que una enredadera tozuda nace de la tumba del juglar hacia la de su amada, hasta abrazarse de forma indisoluble con una rosa y vid.

La voz de Márquez demuestra en esta historia, más allá de los fetiches a los que nos tiene acostumbrados, su preeminencia como una de las más fecundas prosas de nuestro continente y lengua.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo


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José María Arguedas

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Hijo Solo (Texto completo)


Llegaban por bandadas las torcazas a la hacienda y el ruido de sus alas azotaba el techo de calamina. En cambio las calandrias llegaban solas, exhibiendo sus alas; se posaban lentamente sobre los lúcumos, en las más altas ramas, y cantaban.



A esa hora descansaba un rato, Singu, el pequeño sirviente de la hacienda. Subía a la piedra amarilla que había frente a la puerta falsa de la casa; y miraba la quebrada, el espectáculo del río al anochecer. Veía pasar las aves que venían del sur hacia la huerta de árboles frutales.



La velocidad de las palomas le oprimía el corazón; en cambio, el vuelo de las calandrias se retrataba en su alma, vivamente, lo regocijaba. Los otros pájaros comunes no le atraían. Las calandrias cantaban cerca, en los árboles próximos. A ratos, desde el fondo del bosque, llegaba la luz tibia de las palomas. Creía Singu que de ese canto invisible brotaba la noche porque el canto de la calandria ilumina como la luz, vibra como ella, como el rayo de un espejo. Singu se sentaba sobre la piedra. Le extrañaba que precisamente al anochecer se destacara tanto la flor de los duraznos. Le parecía que el sonido del río movía los árboles y mostraba las pequeñas flores blancas y rosadas, aun los resplandores internos, de tonos oscuros, de las flores rosadas.



Estaba mirando el camino de la huerta, cuando vio entrar en el callejón empedrado del caserío, un perro escuálido, de color amarillo. Andaba husmeando, con el rabo metido entre las piernas. Tenía "anteojos"; unas manchas redondas de color claro, arriba de los ojos.



Se detuvo frente a la puerta falsa. Empezó a lamer el suelo donde la cocinera había echado el agua con que lavó las ollas. Inclinó el cuerpo hacia atrás; alcanzaba el agua sucia estirando el cuello. Se agazapó un poco. Estaba atento, para saltar y echarse a correr si alguien abría la puerta. Se hundieron aún más los costados de su vientre; resaltaban los huesos de las piernas; sus orejas se recogieron hacia atrás; eran oscuras, por las puntas.



Singu buscaba un nombre. Recordaba febrilmente nombres de perros.
—¡"Hijo Solo"!—le dijo cariñosamente—. ¡"Hijoo Solo"! ¡Papacito! ¡Amarillo! ¡Niñito! ¡Ninito!

Como no huyó, sino que lo miró sorprendido, alzando la cabeza, dudando, Singuncha siguió hablándole en quechua, con tono cada vez más familiar.

—¿Has venido por fin a tu dueño? ¿Dónde has estado, en qué pueblo, con quién?

Se bajó de la piedra, sonriendo. El perro no se espantó, siguió mirándolo. Sus ojos también eran de color amarillo, el iris se contraía sin decidirse.

—Yo, pues, soy Singuncha. Tu dueño de la otra vida. Juntos hemos estado. Tú me has lamido, yo te daba queso fresco, leche también; harto. ¿Por qué te fuiste?



Abrió la puerta. De la leche que había para los señores echó apresuradamente bastante, en un plato hondo; y corrió. Estaba aún ahí el perro, sorprendido, dudando. Puso el plato en el suelo. "Hijo Solo" se acercó casi temblando. Y bebió la leche. Mientras lamía haciendo ruido con las fauces, sus orejitas se recogieron nuevamente hacia arriba; cerró un poco los ojos. Su hocico, como las puntas de las orejas, era negro. Singuncha puso los dedos de sus dos manos sobre la cabeza del perro, conteniendo la respiración, tratando de no parecer siquiera un ser vivo. No huyó el perro, cesó un instante de lamer el plato. También él paralizó su aliento; pero se decidió a seguir. Entonces Singuncha pudo acariciarle las orejas.



Jamás había visto un animal más desvalido; casi sin vientre y sin músculos. "¿No habrá vuelto de acompañar a su dueño, desde la otra vida?", pensó. Pero viéndole la barriga, y la forma de las patas, comprendió que era aún muy joven. Sólo los perros maduros pueden guiar a sus dueños, cuando mueren en pecado y necesitan los ojos del perro para caminar en la oscuridad de la otra vida.



Se abrazó al cuello de "Hijo Solo". Todavía pasaban bandadas de palomas por el aire; y algunas calandrias, brillando.

Hacia tiempo que Singu no sentía el tierno olor de un perro, la suavidad del cuello y de su hocico. Si el señor no lo admitía en la casa, él se iría, fugaría a cualquier pueblo o estancia de la altura, donde podían necesitar pastores. No lo iban a separar del compañero que Dios le había mandado hasta esa profunda quebrada escondida. Debía ser cierto que "Hijo Solo" fue su perro en el mundo incierto de donde vienen los niños. Le había dicho eso al perro, sólo para engañarlo; pero si él había oído, si le había entendido, era porque así tenía que suceder; porque debían encontrarse allí, en "Lucas Huayk'o", la hacienda temida y odiada en cien pueblos. ¿Cómo, por qué mandato "Hijo Solo" había llegado hasta ese infierno odioso? ¿Por qué no se había ido, de frente, por el puente, y había escapado de Lucas Huayk'o"?



—Gringo! ¡Aquí sufriremos! Pero no será de hambre —le dijo—. Comida hay, harto. Los patrones pelean, matan sus animales; por eso dicen que "Lucas Huayk'o" es infierno. Pero tú eres de Singuncha, "endio" sirviente. ¡Jajay! ¡Todo tranquilo para mí! ¡Vuela torcacita! ¡Canta tuyay, tuyacha! ¡Todo tranquilo!

Abrazó al perro, más estrechamente; lo levantó un poco en peso. Hizo que la cabeza triste de "Hijo Solo" se apoyara en su pecho. Luego lo miró a los ojos. Estaba aún desconcertado. Sonriendo, Singucha alzó con una mano el hocico del perro, para mirarlo más detenidamente, e infundirle confianza.



Vio que el iris de los ojos del perro clareaba. Él conocía como era eso. El agua de los remansos renace así, cuando la tierra de los aluviones va asentándose. Aparecen los colores de las piedras del fondo y de los costados, las yerbas acuáticas ondean sus ramas en la luz del agua que va clareando; los peces cruzan sus rayos. "Hijo Solo" movió el rabo, despacio, casi como un gato; abrió la boca, no mucho; chasqueó la lengua, también despacio. Y sus ojos se hicieron transparentes. No deseaba ver más el Singuncha; no esperaba más del mundo.



Le siguió el perro. Quedó tranquilo, echado sobre los pellejos en que el cholito dormía, junto a la despensa, en una habitación fría y húmeda, debajo del muro de la huerta. Cuando llovía o regaban, rezumaba agua por ese muro.

Quizá los perros conocen mejor al hombre que nosotros a ellos. "Hijo Solo" comprendió cuál era la condición de sus dueños. No salió durante días y semanas del cuarto. ¿Sabía también que los dueños de la hacienda, los que vivían en esta y en la otra banda se odiaban a muerte? ¿Había oído las historias y rumores que corrían en los pueblos sobre los señores de "Lucas Huayk'o"?



—¿Viven aún los dos?—se preguntaban en las aldeas—. ¿Qué han derrumbado esta semana? ¿Los cercos, las tomas de agua, los andenes?

—Dicen que don Adalberto ha desbarrancado en la noche doce vacas lecheras de su hermano. Con veinte peones las robó y las espantó al abismo. Ni la carne han aprovechado. Cayeron hasta el río. Los pumas y los cóndores están despedazando a los animales finos.

—¡Anticristos!
—¡Y su padre vive!
—¡Se emborracha! ¡Predica como diablo contra sus hijos! Se aloca.
—¿De dónde, de quién vendrá la maldición?
No criaban ya animales caseros ninguno de los dos señores. No criaban perros. Podían ser objetos de venganza, fáciles.

—"Lucas Huayk'o" arde. Dicen que el sol es allí peor. ¡Se enciende! ¿Cómo vivirá la gente? Los viajeros pasan corriendo el puente.



Sin embargo "Hijo Solo" conquistó su derecho a vivir en la hacienda. Él y su dueño procedieron con sabiduría. Un perro allí era necesario más que en otros sitios y hogares. Pero los habían matado a balazos, con veneno o ahorcándolos en los árboles, a todos los que ambos señores criaron, en esta y en la otra banda.



Los primeros ladridos de "Hijo Solo" fueron escuchados en toda la quebrada. Desde lo alto del corredor. "Hijo Solo" ladró al descubrir una piara de mulas que se acercaban al puente. Se alarmó el patrón. Salió a verlo. Singu corrió a defenderlo.

—¿Es tuyo? ¿Desde cuando?
—Desde la otra vida, señor—contestó apresuradamente el sirviente.
—¿Qué?

—Juntos, pues, habremos nacido, señor. Aquí nos hemos encontrado. Ha venido solito. En el callejón se ha quedado, oliendo. Nos hemos conocido. Don Adalberto no le va ha hacer caso. De "endio" es, no es de werak'ocha. Tranquilo va cuidar la hacienda.

—¿Contra quién? ¿Contra el criminal de mi hermano? ¿No sabes que Don Adalberto come sangre?
—Perro de mí es, pues, señor. Tranquilo va a ladrar. No contra Don Alberto.

"Hijo Solo" los escuchaba inquieto. Miraba al dueño de la hacienda, con esa cristalina luz que tenía en los ojos, desde la tarde en que fue alimentado y saciado por Singuncha, junto a la puerta falsa de la casa grande.



—Es simpático; chusco. Lo matarán sin duda—dijo Don Angel—. Se desprecia a los perros. Se les mata fácil. No hay condena por eso. Que se quede, pues, Singuncha. No te separes de él. Que ladre poco. Te cuidará cuando riegues de noche la alfalfa. Enséñale que no ladre fuerte. Le beberá la sangre siempre, ese Caín, ¿Cómo se llama? Su ladrar ha traído recuerdos a la quebrada.

—"Hijo Solo", patrón.

Movió el rabo. Miró al dueño, con alegría. Sus ojos amarillos tenían la placidez de la luz, no del crepúsculo sino del sol declinante, que se posaba sobre las cumbres ya sin ardor, dulcemente, mientras las calandrias cantaban desde los grandes árboles de la huerta.



"Más fácil es ver aquí un perro muerto. Ya no tengo costumbre de verlos vivos. Allá él. Quizá mi hermano los despache a los dos juntos. Volverán al otro mundo, rápido".

El dueño de la hacienda bajó al patio, hablando en voz baja. No se dieron cuenta durante mucho tiempo. El perro exploró toda la hacienda por la banda izquierda que pertenecía a Don Angel. No escandalizaba. Jugaba en el campo con el pequeño sirviente. Se perdía en la alfalfa floreada; corría a saltos, levantando la cabeza, para mirar a su dueño. Su cuerpo amarillo, lustroso ya, por el buen trato, resaltaba entre el verde feliz de la alfalfa y las flores moradas. Singuncha reía.

—¡Hijos de Dios en medio de la maldición! —decía de ellos la cocinera.


El perro pretendía atrapar a los chihuillos que vivían en los hosques de retama de los pequeños abismos. El cllihuillo tiene vuelo lento y bajo; da la impresión de que va a caer, que está cansado. El perro se lanzaba, anhelante, tras de los chihuillos, cuando cruzaban los campos de alfalfa buscando los árboles que orillaban las acequias. El Singuncha reía a carcajadas. La misma absurda pretensión hacía saltar al perro, la orilla del río, cuando veía pasar a los patos, que eran raros en "Lucas Huayk'o".

Singu era becerro, ayudante de cocina, guía de las yuntas de aradores, vigilante de los riegos, espantador de pájaros, mandadero. Todo lo hacía con entusiasmo. Y desde que encontró a su perro "Hijo Solo", fue aún más diligente. Había trabajado siempre. Huérfano recogido, recibió órdenes desde que pudo caminar.



Lo alimentaron bien, con suero, leche, desperdieios de la comida, huesos, papas y cuajada. El patrón lo dejó al cuidado de las cocineras. Le tuvieron lástima. Era sanguíneo, de ojos vivos. No era tonto. Entendía bien las órdenes. No lloraba. Cuando lo enviaban al campo, le llenaban la bolsa con mote y queso. Regresaba cantando y silbando. Los señores peleaban, procuraban quitarse peones. Los trataban bien por eso. El otro, Don Adalberto, tenía los molinos, los campos de cebada y trigo, las aldeas de la hacienda, y las minas. Don Angel los alfalfares, la huerta, el ganado, el trapiche.

Singu no tomaba parte aún en la guerra. La matanza de los animales, los incendios de los campos de trigo, las peleas, se producían de repente. Corrían; el patrón daba órdenes, traía los caballos. Se armaban de látigos y lanzas. El patrón se ponía un cinturón con dos fundas de pistolas. Partían al galope. La quebrada pesaba, el aire parecía caliente. La cocinera 1loraba. Los árboles se mecían con el viento; se inclinaban mucho, como si estuvieran condenados a derrumbarse; las sombras vibraban sobre el agua. Singuncha bajaba hasta el puente. El tropel de los caballos, los insultos en quechua de los jinetes, su huída por el camino angosto; todo le confirmaba que en "Lucas Huayk'o", de veras, el demonio salía a desplegar sus alas negras y a batir el vientot desde las cumbres.



Hubo un período de calma en la quebrada; coincidió con la llegada de "Hijo Solo".
—Este perro puede ser más de lo que parece —comentó Don Angel semanas después.
Pero sorprendieron a "Hijo Solo", en medio del puente, al medio día.
Singuncha gritó, pidió auxilio. Lo envolvieron con un poncho, le dieron de puntapiés.

Oyó que el perro caía al río. El sonido fue hondo, no como el de un pequeño animal que golpeara con su desigual cuepo la superficie del remanso. A él lo dejaron con un costal sucio amarrado al cuello.



Mientras se arrancaba el costal de la cabeza, huyeron los emisarios de Don Adalberto. Los pudo ver aún en el recodo del camino, sobre la tierra roja del barranco.

Nadie había oído los gritos del becerrero. El remanso brillaba, tenía espuma en el centro, donde se percibía la corriente.

Singu miró el agua. Era transparente, pero honda. Cantaba con voz profunda; no sólo ella, sino también los árboles y el abismo de rocas de la orilla, y los loros altísimos que viajaban por el espacio. Singu no alcanzaría jamás a "Hijo Solo". Iba a lanzarse al agua. Dudó y corrió después, sacudiendo su pantalón remendado, su ponchito de ovejas. Pasó a la otra banda, a la del demonio Don Adalberto; bajó el remanso. Era profundo pero corto. Saltando sobre las piedras como un pájaro, más líbero que las cabras, siguió por la orilla, mirando el agua, sin llorar. Su rostro brillaba, parecía sorber el río.



¡Era cierto! "Hijo Solo" luchaba, a media agua. El Singuncha se lanzó a la corriente, en la zona del vado. Pudo sumergirse. Siempre llevaba, a manera de cuchillo, un trozo de fleje que él había afilado en las piedras. Pero el perro estaba ya aturdido, boqueando. El río los llevó lejos, golpeándolos en las cascadas. Cerca del recodo, tras el que aparecían los molinos de Don Adalberto, Singuncha pudo agarrarse de las ramas de un sauce que caían a la corriente. Luchó fuerte, y salió a la orilla, arrastrando al perro.

Se tendieron en la arena. "Hijo Solo" boqueaba, vomitaba agua como un odre.


Singuncha empezó a temblar, a rechinar los dientes. Tartamudeando maldecía a Don Adalberto, en quechua: "Excremento del infierno, posma del demonio. Que el sol te derrita como a la velas que los condenados llevan a los nevados. ¡Te clavarán con cadenas en la cima de "Aukimana"; "Hijo Solo" comerá tus ojos, tu lengua, y vomitará tu pestilencia, como ahora! ¡Vamos a vivir, pues!"

Se calentó en la arena el perro; puso su cabeza sobre el cuerpo del Singuncha; moviendo sus "anteojos", lo miraba. Entonces lloró Singu.

—¡ Papacito! ¡Flor! ¡Amarillito! ¡Jilguero!


Le tocaba las manchas redondas que tenía en la frente, sus "anteojos".
—iVamos a matar a Don Adalberto! ¡Dice Dios quiere!—le dijo.

Sabía que en los bosques de retama y lambras de Los Molinos cantaban las torcazas más hermosas del mundo. Desde centenares de pueblos venían los forasteros a hacer moler su trigo a "Lucas Huayk'o", porque se afirmaba que esas palomas eran la voz del Señor, sus criaturas. Hacían turnos que duraban meses, y Don Adalberto tenía peones de sobra. Se reía de su hermano.



—¡Para mí cantan, por orden del cielo, estas palomas ! —decía—. Me traen gente de cinco provincias.

Escondido, Singuncha rezó toda la tarde. Oyó, llorando, el canto de las torcazas que se posaron en el bosque, a tomar sombra.

Al anochecer se encaminó hacia Los Molinos. Pasó frente al recodo del río; iba escondiéndose tras los arbustos y las piedras. Llegó frente al caserío donde residía Don Adalberto; pudo ver los techos de calamina del primer molino, del más alto.

Cortó un retazo de su camisa, y lo deshizo, hilo tras hilo; escarmenándolas con las uñas, formó una mota con las hilachas, las convirtió en una mecha suave.



Había escogido las piedras, las había probado. Hicieron buenas chispas; prendieron fuerte aún a plena luz del sol.

Más tarde vendrían "concertados" a la orilla del río, a vigilar, armados de escopetas. Anochecía. Los patitos volaban a poca altura del agua. Singu los vio de cerca; pudo gozar contemplando las manchas rojas de sus alas y las ondas azules, brillantes, que adornaban sus ojos y la cabeza.

—¡Adiós niñitas¡—les dijo en voz alta.


Sabía que el sonido del río apagaría su voz. Pero agarró del hocico al "Hijo Solo" para que no ladrase. El ladrido de los perros corta todos los sonidos que brotan de la tierra.

Tupidas matas de retama seca escalaban la ladera, desde el río. No las quemaban ni las tumbaban, porque vivían allí las torcazas.

Llegaron palomas en grandes bandadas, y empezaron a cantar.


Singuncha escogió hojas secas de yerbas y las cubrió con ramas viejas de k'opayso y retama. No oía el canto. Su corazón ardía. Hizo chocar los pedernales junto a la mecha. Varios trozos de fuego cayeron sobre el trapo deshilachado y lo prendieron. Se agachó; de rodillas mientras con un brazo tenía al perro por el cuello, sopló. Y casi de pronto se alzó el fuego. Se retorcieron las ramas. Una llamarada pura empezó a lamer el bosque, a devorarlo.

—¡Señorcito Dios! ¡Levanta fuego! ¡Levanta fuego! ¡Dale la vuelta! ¡Cuida!—gritó alejándose, y volvió a arrodillarse sobre la arena.

Se quedó un buen rato en el río. Oyó gritos, y tiros de carabina y dinamita.

Volvió hacia el remanso. Más allá del recodo, cerca del vado, se lanzó al río. "Hijo Solo" aulló un poco y lo siguió. Llegaban las palomas a esta banda, a la de Don Angen volando descarriadas, cayendo a los alfalfares, tonteando por los aires.



Pero Singu se iba ya; no prestaba oído ni atención verdaderos a la quebrada; subía hacia los pueblos de altura. Con su perro, lo tomarían de pastor en cualquier estancia; o el Señor Dios lo haría llamar con algún mensajero, el Jakakllu o el Patrón de Santiago. Entonces seguiría de frente, hasta las cumbres; y por algún arco iris escalaría al cielo, cantando a dúo con el "Hijo Solo".

—¡Amarillito! ¡Jilguero! —iba diciéndole en voz alta, mientras cruzaban los campos de alfalfa, a la luz de las llamas que devoraban la otra banda de la hacienda.

En la quebrada se avivó más ferozmente la guerra de los hermanos Caínes. Porque Don Adalberto no murió en el incendio.



(1957)




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Semblanzas profundas: Mario Bahamonde

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Prosista y poeta, gran cultor de la crítica y el ensayo, Mario Bahamonde Silva es un hijo abnegado del norte Chileno. Visionario capaz de abarcar en su genio el rescate de una heterogénea producción histórico, lingüística y literaria

Prosista y poeta, gran cultor de la crítica y el ensayo, Mario Bahamonde Silva es un autor completo e hijo abnegado del norte Chileno, junto a Andrés Sabella, Antonio Rendic, y Oscar Bermúdez, ha sido y será uno de los más grande impulsores de las letras nacidas al alero del desierto.

En el campo de la investigación cultural, entregó el Diccionario de voces del norte, Guía de la producción intelectual nortina, Pampinos y salitreros y Gabriela Mistral en Antofagasta

Nacido en Taltal en 1910, Bahamonde se unió de forma indisoluble a las letras, primero en el campo de la docencia, ejerciendo tanto en liceos, como en el área de extensión de la Universidad de Chile en Antofagasta. Luego oficiaría en torno al campo periodístico, en la edición del Mercurio de la misma ciudad.

Entre sus obras más destacadas se encuentran los volúmenes de cuentos De cuan lejos viene el tiempo, las antologías de cuento y poesía del norte y Pampa volcada (1945), rica en tipos humanos del mundo salitrero. Luego vendría Huella rota aparecida en 1955, que versa sobre la vida y penuria de un obrero de Chuquicamata, consigna que lo enmarca dentro de la generación del 38 como retratista geográfico y social, testigo y protagonista de las revoluciones culturales y políticas del periodo que se extiende desde fines de los treinta hacia comienzos del cuarenta, Su obra es sin duda, una huella cabal e imperecedera, valioso documento, a la hora de iniciar un seguimiento del panorama y ruta, que asume la producción textual del norte.

Hay que destacar además que fue ganador del Premio Municipal de Santiago por su novela El caudillo de Copiapó y miembro de la Academia de la Lengua desde fines de los años 70 por su diccionario de las voces del norte, gran aporte lexicográfico en lo que a esta región del país atañe. Como intelectual pleno, Mario Bahamonde no abandona además la riqueza de otros géneros y autores provenientes del extranjero, ampliando su caudal productivo. No se puede en tal caso, obviar su aporte al teatro, con la creación del grupo libre que monto obras de Albert Camus como “El malentendido”

Sin embargo la preocupación principal del Taltalino, orbita en torno al desapego y alienación creciente que el hombre nortino experimenta frente a su cultura, leyendas, mitos e historia. Observar como se desfigura la forja de una identidad y como la palabra, que si bien puede ser cárcel lógica es además la materia prima de la memoria y percepción. Tal divisa, lo empujo a estudios acabados y gestiones que configuran a la tierra nortina y sus voces, como la quintaesencia y leitmotiv de su producción. No casualmente afirmaba que La tierra siempre es el más viejo dios . Por tanto, la lucha contra el inconsciente colectivo, hizo que su pares reconocieran en su obra y vida, la de un aventurero atlas, cargando la piedra fundacional frente a la agria indiferencia. Al respecto Nicomedes Guzmán poeta y novelista también enmarcado dentro de la generación del 38 afirma que: Bahamonde fue fiel a su tierra de piedras y arenales, de soles y distancias, camanchacas y huellas. Desde el primero hasta su último libro se escucha el latido del desierto y las voces de sus habitantes.” Razón que lo llevo a viajar por el periodo colonial, republicano y desde luego a visualizar el mundo precolombino y su proyección, más allá de la influencia peninsular.

Obsesas trashumancias y largos periodos de ausencia que lo asentaron en la capital, a fin de perfeccionar su saber y recopilar datos añejos en perdidos archiveros, los cuales luego se traducirían en ricos corpus creativos.

Los especialistas ven por tanto en Bahamonde a un visionario de amplio criterio, capaz de abarcar en su genio el rescate de una extensa y heterogénea producción la cual preserva y lega como artífice cuidadoso, a sus sucesores. En su obra resuena el eco de la tradición oral, la prosa proletaria, el verso imaginista y el mundo portuario además de las diversas vías de preservación que asume la tradición e historia, ya sea en la sabiduría popular, el folclore, el habla coloquial, la toponimia, la música, danza, las leyendas seculares y los usos diarios.

En la Guía de Producción Intelectual Nortina denuncia además, el derrotero y perdida del acervo regional: Hubo una música tan antañosa como los rastros remotos de la vida, que hoy desconocemos. Música que se desarrolló sucesivamente de acuerdo a la etapa que vivía la zona. Ya no hay memoria de las viejas cuecas mineras (algunas de cuyas letras hemos archivado) ni tampoco hay memoria de las cuecas pampinas, pero de la vieja pampa salitrera. De este mismo modo se ha ido perdiendo en el olvido el primitivo teatro minero o las antiguas payas populares o el refranero nortino y todo el saber que constituye nuestra alma regional".

Drama que se extiende más allá de la abolición y desuso de formas expresivas. El conflicto se agudiza en torno a la lengua, panorama desastroso que cada cierto tiempo, nos toca presenciar, al ver morir al último de los hablantes de una comunidad. Con él, no sólo desaparece un universo constituido por el individuo, sino que se cierra el umbral a toda una cosmovisión y cultura. Algo similar se vive en la perdida gradual del hombre frente al reconocimiento de voces cotidianas como aquellas que bautizan nuestras ciudades. Al vivir con asiento en estas, las repetimos como un fraseario perpetuo y mecánico del cual ya no tenemos conciencia ni rastro de su génesis

La tradición se perdió por completo y desapareció sin más rastros ni justificaciones que nuestra propia ignorancia. Y lo que es peor, nadie sabe qué significan nuestros nombres regionales. Nadie sabe qué quiere decir Chuquicamata (dura lanza) ni Taltal (gallinazos) ni Calama (brotes, reverdecer) ni Loa (rápido, ágil), ni Iquique, Arica o Tocopilla, ni cada uno de los nombres que señala nuestra toponimia.

No es un tema menor, pues la elección voluntaria o la adhesión forzada a un espacio vital, la lucha o dicha en un territorio sea boreal o austral, va marcando de forma reciproca el temple del hombre y las grietas y formas de su medio. El habitante y su territorio, aquel que lo envuelve, que le da cobijo y tantas veces lo desafía, lo devora y lo alimenta a fin de cuentas se realiza temporal y espacialmente en la memoria y el inconsciente, en la llamada inmortalidad, que a nuestro género le proveen la historia y la palabra, la cual no puede constituirse sin la afirmación o negación de aquel terruño al cual ha sido arrojada la existencia a constituirse.

De manera que si hay un Lillo o Arguedas que ven la proyección letrada en la condición laboral o racial o un Parra o Wittgenstein que procuran desestructurar el lenguaje y las formas en base a una antirepresentatividad dada por el habla coloquial o lo que se dice o calla y los conceptos ambiguos de verdad, hombres de cara a la ciencia ficción, simbolistas, surrealismos mandragorianos, carnavalesco Rabelesiano, Rokhiano y ficciones creacionistas además de dilemas y retrueques metaficcionales imbuidos en el mero drama del diseño textual como eje de la historia, pesquisas Cervantinas o Beckettianas que eliminan la unidad ficcional, la literatura no puede, sin agrietar su riqueza comunicativa, el dejar de proyectar todas las dimensiones y niveles de la realidad que involucra nuestra existir. En tal medida escamotear el maridaje hombre-tierra, por un prejuicio adolescente, supuesto rupturismo y vitalismo ego maníaco, coartaría gravemente nuestra comprensión social, política, epistémica y psicológica.

Bahamonde consciente de ello, dio todo de si en lo literario, narrativo y lírico en lo lingüístico, cronístico, histórico y folclórico, tomando un camino que lo eleva como voz privilegiada e ineludible a la hora de pensar y recrear la nortinidad nacional, frontera imaginada y trazada por el hombre, pero incapaz de ser disuelta por la presencia indómita del desierto.

Considero que no hay mejor forma de dejar patente al lector la trascendencia de este gran hombre y escritor, que la emoción creciente de su proyecto vital y creativo. En una biografía de nuestro desierto, crónica publicada en el Mercurio Antofagastino en los años cincuenta, Bahamonde confiesa: Una emoción muy especial me producen los libros sobre el norte. Nunca he medido en ellos lo puramente literario, lo que pudieran tener de mensaje sabiamente condimentado. En cambio, he intentado escudriñar lo que contengan de íntimo, de nuestro, de ese afán por decir y difundir las cosas que sólo los nortinos pueden sentir sobre el norte.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

SONETO DE MARIO BAHAMONDE

SALITRE 1959

(paráfrasis del soneto de Pablo Neruda)

Salitre, flor de luz en tierra dura,
cristal aprisionado entre la pena,
camanchaca de luna sobre arena,
sudor de pueblo hervido en amargura.

¿Quién en el tiempo coronó tu albura,
tu fuerza, tu pureza de azucena?
Silencio de la tierra que encadena,
el desierto te esconde entre su hondura.

Aquí está el hombre, terco, duro, mudo,
amarrado a tu sed desesperada,
sembrando corazones en la tierra.

Hunde su mano entre tu polen rudo,
bebe tu sabia en lunas congeladas
y su savia con una cruz te encierra.

(Publicado en "Antología de la poesía chilena a través del Soneto" Ediciones Libertarias, Madrid, 1988. Pág. 117)

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Óscar Hahn sus pares valoran su arte y trayectoria


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El poeta de larga y nutrida trayectoria Óscar Hahn Garcés, fuerte candidato al premio nacional de Literatura 2008, ha recibido en su postulación, un dedicado y merecido apoyo por parte de la ciudad de Arica y sus escritores, los cuales, se hayan encabezados en la campaña por el Colectivo Literario y Cultural, Rapsodas Fundacionales. En los años 60, el escritor nacional, ejerció como academico en la Universidad de Chile, sede Arica. Por tanto, sus pares reconocen la calidad de Hahn como escritor y docente comprometido. Orgullosos de apoyar a su miembro honorario, Rapsodas cuenta con la asistencia de la Universidad de Tarapacá, como institución a cargo de la la presentación formal.


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El Director artístico de Rapsodas, escritor y docente de larga y reconocida experiencia, Luís Araya Novoa, argumenta en el tríptico que se encuentran difundiendo a nivel local y también nacional:


Valoración de una Trayectoria

Al leer la poesía de Oscar Hahn, el lector sensible y exigente de excelencia creativa mediante la palabra artística, fortalece su concepto de la causa y del modo en que el lenguaje articula la cultura como espíritu del humanismo.

Es que este escritor chileno, nacido en Iquique en 1938, educado en esta ciudad hasta 1951; en Valdivia, (1952-53); en Rancagua (1954-57); en Santiago (1958-62); en USA (1974 adelante), doctorado en Filosofía por la Universidad de Maryland y actual profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Iowa, Estados Unidos de Norteamérica, inventa su personal espacio lírico desde, por y para el verbo gestor de criaturas, hechos y ambientes que, validos por si mismos, configuran sus esencias en por que" y cómo se les presenta.


En tal sentido, Hahn es, con relevancia, un poeta fundacional, que origina seres y actos portadores de características propias relacionadas con una transubstanciación de la naturaleza, mas que con una nostalgia o vivencia de la misma. Por esto muchos de sus poemas parecen provenir de experiencias idiomáticas obtenidas de lecturas mas que del trafago diario de la vida, en una actitud diríase Borgiana que con imaginación y asentada en libros reales o irreales fija su universo. Mas, en Hahn, si en alguna medida se manifiestan rasgos composicionales al respecto, estos se expresan como perfil de procedimiento y catadura de organización de elementos básicos y no de posición lírica profunda surgida del trato existencial que en tonos, ritmos, sonoridades, armonías, imágenes, motivos y temas recuerdan caracteres semejantes trabajados por poetas romancistas medievales anónimos, o Jorge Manrique, o Francois Villon. O bardos renacentistas tal San Juan de la Cruz, o Garcilaso de la Vega; o barrocos como Luís de Gongora, o Francisco de Quevedo; o románticos simbolistas a la manera de Jean Arthur Rimbaud; o más contemporáneos, según Guillaume Apollinaire, Vicente Huidobro, Nicolás Guillen u otros.


Dichos parecidos se proyectan en su escritura en rol de confluencia y parentesco técnico retórico, de consonancia genérica, pues la gestión de autenticidad creativa de Hahn se manifiesta con exactitud en su tendencia a trabajar asuntos tradicionalmente considerados de primerísima importancia con desfachatez y altanería, humor y sarcasmo, superioridad y jactancia, y aunque con identidad muy hispanoamericana, demostrando en sordina, y evidenciando que esto es lo que el lector debe entender, porque la procesión va por dentro, encubierta por un formato estilístico terso y cauto, pero seductor en su amalgama de novedad extraída de antigüedad en apariencia periclitada, De aquí la juventud y el frescor señeros de su poesía que ajena a la moda, siempre esta de y a la moda.

Luís Araya Novoa


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El presidente del colectivo literario, Rapsodas Fundacionales, José Morales Salazar, argumenta refiriéndose en extenso a la calidad literaria y profesional de Óscar Hahn. Su visión humanista lo ha llevado a dedicarse de lleno a la docencia a la formación de profesores y especialistas en literatura, tarea abnegada que desarrolló en el norte chileno y que continua desempeñando hoy, en Estados Unidos. En su rol de escritor, es una de las voces más originales, lucidas y profundas, de la poética, no sólo nacional sino latinoamericana.

Por nuestra parte, autores jóvenes y profesores de una generación distante, mas no por eso indiferente, reconocemos la labor de Oscar Hahn como autentica y apasionada, cuenta con una fertil bibliografía, títulos de enorme calidad en poesía y ensayo ha incursionado además en narrativa y en la gestión que promueve la obra de otros destacados como Vicente Huidobro y en cuanto a géneros, el cuento fantástico, influjo que junto a los clásicos españoles, brilla fuerte en su obra .

Hahn además, esta incluido en las más destacadas antologías nacionales e internacionales de poesía, en virtud de una voz particular. Esta lo ha llevado a explorar ricos terrenos, estilisticamente innovadores, al punto de proyectarse lejos de cualquier finca generacional, consiguiendo como pocos, posicionar la poética Chilena, que tanto se nos reconoce alrededor del globo y en multiples lenguas.

Razones de sobra para recibir el preciado reconocimiento que una nación, otorga a sus escritores, producto de una vida dedicada a las letras, a su difusión, gestion cultural y por sobre todo, a la edificación del espiritu y la mente humana a traves de la palabra.



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Diamela Eltit

Diamela Eltit nació en Santiago de Chile en 1949. Es Licenciada en Literatura en la Universidad de Chile. Autora de guiones de cine, también ha incursionado en el campo del performance y del video arte. Ha participado en diversos congresos de literatura, el ultimo sobre "Ficción y Experiencia en las Américas" organizado por el Wilson Center, Washington, 1988. En 1985 obtuvo la beca Guggenheim y luego fue becaria de la Social Science Research Council. Ha publicado las novelas Lumpérica (1983), Por la Patria (1986), El cuarto mundo (1989), y la investigación sociológica El padre mío (1989). Es la actual Agregada Cultural de Chile en México.


FRAGMENTOS DE VACA SAGRADA.


Uno

Duermo, sueño, miento mucho. Se ha desvanecido la forma pajaril. ¿Cuál forma se ha desvanecido? Me acompaña a todas partes un ojo escalofriante que obstaculiza el ejercicio de mi mano asalariada. Fui incapaz de penetrar un universo. Soy diestra solo en una parte, en la parte de una parte, veo apenas el agujero genitalizado de una parte. Una paga infernal me obliga a pensar en figuras sesgadas, plagadas de mutilaciones. Sueño, sangro mucho. Me han expulsado la poderosa forma pajaril y su amplio despliegue en la ciudad. Después de tanto esfuerzo he perdido el hilo razonable de los nombres y se han desbandado todas mis historias. Sangro, miento mucho. Calentada apenas por un vaso de vino, ahora, me pregunto: ¿En que clase de derrumbe habré de sobrevivir a la crudeza de este invierno?


Tres; la llegada

Le pidió al vecino que la llevara cuanto antes a la casa de Francisca. Su vecino intento disuadirla, diciéndole que la ciudad ya estaba frenando la circulación. Pero ella insistió, guiada por la certeza de que se enfrentaba con una urgencia. Quería ir, debía ir a constatar con sus propios ojos lo que estaba pasando. El vecino no le habló una palabra durante el viaje y en la velocidad del trayecto era posible medir la dimensión de su disgusto. Una vez frente a la casa le preguntó si la esperaba, pero ella le contesto que no, que se quedaría toda la noche.

Notó que la puerta de entrada estaba abierta. Pero, ¿cómo pudo dejar la puerta abierta?, pensó, y temiendo que se cumpliera un horrible presagio entró en la casa. A través de la oscuridad del pasillo la llamo, y la voz de Francisca la condujo entre la penumbra. Parece que hubiera preparado esta escena, pensó. Parece que la hubiera preparado para ella y yo no sea nada más que una testigo de ella misma.

Cuando entró al dormitorio, Francisca encendió la luz. Lo que vio, cómo la vio, la llenó de pánico. No de lastima o de repulsión, sino de pánico. Francisca yacía desnuda encima de la cama y su rostro era un gran hematoma con sangre seca alrededor. Necesito irme de aquí, pensó, pero avanzo para sentarse en el borde de la cama. Se enfrentó con uno de sus ojos cerrados por la hinchazón, con esa superficie en la que ya se empezaba a imprimir una amplia aureola violácea. Quiero irme de aquí, siguió pensando, mientras tendía la sabana encima del cuerpo sin poder articular una sola frase.

No quería saber lo que ya sabía, no deseaba enterarse de la promiscuidad de los detalles, no ansiaba saber nada en absoluto. Se sintió bruscamente ella misma muy enferma y, en un impulso incontrolable, se lo dijo:

—Me voy. Tengo que salir de aquí.


Francisca, el borrón de la cara de Francisca, realizó un gesto de dolor y su mano salió de entre las sabanas. No habló ni murmuró siquiera. Solo permaneció de costado mirándola fijo y tomada fuertemente de su mano. Sintió que Francisca la había hecho acudir a esa hora de extremo peligro únicamente para eso, para sentir que cuando había sido herida la visión de uno de sus ojos, alguien la sostenía de la mano.

Se iba a quedar, amanecería con ella, se enteraría de los pormenores y, lo peor, respondería a las mismas frases inundada por una conocida ira. No se que hacer, pensó. No se que hacer ya con ella. Recordó a la otra Francisca, la de antes, y no logro unir las dos imágenes. ¿Qué pasó?, pensó, ¿cómo pudo llegar a esto? Pero, en ese momento, Francisca emitió algo parecido a un gemido y ella suspendió sus pensamientos para tocar la cara dañada.

—Ya va a pasar todo —le dijo.

Le hablaba como una mujer a su pequeña hija ante una caída o por un súbito dolor de oídos. Le estaba hablando como a una niña y se resintió por la s6rdida oscuridad, por el silencio de la calle, por la enorme soledad que las envolvía.¿Cómo puedo asistirte?, pensó, a la vez que se inclinaba a examinar la magnitud de las heridas. Esta golpeada, pensó, pero no tiene ningún hueso roto.

La llamó. Francisca la nombró y, por el esfuerzo, un nítido hilo de sangre se deslizo por la comisura de sus labios. Ella se inclinó para oírla. —Fue culpa mía —le dijo Francisca—. Esta vez toda la culpa la tuve yo.




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  • Publicado: Miércoles, 16 Julio 2008 23:56:50 GMT
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Beckett: Un diálogo constante con lo inefable por Daniel Rojas


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Beckett: Un diálogo constante con lo inefable.


(Todos los derechos reservados: Daniel Rojas Pachas)



La voz poética de Beckett, tanto a nivel personal como en su rol de insigne y señero representante de una vertiente antitética de la tradición novelística occidental, ha quedado inmortalizada por la crítica, bajo la imagen estética del fracaso, autor del absurdo y la impotencia, como inexorable destino de la comedia humana.
Su arte, postula matices extremos de la línea iniciada por Camus, Kafka, Leopardi y Sartre la cual será revisitada posteriormente por escritores como Perec o Michel Houellebecq claro que sin el atrevimiento y espíritu visionario del Irlandés.
Su creación de esferas huecas y cerradas herméticamente, mundos comprometidos con la locura y la imposibilidad de sustraerse del purgatorio que implica ser en función de la nada, hace de sus portavoces, Murphy, Molloy, Moran o MacMann sin importar el nombre que tengan, presas del lenguaje, renuentes y trasgresores del acto mismo de comunicar y sin embargo, violentos usuarios que viven en un constante y burdo monólogo, el cual deja en claro, cuan difícil les resulta morir y cuan poca justificación tiene el respirar agonizando.


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Desde un plano individual, se vislumbra la imagen del Samuel Beckett como la del creador que mejor supo proyectarse en las posibilidades comunicativas del gris vital, la falta de movimiento y parquedad, al punto que iba construyendo una leyenda de extremo silencio dentro y fuera de la ficción . El escritor yugoslavo Radomir Konstantinovic, en su libro Beckett, mi amigo, llama la atención sobre la imponente "presencia" del escritor: « Beckett no era el creador de Hamm y Clov, sino alguien como ellos. Incluso físicamente, con su presencia, pertenecía al mundo de estos (...) siento la fuerza de su presencia en todos los que se preguntaban, tras un encuentro con él, si era un místico, un santo o un loco (...) A él eso le ofendía. Especialmente le ofendían las mistificaciones sobre su "santidad"(...) estaba al otro lado de la vanidad .» Beckett anhelaba la pobreza expresiva. « Soñaba incluso con abolir los verbos être y avoir ('ser' y 'haber').» « Nunca le oí pronunciar la palabra literatura. Ni siquiera la palabra escritura. Hablaba siempre de trabajo.» En tal medida, fue muy poco lo que escribió sobre sí y menos aún, sobre sus metas e ideales como escritor.


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Dentro de su novelística, en la obra El innombrable, Laura Cerrato, directora de la revista Beckettiana editada por la Universidad de Buenos Aires y autora de varios ensayos sobre el autor, destaca una frase en extremo reveladora : “Las palabras que caen, no se sabe dónde, no se sabe de dónde, gotas de silencio a través del silencio”. Quedando clara la fijación de este, hacia las formas dispersas y desintegradas arbitrariamente. Lo cual se condice con el enorme aprecio que el autor logró desarrollar hacia la obra del pintor holandés Braun Von Velde al cual, paradójicamente, dedicó arduo tiempo y análisis. El trabajo de composición de Von Valde como la vida de los personajes Beckettianos son fugaces líneas, en que lo tenuemente sugerido, es con violencia cancelado y negado al instante siguiente. La imposición del silencio marca el imperio del absurdo y dota al mundo de límites imprecisos, ambiguos, producto de la falsedad de los hechos, la fragilidad de lo enunciado y la constante contradicción entre lo que vemos, oímos y finalmente interpretamos.


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Esto conduce dentro de un espacio colectivo, el de los cánones y movimientos literarios a insertar al autor dentro del denominado ‘teatro del absurdo’, categoría propuesta por Martin Esslin que incluye además de Beckett a Ionesco, Pinter y Adamov, entre otros.


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Dice Esslin: “ El teatro del absurdo no procede con conceptos intelectuales, sino con imágenes poéticas, no expone un problema intelectual ni da ninguna solución clara que sea reducible a una lección o a una norma ética. Muchas de las obras del teatro del absurdo tienen una estructura circular, terminando exactamente igual a como empezaron. (…) el público se enfrenta con acciones carentes de motivación aparente, los personajes, que se hallan en constante flujo y los sucesos, están evidentemente fuera del reino de la experiencia racional” (1997, p. 162) .


Araceli Laurence en su trabajo sobre Beckett y Gambaro, cita a Patricia Pavis, autora argentina experta en teatro moderno, que selaña la existencia de diversas “estrategias” del absurdo, Beckett lo utilizaría como “principio estructural para reflejar el caos universal, la desintegración del lenguaje y la ausencia de una imagen armoniosa de la humanidad” (2005, p. 20)


De forma que en su poética, indefectiblemente, se disuelven los componentes tradicionales; personajes, acciones, tiempo, espacio. (Laurence, 2007)Y la frontera entre la enunciación y lo enunciado se torna cada vez más opaca, procurando, la abolición del referente y la función constante del lector como “infinito decodificador de la escritura” (Barrenechea, 1982, p. 378).


Barrenecheaevidencia además, la ruptura del contrato mimético “lo que provoca el bloqueo en el proceso de reconocimiento y lectura por el cual ‘la obra remite al mundo y el mundo a la obra’” (Barrenechea, 1982, p. 378).


Teniendo en cuenta semejante línea de consideraciones, las cuales aclaran el panorama creativo de esta autor contemporáneo, no cuesta percibir desde un principio, la mimesis ambigua que dispone, a fin de crear una logicidad carente de espacio, plagada de acciones fragmentadas e hibridas libres del peso temporal o causal, afectando no sólo las expectativas del lector en torno a lo enunciado, sino su interpretación del mundo y la valoración de un género ultra-acreditado como es la novela y el influjo que tiene en la constitución de valores y una apariencia de verdad.
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Lo expuesto permite reforzar y sostener todas las apreciaciones que la crítica ha emitido por años con respecto a Beckett, sustentándose primordialmente en presupuestos semánticos y de implicaturas al interior de su dramaturgia, faceta de su labor más popular y difundida, cuando hoy, más que nunca, resulta indispensable, por la pertinencia de su voz, abocarse también a la novela, territorio fértil en que Beckett evidencia de forma más tajante su apuesta y evolución minimalista, desde un periodo erudito marcado por la presencia ampulosa de tópicos grecolatinos y la influencia de Dante y Joyce, pasando por el cultivo de la novela negra y el absurdo existencial, hasta la fragmentación y síntesis total del género, en una premonición de la condición postmoderna propia de sus últimos títulos “Sin” y “el despoblador”, reflejos de un caosmos que elude la representación (mimesis) física y textual, reafirmando que la única realidad, precaria y ritual, aún cuando se anteponga cualquier empirismo positivista o metafísica cargada de utopías, reposa ab eternum en la palabra y la incapacidad de la razón humana para substraerse de su logicidad, lo cual afecta tanto el diseño como el contenido del discurso y propugna en última instancia, una apropiación y sufrimiento del existir como nada inalcanzable e incomunicabilidad ineludible.



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La poética de Beckett y su anti-representación exacerbada a partir de la trilogía.


A lo largo de los 60 y principios de los 70, la obra del irlandés evidencia una clara tendencia a compactarse en formas cada vez más breves y autorreferenciales, en lo que se ha descrito como minimalismo. El ejemplo más extremo de tal economía de recursos, entre sus obras dramáticas, es la obra "Aliento" del 69 que dura únicamente 35 segundos y carece de personajes. En prosa en cambio, siguiendo la tendencia, encontramos Sans también del 69 y que cuenta con apenas siete páginas; según su traductor al castellano, Felix de Azúa se trata de un texto muy difícil, aunque « muchos especialistas lo consideran la pieza clave, la más rigurosa, la más exacta de la producción del irlandés ». La obra se abre: Ruinas refugio cierto por fin hacia el cual de tan lejos tras tanta falsedad. Lejanos sin fin tierra cielo confundidos sin un ruido nada móvil. Rostro gris azul claro cuerpo pequeño corazón latiendo solo en pie. Apagado abierto cuatro lados a contracorriente refugio cierto sin salida.

Obras llamadas de “espacio cerrado” Beckett desarrolla su tan mentada preocupación por la memoria y sus efectos sobre el autoconfinado y auto observado ego en un progresivo y constante anular de cada acto y afirmación del ser y haber. Estética de la antirepresentatividad o más bien irrepresentatividad que busca a través de la comunicación y sus mecanismos, una síntesis trágica y la humorada final de la existencia: La imposibilidad tácita de lograr un circuito veraz.


Autor: Daniel Rojas Pachas.



( El artículo expuesto previamente, corresponde a una serie de notas que sirvieron de trasfondo Bio-bibliográfico a una investigación crítica que realice, centrándome en el último periodo narrativo de Samuel Beckett. Monográfico titulado: Beckett y la trasgresión comunicacional: Principios de una estética de la antirepresentatividad. Dicho artículo, destinado a un trabajo académico y eventual publicación en una revista filológica, busca delimitar, los alcances teóricos y críticos, relativos a la estética de la antirepresentatividad, visión minimalista, capaz de transgredir los principios básicos de la comunicación y la narratividad, divisa del autor irlandés, antitesis de la tradición novelística y paradigma visionario, de la literatura contemporánea postexistencial)



Obras Citadas


Barrenechea, A, “La ruptura del contrato mimético en la novela contemporánea”, en Revista Iberoamericana, n, 118-119, enero-junio, Columbia University. 1982

Beckett, S, El Innombrable . Editorial Alianza - Madrid, 1988

Beckett, S, Sin y el Despoblador, Editions de Minuit, 1969 y 1970

Boidesffre P, Beckett y el fin de la literatura, Lumen Buenos Aires, 1978

Camus, A, El mito de Sísifo . Alianza Editorial - Madrid, 2006

Chomsky, N., El lenguaje y el entendimiento humano, Barcelona, Seix Barral, 1980

Corredor, C, Filosofía del lenguaje. Una aproximación a las teorías del significado del siglo XX, Madrid, Visor, 1999

Esslin, M, El teatro del absurdo, traducción de Manuel Herrero. Barcelona: Seix Barral, 1966.

García Landa, J , Samuel Beckett y la narración reflexiva , Prensas Universitarias,

Konstantinovic, R, Beckett, mi amigo, Littera, 2001

Laurence, A El quiebre del pacto mimético en Beckett y Gambaro en Dram@teatro revista digital Nº. 22, 2007

Pavis, P, Diccionario de teatro , Paidós, Buenos Aires, 2005.

Pinker, S. El instinto del lenguaje, Madrid, Alianza, 1995

Vigotsky, L., Pensamiento y lenguaje, Buenos Aires, La Pléyade, 1973


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Semblanzas profundas: Marietta Morales Rodríguez

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En esta ocasión, semblanzas profundas se traslada a la segunda región, a fin de explorar de forma acuciosa el trabajo de una joven, prometedora e ineludible voz poética del norte grande, la cual debiera ser considerada de forma atenta no sólo por esta extrema y desértica región sino retumbar a razón de fuerza y convicción, en el centro y cada rincón austral del país.


De personalidad creativa y fresca, Marieta Morales Rodríguez (Antofagasta 1973) Ha publicado el poemario Cartas abiertas a Serguei año 2000 y fue favorecida por la Beca de Creación Literaria mención Poesía del Consejo Nacional del Libro y la Lectura (2001). Textos suyos han sido publicados en diversas antologías, como Yo me callo Editorial los andes por el poeta Raúl zurita 1997, Poetas del Desierto Copiapó 2004, Poesía joven de Antofagasta (1997), Poetas Nortinos (editor Luís Moreno Pozo; Tocopilla, 2004) y Microcuentos de Micro Antofagasta (2005) al igual que en revistas impresas y digitales como Mundo Literario (Buenos Aires), Zunai (2004), Monosofía (Ciudad de México), La Habana Elegante (Dallas, EUA), El Coloquio de los Perros (España), El Momo Poesía (editor: Adrián Campillay; San Juan, Argentina) y actualmente Revista Cinosargo, magazine virtual de arte y cultura que surge desde Arica. Se encuentra además, próxima a publicar su segundo poemario: El Rudo Alacrán de Doble Aliento Como escritora, tiene una enorme madurez, se haya en constante renovación y no teme experimentar, llevando su arte a niveles que coquetean con distintos discursos. En sus versos hay una mixtura de elementos sagrados y profanos, además de un inquieto contraste entre lo pasado y contingente, figuras y temas que están en la palestra mediática y que bien sabe esta poeta, enraizar con tópicos fundacionales y láricos, los cuales resurgen de su mano, con sugestiva vitalidad, en una antinomia, que así como plasma iglesias de pueblo recóndito, cayendo a pedazos producto del tiempo, opone sin reparo la camanchaca contra y frente, a una caníbal de las alfombras rojas, Paris Hilton, los blogs, el cine y la música pop.


Hay en su don además, matices de Vallejo, al elevarse en la palabra y afanoso caer en picada con un único goce obseso, romper los límites del verbo. De Lihn y Gelman brota lo trascendente y sus páginas se tiñen de gestos neo barrocos, nuevos talentos argentinos y próceres cubanos de lo real maravilloso y la deconstrucción lingüística. En torno a la isla y su influjo, tampoco es de extrañar el manejo del ritmo, y entre cada juego de palabras, una alusión a Hemingway. Pues al pensar y leer la obra de Morales Rodríguez, se hace imposible de eludir, su capacidad de fabulación.

serguei.jpg Esta competencia nos permite asimilar su intención a la de un selecto grupo de autores que heredaron del viejo Ernest, el laconismo y la precisión para adjetivar, son los que suceden a la generación perdida, llevando a sus poemas y al arte lírico en general, los mandamientos de desarraigo y cosmopolitismo. No por nada Gingsberg, Kerouac y Burroughs, deliraban en torno a la ayahuasca, el mileniarismo Incaico, la tradición Maya y la poética de Martín Adán. Sus compañeros de ruta, Cassidy, Corso, Ferlinghetti y el distante Bukowski al cual la autora dedica una apología, marcan una veta narrativa que podemos rastrear en sus poemas. No es un afán o delirio prosístico, tampoco mera descripción, sino el ingenio y sagacidad del relator locuaz, por tanto se halla capacitada para crear un firme hilo tensional y climax que orientan al destinatario del mensaje, por los pasajes que sus diferentes hablantes, van sembrando. Marietta, producto de su experiencia como ciudadana del mundo y a la vez ratona de biblioteca, por algo es parte de una familia con tradición de libreros, goza de múltiples talentos a la hora de disponerse ante el papel y no teme dar curso a ese brillo Austeriano, que consigue hablar anecdótico del baseball y el Quijote en un mismo párrafo o el paraíso perdido de Milton y la cultura fumadora de Bajtin, en algún capitulo perdido de su Trilogía. Ese tipo de analogías y vinculaciones, persigue y logra el trabajo de esta autora, hija de uno de los fundadores de Tebaida, Miguel Morales, mejor conocido como el Tipógrafo Huraño.

La poesía corre por sus venas y en su matriz creacionista palpita una narradora en potencia, similar a las mujeres que tanto admira, las hermanas Bronté y Simone de Beauvoir pues como ellas, busca desenmarañar el conflicto de su existencia, del viajero atrapado en su lengua, género y espacio, a la par que diseña con el lenguaje, compleja materia prima del creador literario, un cosmos visionario plagando páginas con paisajes, cuerpos y estímulos de rico valor sinestésico. Imágenes suculentas que rayan en una sinuosa desesperanza y frágil belleza capaz de desvanecerse en un parpadeo. Marieta tiene un celoso compromiso hacia el oficio y nutrido manejo de recursos estilísticos y estéticos capaces de opacar el misógino panorama cultural de nuestro continente y a la vez, esa costumbre arraigada, fálica y paternalista condición que tanto criticaba Nana Gutiérrez de sus pares femeninos.

La poesía de minifalda, las grupys y primma donnas de los vates, por tanto, aguerrida, no teme escribir y decir lo que piensa sobre el proselitismo poético y el panorama literario de Antofagasta, el cual compara en cierto grado con un purgatorio o caldera de las vanidades. Señala que hay un elitismo sobre todo en contra de los jóvenes talentos, por otro lado, los poetas locales tienen que ser más productivos, salir de sus camarillas, porque mucho ruido y pocas nueces, una crítica final, va dirigida a la falta de canales de comunicación con otras ciudades de Chile.

Hay poco intento de abrir espacios y vías, en lo personal, Marietta apuesta por medios digitales como el blog . Son una alternativa al vacío editorial, sobre todo en estos lugares, en que estamos tan aislados”. Apreciaciones que surgen no sólo de su actividad como poeta que ya hemos revisado, sino como gestora, pues ha vivido de cerca el movimiento literario a través de encuentros, recitales, y tertulias, entre estas, los exitosos Lunes Poéticos realizados en el Café del Sol en su ciudad. Instancia que tuvo a su cargo y cuyo objetivo era juntar a las distintas agrupaciones literarias de Antofagasta con su público a fin de disfrutar de declamaciones en vivo y números artísticos. Sin duda una escritora que no debemos perder de vista, pues su carrera se ha forjado a pulso y con su próximo libro de poesía, una nueva página de su propia bitácora y la del norte grande del país, cobra rudo aliento.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en; Cinosargo

Muestra de Poemas

Unplugged en la aridez

El telón ha caído
y los aplausos retumban en las rocas
de antiguas fortalezas,
junto a las fichas
de la suerte esquiva,
en la neblina espectral
que camina en los barcos varados
en un jardín de arena.
Las velas se encienden
con las calaveras cósmicas
y las fumarolas
emergen en los volcanes
del diluvio
como manantiales
que corren al fondo del pozo
del desierto.
Florecen cactos que derraman
lágrimas
en el oasis de los espejos volubles
que reflejan pisadas
de antiguas caravanas,
que vieron amaneceres
desde la luna.
El costal de nieve se rompió
en la línea horizontal del ocaso.
Los paraguas se abren en las tumbas.
Los cuervos beben el néctar de las abejas.

Carta abierta a Serguei

En la pista de aterrizaje, caminas ansioso
en busca del olor del habano
de la vieja Cuba.
Como el sentir de la médula
de millones de hormigas que pululan
en los pasillos gélidos,
de esos viajeros eternos
que llevan a cuesta
el madero de su cruz,
que arde en la inmensidad del mar,
sobre la línea horizontal
de tu mirada.
Se cruzan
los campos imperfectos
de la creación.
Las turbinas de los aviones
encienden los motores de esos alientos
casi divinos,
que se balancean
en el árbol del poder
en las noches póstumas
después del tornado que emanó
del pararrayo
en la vieja biblioteca.

Carta a Bono en París

Estoy como en ese cuarto de hotel
de un millón de dólares.
Observando a través de la ventana
cómo cae la nieve,
humedeciendo las calles de la ciudad.
Escuchando The matter more pretty of word
recordando esas viejas canciones del patio del colegio
en que todo lucía
como una moneda de centavo.
Eran los tiempos en que las distancias
me parecían remotas
y estar sentada en los pasillos de los aeropuertos
una situación casi irreal.
Ahora en este pulcrísimo hotel,
envuelta en un vestido blanco,
todo ha sido vertiginoso y casi cinematográfico,
cuando el carretero de la muerte
caminaba hacia el cementerio.
Mis mundos se derrumbaron
y todo se evaporó entre mis manos,
y solamente pude guardar tu fotografía
en mi baúl.
Eran los tiempos en que soñaba estar contigo
en un castillo de Dublín,
construyendo esos mundos perfectos,
donde no existe el desamor.
El tiempo corrió como atleta soberbio.
El carretero de la muerte se alejó para siempre.
Galopé hacia tierras áridas, desafiantes.
Levanté circos como hongos
después de la lluvia,
aprendí a sentir el látigo del silencio.
Lancé muchos papeles
y aún escuchaba tus canciones
cuando caminaba por las calles empedradas
de la ciudad.
Ahora los transeúntes
corren de un lado a otro,
como esa niña que se levanta temprano
para subirse al microbús.
Saco del cajón aquel libro bellamente impreso,
y siento, mi querido Bono,
que ambos estamos envejeciendo.

Brebaje de doble filo

La tierra gira en torno a ti
Brebaje de un cuchillo en doble filo
que corta la hiel sobre la luna .
Las parras construyen tus caminos
Maléfico fruto bello,
mordido por la serpiente
de las carreteras polvorientas .
Vendimia interminable.
Cada vez que veo tus ojos
Todo está en rotación
como hojas de parra
en busca de batalla,
vuelos de mariposas
en torno al fuego de encuentro
furtivo en que los campos renacen
después de los ataques de pilotos suicidas
que bebieron tu sangre
para enfrentar
a la señora de la higuera .
Te siento entre mis manos
con el trueno que hace estallar hojas
cada vez que evoco tu mirada,
en esa bodega de los siete años .
En San Petersburgo las copas
se alzan por el fin de la guerra .
Rojo furioso como sangre de toro
en un atardecer en la pampa .
Travesura de Baco agitando mi pecho
para bailar en tu vendimia
que hace agitar mis sábanas

Autora: Marietta Morales Rodríguez

Estrenamos nuestro segundo número de Cinosargo