blog personal de Daniel Rojas, poesía, filosofía, pintura y literatura en general.

Marzo, 2008

Revistas Literarias: Tebaida y Extramuros.



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En esta oportunidad, semblanzas profundas busca hacer un recorrido pretérito por la producción poética y literaria del norte grande, con especial atención, a la gestada en nuestra región (Arica y Parinacota) a través de revistas y publicaciones comprendidas entre las décadas del sesenta y ochenta, con un marcado quiebre, producto del golpe militar. Las más emblemáticas, Tebaida y Extramuros; que con el tiempo se han convertido en un referente de culto, no sólo por su calidad textual y estética, sino también por lo complejo que es para los lectores e investigadores, conseguir información de ellas, sus protagonistas y las publicaciones físicamente.

Un arduo trabajo de recolección de los retazos históricos de nuestra poética nortina, me llevó a recorrer bibliotecas, tanto edificios de concreto como espacios virtuales, realizar entrevistas a gente vinculada académicamente a los gestores, y realizar fértiles diálogos con escritores locales que participaron y desfilaron por las páginas de estas cruzadas, que buscaron ante todo, soslayar el centralismo y la disgregación literaria del país, promoviendo lazos interculturales de amistad y talento, capaces de romper barreras locales e internacionales en pos de un sueño, el amor por las letras.

Pese al marcado sino trágico de toda publicación cultural, el financiamiento y la difusión, gracias a su presencia somos conocedores preferenciales del contexto y esplendor creativo, marcado en el caso de Tebaida, por el altruismo filosófico y la férrea amistad cual motor, para dar paso a un legado que hizo frente al llamado “apagón cultural” con vísceras y coraje. Extramuros fue capaz de crucificarse y sin miedo gritar que la sensibilidad lírica no puede taparse con un dedo. De forma tal que destallan en sus versos y párrafos, los primeros pasos de poetas y narradores, que más adelante brillarían independientes, por su oficio y obra.

Tebaida – Chile-Poesía.

En la década de los sesenta, se formula un movimiento nacional poético que confabula a favor de la creación, el crítico literario Iván Carrasco en su publicación Tendencias de la poesía chilena del siglo XX, señala “que los poetas al incorporarse en dispares condiciones a una escena literaria reconocida y admirada por su calidad, se enfrentan a figuras vigentes incluso vivas, a una crítica variada y a una investigación académica rigurosa” por ende surge un proceso heterogéneo, de gran riqueza poética que se tradujo en la organización de grupos literarios que tomaron contacto con sectores poblacionales y estudiantiles, con quienes compartieron su arte y conciencia de la situación contingente del país mediante recitales y diálogos con difusión primordial, a través de revistas literarias apoyadas por las universidades.

En puntos estratégicos, ciudades universitarias, surgen revistas especializadas que podríamos llamar hermanas, por la cercanía en sus génesis y la comunicación postrera que sostuvieron. Entre ellas se destacan TRILCE de Valdivia, que al alero de la Universidad Austral, tiene por fundadores en el año 63 a los poetas Omar Lara y Carlos Cortínez, ARÚSPICE de Concepción que permitió a escritores según el mismo Lara, desarrollar sus carreras literarias sin abandonar el hogar. En Santiago estuvo ORFEO, a cargo del poeta lárico Jorge Teillier y su amigo Jorge Vélez. Fundada en 1963, ORFEO tuvo un espíritu pluralista que buscaba estar al alcance de todo el mundo y desde luego, no hay que olvidar a nuestra atalaya del desierto “TEBAIDA de Arica”.

Con el apoyo de la Universidad de Chile con sede en la ciudad, se dio inicio a esta empresa fundada por un grupo de amigos encabezados por la calidad humana y profesional de Alicia Galaz Vivar , su legado incluye no sólo poesía sino estudios a nivel internacional. En la Universidad de Tarapacá hay excelentes tesis que fueron supervisadas por ella y una antología de Góngora, bibliografía indispensable incluso en España. Esta académica universitaria, abocada al área de literatura y autora de “Jaula Gruesa para el Animal Hembra" junto a su pareja Oliver Welden, poeta radicado hoy en Europa y ganador del premio nacional "Luís Tello" con su obra "Perro del amor", encargado en esa entonces del área de extensión de la casa de estudios fronteriza, dieron en la capital, las primeras pinceladas al proyecto, los acompañaba el “tipógrafo huraño” Miguel Morales Fuentes"" poeta que reside actualmente en Antofagasta. El nombre propuesto a la revista, hacia referencia a la antigua Tebas y buscaba ser una fortaleza de amistad, cuyo principal vehiculo era la poesía.

La idea no pudo concretarse en Santiago pero avanzo hacia el norte haciendo una escala en Antofagasta donde su sumaron grandes figuras del arte nacional, Don Andrés Sabella (autor de la novela Norte Grande), Luís Moreno Pozo, Guillermo Ross-Murray, Mario Bahamonde (autor de la Antología de la Poesía nortina) y el poeta visual Guillermo Deisler , completísimo artista y xilógrafo que estaría a cargo de ilustrar todas los números y completar el panorama creativo con sus publicaciones independientes, tituladas Ediciones Mimbre, las cuales fueron un trampolín de intercambio para muchos escritores de ese tiempo, difundidos a lo largo y ancho del continente. No hay que olvidar al Relacionador Público del grupo Victor Bianchi Gundián, trágicamente desaparecido en un accidente automovilístico y al cual dedicarían el primer número.

Editada por primera vez en 1968, Tebaida llega a Arica de la mano de esta legión de talentos. La profesora Alicia Galaz y su equipo son una red nortina con proyecciones australes y encuentran en este primaveral paraje al destacado escritor José Martínez Fernández cuya trayectoria habla por si misma, publica actualmente “Palabra escrita” y oficia como corresponsal del Morrocotudo. También se les une en la ciudad un joven creador, que en palabras de Arturo Volantines solía vestir de negro, escuchar más que hablar y poseer una fuerza interior y una poética aún por descubrir, Ariel Santibáñez . El trágico destino de este talento recuerda lo ocurrido con otros poetas latinoamericanos, el peruano Javier Heraud y el Salvadoreño Roque Dalton. Reunido el núcleo central, sus reuniones se llevan a cabo en lo que es hoy el campus Velásquez y desde el primer ejemplar, se conceptualiza y manifiesta la intención y espíritu que regirá a Tebaida en los nueve números que alcanzaron a publicar, los últimos, por la importante casa editora Nascimiento . Quedaron sin embargo en el tintero, casi listos, el décimo y onceavo, abortados por la ruptura constitucional y posterior dictadura.

Dentro de los logros de la publicación antes de su desintegración y diáspora, se cuentan giras por América, encuentros en Arica, con poetas Peruanos como Carlos Germán Belli, Alejandro Romualdo, Washington Delgado y Winston Orrillo, intercambios y diálogos con otras revistas de Chile y el mundo, lo cual conlleva la traducción de poetas norteamericanos como Hugh Fox y el francés Robert Guyon y la presencia de muchos autores destacados de nuestras letras nortinas, como Luís Araya Novoa, Alberto Carrizo, Héctor Cordero y a los que integran la llamada generación del sesenta, Gonzalo Millán, Waldo Rojas, Omar Lara, Oscar Hahn autor de esta Rosa Negra, también académico de la universidad de Chile, sede Arica hoy radicado en Norteamérica. Además, se presentan en sus páginas hitos de la poética nacional como la respuesta polémica de Gonzalo Rojas, a Nicanor Parra “Gracias y desgracias del antipoeta”,

Extramuros –Revista internacional de poesía.

ext
Durante la dictadura, estos grupos que surgieron y llevaron a cabo su actividad en ciudades universitarias, amparados por dichas instituciones, permitieron a los poetas nuevos, espacios públicos extendiendo el atiborrado canon de la poesía chilena más allá de los límites del feudo Santiaguino. Cumplieron una labor fundacional y dieron aires nuevos a la poesía Chilena. La pregunta que corresponde es ¿Qué pasó con esos grupos tras el 11 de septiembre de 1973?


El golpe de estado provocó dos cambios sustantivos en el panorama creativo, primeramente, se habló de «apagón cultural» producto de la represión, la censura y el control de la actividad de artistas y pensadores lo cual se maxificó, debido a la bifurcación de nuestras letras. Se señala una «poesía del exilio exterior» escrita por autores y militantes políticos expulsados de Chile y acogidos o apoyados en el extranjero, frente a una poesía de contingencia orientada a la resistencia dentro del país, llamada también «poesía del exilio interior» por la particular condición de vida de sus autores, contexto de producción y ámbito cultural e ideológico reducido.

En este panorama de disgregación, surge diez años después del fin de Tebaida, estamos hablando de los primeros años de la década de los ochenta, una nueva revista literaria en nuestra ciudad. La publicación, Extramuros revista internacional de poesía , es una voz que contradice y se opone con fuerza a esa idea de silencio cultural. En ella se presentan autores del norte que integraron la desaparecida atalaya del desierto, los más jóvenes de Tebaida, serán los primeros de la generación siguiente: José Martínez Fernández y Héctor Cordero. Junto a ellos, nuevos valores comienzan a destacarse siendo hoy prominentes figuras nacionales. Componen esta promoción la de los ochenta, Mayo Muñoz (autor de poetas en dictadura) Arturo Volantines (gran impulsor de la labor creativa del norte, autor de "Lo que la tierra echa a volar en pájaros" y ganador de numerosos premios literarios), Guillermo Ross Murray (Iquique) Florencio Faundez, Toño Cadima, Walter Rojas, Ivan Villalobos, Priscilla Marikovic y los escritores Jorge Paniagua y Ramón Seguel Vorpahl encargados de la parte narrativa y la crítica literaria.

Además de la poesía de estos escritores emergentes, hoy consagrados, hay reseñas a la carrera de indispensables poetas nacionales como Pablo de Rokha y la novelista Isabel Allende, que daba sus primeros pasos con la casa de los siete espejos (1975) y La casa de los espíritus (1982) Se presentan revisiones a clásicos como Oscar Wilde y las ilustraciones de portadas estuvieron a cargo de Doris Seura y Mayo Muñoz. Extramuros alcanzó un periodo de publicación de tres años aproximadamente, logrando diez números.

El poeta Carlos Amador Marchant nacido en Iquique y autor de los libros poéticos “Pisando Tierra” 1977; y “Galpón de Redes Marinas 1979 (Premio Nacional de poesía Universidad del Norte de Antofagasta) fue quien presidio a este grupo y oficiaba como coordinador de la obra de difusión poética. CAM Publica también por esos años, gracias a la editorial de la Universidad de Tarapacá "Después de mi Casa” La misma institución será la dirección postal de la revista. Extramuros sostendrá en su periodo de vida, conversaciones epistolares, de apoyo y colaboración, con más de trescientas revistas y autores de todo Chile y el mundo (España, Argentina, Venezuela, México y Francia). Marchant y sus amigos poetas llevaron esta labor de forma desinteresada con el afán primordial de no dejar morir el arte y las letras en la puerta norte de nuestro país, muchas veces a costo de su propia seguridad y sin miedo a dar la cara.

Considero luego de esta ardua revisión, en mi calidad de profesor de Literatura, escritor e investigador literario afincado en Arica, que es indispensable apoyar y fomentar estudios y proyectos que pongan especial atención a nuestro contexto de producción presente y pasado. Estudios y publicaciones, abocadas a la forja de una identidad cultural y social sin escamoteos y perspectivas centralizadas que ignoran la labor pretérita y actual pues tal como demuestran los hechos, la presencia de revistas y grupos como Tebaida y Extramuros, continua vigente a través de los autores de este periodo (Marchant, Morales Fuentes, Martínez Fernández, Volantines) hoy consagrados alrededor de Chile y el mundo y muchos con fuerte presencia cultural en Arica, tal es el caso de colectivos fecundos como Rapsodas Fundacionales , SECh Arica , M.A.L y los que operan de forma independiente y en proceso de maduración, tal es el interés de quien les habla y su grupo Clepsidra . Como autor joven y a cargo de talleres y publicaciones literarias, me sumo con humildad a muchos más que siguen escribiendo la historia literaria de esta parte de Chile y el mundo.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Insensatez.


Ese soy - lo que no es, fijo virus y rodaja, sorbiendo la pulpa, tungsteno amargo que besa con inmensa gracia pasiva, titilando en balance y esnifada la mortaja, prefiguran y presiento, quién será el guardián de sueños. Porfían y consiento, la fantasmagórica pretensión, ese mapa de jadeos y perjuraciones, callado, duro y mintiendo, cobro la matriz de nuestro acabose, fin de todas las miradas y tiempos globales, santidad de niño que juega con madera, el canto y pájaro estribillo, en su mano baila, confundida la sordera del fuego y en cuerda floja se debate la conversión de estos pies al hilo, campos en detrimento del ruido, campos en que se concentra el hielo. Apagado de pasiones, también prueba, también grita y en éxtasis gime mi esfera, gime tu nombre indefenso y castrador y consigue, consumido en el dulce estelar, detritus de todos los rincones, la cosmográfica oposición al hurto, extremidad al fondo del cordón satelital, cordón de esta dama de la que ya te hable y que es lo que no es y como yo, que tampoco quiero saber, rompe en cascadas vagas y ciertas percusiones, ruidos y lamentos que además lloran y ríen y vuelven a conjurar el rito oscuro, necesario, amado y perdido del no conocer.




Autor: Daniel Rojas Pachas.


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Relaxo-Visión 8 - la imagen del día.




Wilfredo Lam.
(Cuba, 1902-1982)

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Autorretrato.


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Reflejos de Dhambala


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La espada de Kiriwina



El cerdito - Juan Carlos Onetti.



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El cerdito Juan Carlos Onetti.



La señora estaba siempre vestida de negro y arrastraba sonriente el reumatismo del dormitorio a la sala. Otras habitaciones no había; pero sí una ventana que daba a un pequeño jardín parduzco. Miró el reloj que le colgaba del pecho y pensó que faltaba más de una hora para que llegaran los niños. No eran suyos. A veces dos, a veces tres que llegaban desde las casas en ruinas, más allá de la placita, atravesando el puente de madera sobre la zanja seca ahora, enfurecida de agua en los temporales de invierno.

Aunque los niños empezaran a ir a la escuela, siempre lograban escapar de sus casas o de sus aulas a la hora de pereza y calma de la siesta. Todos, los dos o tres; eran sucios, hambrientos y físicamente muy distintos. Pero la anciana siempre lograba reconocer en ellos algún rasgo del nieto perdido; a veces a Juan le correspondían los ojos o la franqueza de ojos y sonrisa; otras; ella los descubría en Emilio o Guido. Pero no trascurría ninguna tarde sin haber reproducido algún gesto, algún ademán de nieto. Pasó sin prisa a la cocina para preparar los tres tazones de café con leche y los panques que envolvían dulce de membrillo.

Aquella tarde los chicos no hicieron sonar la campanilla de la verja sino que golpearon con los nudillos el cristal de la puerta de entrada, la anciana demoró en oírlos pero los golpes continuaron insistentes y sin aumentar su fuerza. Por fin, por que había pasado a la sala para acomodar la mesa, la anciana percibió el ruido y divisó las tres siluetas que habían trepados los escalones. Sentados alrededor de la mesa, con los carrillos hinchados por la dulzura de la golosina, los niños repitieron las habituales tonterías, se acusaron entre ellos de fracasos y traiciones. La anciana no los comprendía pero los miraba comer con una sonrisa inmóvil; para aquella tarde, después de observar mucho para no equivocarse, decidió que Emilio le estaba recordando el nieto mucho más que los otros dos. Sobre todo con el movimientos de las manos.

Mientras lavaba la loza en la cocina oyó el coro de risas, las apagadas voces del secreteo y luego el silencio. Alguno caminó furtivo y ella no pudo oír el ruido sordo del hierro en la cabeza. Ya no oyó nada más, bamboleó el cuerpo y luego quedó quieta en el suelo de su cocina.
Revolvieron en todos los muebles del dormitorio, buscaron debajo del colchón. Se repartieron billetes y monedas y Juan le propuso a Emilio: -Dale otro golpe. Por si las dudas.

Caminaron despacio bajo el sol y al llegar al tablón de la zanja cada uno regresó separado, al barrio miserable. Cada uno a su choza y Guido, cuando estuvo en la suya, vacía como siempre en la tarde, levantó ropas, chatarra y desperdicios del cajón que tenía junto al catre y extrajo la alcancía blanca y manchada para guardar su dinero; una alcancía de yeso en forma de cerdito con una ranura en el lomo.



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Recordando al Poeta Visual: Guillermo Deisler (1940-1995)

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Podemos señalar a Deisler como un precursor y motivador ferviente del arte y cultura, gran poeta visual, creador de imágenes, capaz de dar al lenguaje dimensiones cognoscitivas y emocionales, que van más allá de la mera significación


Guillermo Deisler, uno de los más interesantes artistas plásticos de Chile, nació en la Región Metropolitana el año 1940, ganó Medalla de Bronce en escultura, en el Salón Nacional de Bellas Artes de Santiago y poseen obras suyas en el Museo de Arte Contemporáneo. Logró además el reconocimiento internacional, siendo uno de los que, con mayor énfasis, puso a nuestro país en la escena del arte alternativo mundial. Fue expositor xilográfico en importantes capitales culturales latinoamericanas (La Habana, Buenos Aires, Lima.) Intercambio sus Ediciones Mimbre (1963) con el artista uruguayo Clemente Padin y otros destacados, argentinos y brasileños, adeptos a la vertiente visual de la poesía, posicionando la experimentación poética e interdiscursividad Chilena (cruce de géneros, en este caso, lirismo, pop art, publicidad, arquitectura y pintura) en un plano no conseguido antes y quizá no superado del todo aún.

Por ello no es de extrañar que su figura sea junto a otras honrosas excepciones nacionales como La Nueva Novela de Juan Luís Martínez, las obras "plásticas" de Eugenio Dittborn (Pinturas Aeropostales) y Sybil Brintrup (Vaca Mía), y El Archivo de Zonaglo de Gonzalo Millán, lo más destacado en dicho campo de la experimentación creativa.

Deisler, hoy en día, es recordado con respeto y cariño por muchos que trabajaron a su lado o conocieron su obra. En Europa es sumamente reconocido, su trabajo forma parte de numerosos estudios y colecciones. Se le rinden homenajes y exposiciones en museos de Francia y Alemania, lugares en que vivió tras el golpe de estado. Pues Deisler, como muchos, fue detenido y luego de un año, enviado al exilio, viviendo sucesivamente en Francia y Bulgaria, hasta establecerse finalmente en la ciudad de Halle (República Democrática Alemana) lugar en que falleció en 1995.

Hay que destacar además, que su vida profesional, genio y condición humana, no sólo deslumbró a la capital de nuestra larga y estrecha franja austral así como a importantes países del viejo mundo. En distintas épocas y con múltiples proyectos, estuvo íntimamente ligado a nuestro contexto, el norte chileno. Trabajó en la Universidad de Chile, sede Antofagasta como docente y director del Departamento de Artes Plásticas y Manuales. Y en un caso más cercano a nuestra ciudad frontera, el autor participó activamente junto al Consejo de Dirección de la Revista Tebaida . Labor que se enmarca dentro de la llamada época de oro de la poesía ariqueña . Esta publicación fue dirigida por Alicia Galaz, destacada poetisa, investigadora literaria y catedrática de la Universidad de Chile, Sede Arica y apareció por Nascimento, en la capital, entre 1968 y 1973. Aún hoy, sigue siendo una de las empresas literarias más destacadas y reconocidas del norte junto a otros empeños como Extramuros.

En Tebaida, participaron además Oliver Welden, Ariel Santibáñez y José Martínez Fernández. Por sus páginas desfilaron además muchos poetas chilenos y de otros países. Se destaca el poema de Gonzalo Rojas contra Nicanor Parra, la selección de poetas peruanos, norteamericanos y los nacionales: Lihn, Teillier, Waldo Rojas, Gonzalo Millán, Sergio Hernández, Omar Lara y prácticamente toda la generación del 60.

En definitiva, podemos señalar a Deisler como un precursor y ferviente motivador del arte y la cultura. Gran poeta visual, creador de imágenes capacitado para dar al lenguaje dimensiones cognoscitivas y emocionales que van más allá de la mera significación . Su trabajo implica una modificación activa en el campo de la lectura, la página se descompone y más allá de ser un simple soporte del texto, se recubre de diversas trayectorias, lo cual implica una ruptura provocativa a la linealidad y una invitación sublime a la polisemia y heteroglosia (multiplicidad de significados y discursos, respectivamente) Hay también en su obra, un desafío abierto al rol del lector. El cual debe abandonar la comodidad de mero ente repectivo en el circuito de la comunicación, para emprender decisivo el papel de co-creador, ante formas innovadoras que golpean su sensibilidad.

En cuanto a la temática, Deisler busca subvertir el código y gestar formas libres de expresión, se manifiesta esa desconfianza en el lenguaje y las estructuras previas y anquilosadas, que se ven como armas, imanes y vehículos panfletarios del poder. Visión que ha caracterizado a la filosofía y arte desde la mitad del siglo recién pasado. No debemos ver su obra entonces, como una simple ilusión, escapismo o capricho tendencioso, sino como una alternativa deconstruccionista y re-creadora de los elementos que ya conocemos pero que en clara rebeldía y compromiso, encauzan con original fervor y forma, la profundidad del dolor humano, el anhelo de paz, de renovación, de crítica a los absurdos en la historia y las promesas que siempre descansan en la memoria individual y colectiva como una utopía o genuina acción .

Componen la destacada obra de Guillermo Deisler: "GRRR", poesía visual, Santiago, 1969; "Antología de la Poesía Visiva en el Mundo", Universidad de Chile, Antofagasta, 1971; "Le Cerveux", Nouvelles Editions Polaires, París, 1975; "Packaging Poetry", poesía visual, edición de autor, Plovdiv, Bulgaria; "Make-up", poesía visual, Halle, 1987 y "Unlesbar & Sprachlos", poesía visual, Halle, 1990, edición de autor. Tambien entre 1987 y 1995 inicia el proyecto artístico colectivo de poesía visual y experimental UNI/vers(;) Peacedream-Project, edición que alcanza los 35 números con trabajos originales de artistas de todo el mundo.

Consideró indispensable contribuir a la difusión de la obra y memoria de un artista plástico completísimo: dibujante, grabador, diagramador y también impresor y editor. Por ello he incluido a la nota un video que humildemente edité, y que reúne material de este autor, de forma que el público pueda conocer la magnitud de su arte.

Autor: Daniel Rojas Pachas.


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Lihn - Porque escribí.




"PORQUE ESCRIBÍ"
ENRIQUE LIHN

Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.

Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendía la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.

Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
-¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria-.


Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces.
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.

La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudaran
de mi existencia real
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.

En su origen el río es una veta de agua
-allí, por un momento, siquiera, en esa altura-
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.

Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso ha sta escribirlo,

porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.

Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.

Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.



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Pablo de Rokha.



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Suramérica

santo de plata viviendo en la electricidad geometría que se retuerce dirigiéndose con palomas sin índice originario en la aventura todavía silencio de banderas todavía luna tan luna del comercio hacia el hombre hacia el hombre todavía la esmeralda casada y el navío en carácter indemostrable todavía la lógica que tiene paredes con tunas sin embargo la casa estricta con los calendarios del radiotelegrama adiós es posible nunca se parece al huracán la violeta eléctrica camarita con ojos frondosos la nieve inútil entonces al taita choapinos del balneario ahora los peumos sinceros que se oponen al charlestón el urgente adolescente océano y whisky obscuro cara de llanto a la madera juro por los sueños cruzados arando filosofía de ferrocarriles elegantes arreando las yeguas desnudas soy como los telégrafos y lo mismo que las guitarras que se parecen al mar encima de lo antiguo sobrecogido paloma de luto del atardecer asfaltado estrellas con melena de episodios y adentro de las victrolas 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bicicleta estaba más nerviosa que el crepúsculo ahora se iba cayendo del alambre de la velocidad cuando yo la afirmé y la empujé con la mirada pegándole trancazos de espíritu afeitado de angustia en lagares sombreros maduros arriba de los pueblos techados de abejas cebolla del sexo tan redonda debajo del verano panza de vino con trigo es historia más arada que vientre de botella yo cosecho solitarias maquinarias literarias con zapallos oceánicos poniente de sauces mundiales mistela de tiempo color redondo color peludo llanto sin lengua panal lagar trigal todo lo rojo con cloroformo pero con ganados con graneros con pescados vino de cebada bien alegre vino de manzanas escuela de potros melena de choclos urgencia de toros sin cultura era la niña bonita como un automóvil caramba la olla panzuda de legumbres con barros morados u oxigenados güiras de maqui pial de raigun infantil como coco caramba atando buey asado caramba y todo el sol adentro de los higos cuadrados de miel oh bonito comparable a una laguna de tinta o a las bolas redondas de las vitrinas de los boticarios mugrientos gran mujer lechera nido de gallina es decir empolladora ulpo de harina grande tobillo de maleta de licores finos guitarra de ciriaco contreras tendida a orillas de los peromotos mojados avanza tu cesto de lechugas ahora entonces sol con loros redondos alegremente sin violetas corazón agua de porotos peumo del alma chamanto de los puñados americanos anca del cielo valiosa como un todo tallada en chile potrero de animales desnudos provincias de jesucristo tan andadas polcas de gallos que son cementerios tremendos postal del pariente pobre palmatorias de la familia sin catre dorado invierno de aceitunas y el domingo de los empleados públicos que es como los gramófonos demócrata del murciélago sin corbata ay la tristeza solterona a donde vamos a enterrar el horizonte cuando se clausuren los caminos además es el automóvil quinchado de teatinas el guaina de la manta trizada y los novillos que devienen bueyes tan bueyes eso lo perdido catálogos de máquinas a la lluvia causeo sin afeitarse mi amiga retrato de carácter amarillo que tiene la voz nublada que se le olvida que se le ahoga como el corazón a la antigüedad o como las guaguas que se mueren entonces polilla del mundo en la almohada dios usado del cielo del pueblo la chepita vieja como el polo aquello del alma que es día pueblino que está arrumado y mosqueado en las vidrieras de los boliches italianos rosarios fiambres de hambre sin elegancia y tos rumiando la pancutra económica tampoco es la risa química lo declaro ni el sol obeso con su cadena de tonto arando no andando los cielos públicos nunca atardecer municipal literatura de alquiler sobre las antenas oh árbol quebrado de la grúa periódico roto oh periódico roto de la ciudad ahora oh ojos oblicuos que tienen colores urbanos de jockeys el orador el orador que se incendia agonizando aviones del occidente hurra los bares cubistas que degüellan la uva peluda de lo clandestino niña del año virgen a la manera de los teléfonos calzón de jersey con labios racimo de los besos pintados que parecen botellas de humo aguafuerte del obrero sin familia un dolor mercantil como de ciudades como planta que tuviese deudas o como recuerdo sin guaguas ahorcado lo mismo que casa de ladrones semejante a esas maletas tan cargadas de kilómetros comparable a la criada con espanto y a dios vendiendo la gran tierra soberbia historia de huesos son los palos de fósforos empinándose significa dinamita hoy pobre inútil y atornillado medallones de costumbres terreno con terremotos miedo del alma que ignora y que afirma sol exacto la vida afuera yo lo mismo ahora antaño antaño sombra en triángulos bueno palidez de palidez la luna parada mirándonos en el instante se presiente eso lo aquello matemático en geométrico coyuntura de ocasos con vidrios u ojo con muerto la soledad perentoria que se dirige a la letra u como el rocío al agua florida adentro la pulga morena produciendo los otoños a la manera del charqui asado con la melancolía aquella sí con la melancolía aquella tan nublada del hombre que cruzó llorando pitando viajando los pueblos siempre en el instante de lo amarillo más morado arma de fuego semejante a la carabina lluviosa en lo dramático a la ametralladora conmovida cerrada la cara cruzada tumba de guerrero pero asirio pero egipcio biblia del mar que es entonces plano y alto sin altura lo mismo que las plataformas y también la mano inmóvil del orador chalet muy feroz a cualquiera o auto blindado torre de peones de bronce y es la espada te espada no la espada que hace deslindes absolutos acuchillando lo imaginario en tajos idiotas como patadas tina de baño palmera del enero motociclista es la fruta urbana del tráfico y son las regaderas municipales es la goma lavada del comercio la que alegra las vidrieras del ánimo chorros de jardines sumados de mujeres violetas sin calzones agua de sexo de colegiala perdularia ropa interior de las novelas deporte del hombre enorme a aradura como todo el ruido se va para arriba la máquina astronómica sonando se añade a los regimientos o esas mujeres sanas y puras y a los asnos dormidos voy copiando a los brutos chúcaros esquivando las lazadas que enarbola el arreador de los treinta puñales parece que la mañana fuese a degollar a ese con las cuchillas tan filudas que anda trayendo y que el dios le ayuda con su actitud de criado no es un solo filo sólo quien nos rebanó ya las últimas tripas es la sierra esfera circular de los aserraderos la atmósfera deviene agua demasiado destilada demasiada agua hombre blanco claro parado liviano delgado chaqueta de hierro que es enormemente fragante antigua cama de novios lo que parece negro y es negro lo otro lo todo tan difuso horriblemente cruz actitud morada destacándose arriba del abajo perteneciendo no en suceder astronómico lo corriendo certidumbre de neblinas de aluminio sueño de lámpara la cosa que se sumerge desde siempre la máquina metafísica y la obscuridad ay la obscuridad soberbia de lo totalmente iluminado rigiendo las metáforas que son caminos que son sentidos que son estilos semejante a la electricidad con tanta alma plana la presencia ultravioleta que arrastra sacos de figuras indescriptibles como el olor del vidrio mijita estructura de mosaico o sea las rayas cruzadas de la geometría cuando son dados cuadrados alucinados algo que sucede a la espalda del cementerio un bulto variable pasado a química y muy lejos ahora demoroso como los zapallos giratorio como las dínamos pensamiento de vaselina redondo como los focos lo mismo que la palabra gozo pero con planos supuestos que devienen sucediéndose así es el huevo del aviador yo lo comparo en lo inminente en lo imposible efectivo o cuando ladrando los perros fraternales pareciendo abstracta la patagua que hay arriba aquello que abre las puertas abiertas partir la sandía buscando la sandía que está toda adentro toda afuera y no está trepidación de ferrocarril a mansalva no se oye en el entendimiento cuando se oye que llora inmóvil dios inusitado comparémoslo a muchas botellas a los palos parados de los teléfonos más artistas prolongándose en los espejos subterráneos y al alma frondosa y enronquecida del vino se encuentra en los extramuros de la distancia alrededor de lo desusado y lo preterido coronando cuentos de viejas con braseros con inviernos con causeos debajo de los ponchos acuosos parece que nadie conoce el huevo que pone el huevo que pone y vive adentro por eso de repente se derrama la tinta o sentimos que el ataúd nos saca la lengua carajo el alfalfal de los carros lecheros sobre la vereda aterrizan las damas listadas en las vitrinas del tenis y el hall de los papagayos americanos bulla de botones de dioses entonces contra la concha redonda a cada grito que pego le pongo un collar azul a una muchacha hip hip hurra a a ahora los pescados entusiasmados de sentirse muertos pescan la última luna con los ojos y se sumergen en la piscina de las risas vecinas del vecindario es el tomate rojo de la poesía quien brama lo mismo que los notarios satisfechos el sol en panne otoñal alumbra como la fruta madura los guardianes blancos llevan la aurora al cinto y un entusiasmo de cabrones inútilmente griegos hincha los pechos de los pinos honrados cada uno tiene un jarro de agua sí un jarro de agua y sonríe como un planeta bien vestido semejante a un rascacielos a un presidiario a una sardina yo ando cantando recamando contracantando con mis papeles subterráneos mis pantalones rojos mi sombrero amarillo mis alpargatas verdes y mi chaqueta transparente color dios y mi voz negra espesa como aguardiente de cadáver aquella nueva enferma tan rubia entre las sábanas de río que era lo mismo que las yeguas tordillas relinchando la infancia y los médicos rojos alumbrando la clínica politécnica entonces la enfermera-cloroformo llenando de llamas blancas mirando en actitud de dado de cacho el hospital vendado de heridas la asistencia pública partiendo los vidrios nublados sobrevinieron las neuralgias arrasando los veranos ahora las botellas color dolor más enfermas copretéritas agua de paico y heridas maduras son los carros de cosechas contentos como entierros de hombres jóvenes el membrillo de los aguaceros anticipados rodeada de vinos y quesos la señora está soberbia y profunda como un catre de bronce dormida en pupilas de heliotropo campana del aguacero toda de tonadas paridas o de albahacas tan aplastadas que deviene canto de pavo o de gallo afónico galopan las tías muertas en sus yeguas como eras arreboladas y los pueblos caídos del naranjo adentro el violín de la primera violeta cuando era virgen como la piedra soltera yo era valiente y alegre y venía enarbolando aquella gran verga de montañez confianzudo estaba más delicada que el celuloide tibio peleé a guantadas con el animal de madera y me acosté encima gritando lo mismo que los burros adentro del horizonte abierta la ponía en actitud de balcón sobre la uva y los choclos y era lo mismo que echar peumo al fuego y era lo mismo que entrar al corral de las ovejas con el sol en la mochila oh cuando dormimos entre los hinojos y las nieblas mimbreras agrupándonos como los carneros negros debajo de los astros gritados de pavos azules o le reventaba sandías contra la risa aconteció la luna rotunda de las entrañas poemas sin ríos florales aquello que se escribe solo alimento de humaredas lo monótono fonócromo cuando la lana lanada deviene solo fofo todo y sucede nada o polvo lloroso con termómetros así como cuando todo se empapelase con ceniza con pizarras almacén de huesos de pianos de muertos calvicie de eclipse más plana que la vocabla aplanatada soledad con centro abajo a mucha máquina girando pero viene luego la yegua gloriosa pero mal herrada se cae en lo mismo como las caídas dolorosa elipse giratoria en ese instante I sucede la niña morena toda tan desnuda y es como entrar al mar lloviendo algo así confusorio excesivo algo así disparado o como entrar a la montaña a caballo en un bastón de quillay florido yo salgo debajo de sus calzones de diamante como quien saca la cabeza del río con la alegría alborozada de los borrachos asoma a la hora del tranvía de azahares con mucho contento cuando hay una blancura más blanca que de costumbre herida de sol lunada como las bolas redondas de noche pantorrillas de transatlántico telas de melones adolescentes y agua guatita de naranjo y cabellera que extiende lenguas de sexo hasta aguas altas del pie que florece puñalito de apancora distinguida o insecto en la media obscura es alegre como la industria maderera y caliente como el ladrillo de las fábricas o lo mismo que asta de burro o lo mismo que las papas asadas al rescoldo entonces me revuelco en su belleza con esotra gran audacia de los cerdos chicha de maqui con zarzamoras por los sobacos y la resina embotellada del eucalipto entre medio de las piernas abiertas en actitud de alas más anchas y todo lo peludo que deviene cuando me acuesto el alma inútil encima del aroma ultramarino menea la caricia sus remeros de uniforme omnipotente pongo la noche lloviendo con lluvia alegre y negra en sus ojos totales distanciándola es la poesía geográfica del vagabundo alumbrada de colores negativos el terciopelo de miel oscura que define toda la presencia levantándola y se extiende como la eternidad en los muertos honestos y todos los puertos de su audacia con gallos parados arriba del horizonte cielo del atleta muy pintado de granjas en deporte volante de azogue desenrollándose en la llamarada de los pájaros con la cinta ruidosa y al mar el alba angosta siempre cabellos de bencina gritos de máquinas trágica-báquica son urbano con pasto segado el automóvil le lame las manos felices y cuando aboca la ciudad rebuznan los aeroplanos domésticos como el mar bien comido antigua mujer sin soledad notable no se dirigía a ella ni a ella entera sin embargo porque tenía ruido en el sexo y era lo mismo que las chirimoyas sostengo que se parecía a una palabra de espaldas a la lengua de los choros viciosos al público de las plazas preñadas de septiembre y a las potrancas americanas orino su memoria con respeto de animal encarcelado color guitarra color ciruela color tinaja voy a almorzar sobre tumba hecha de cueros de puñales imponentes zapallos de ceniza del continente tubos de pus acerbo atravesando el horizonte de chunchos y cuervos fatales pulmones de cementerio que son tambores de dioses podridos en ataúdes que se divierten a una altura más desenfrenada yo distingo yo formulo todavía no es bastante seguramente aun hay presencias que se defienden con espanto aúlla dios aportillado en lo subalterno enarbolando los métodos de la lágrima y el crujido de la vida nos torna sensibles como las maletas o como lo mismo afuera luz adentro reprochándose organizado rodaje de metales contradictorios atmósfera de taquígrafos con mucho apuro de morirse acaricio la máquina virgen con la gran plumera entonces cien dificultades me comprenden y yo domino la materia como los viejos notarios a todas las bolas afligido de toronjiles y de arrayanes cuotidianos todo merodea y lo contengo y lo deseo todo y todo me define contento desde la otra orilla que ley preside mi sistema desaforado emana un orden del desorden y las últimas velocidades son reposo por eso aprendo a manejar autos altos soy lo mismo que el corazón de todas la uvas nervios de planeta vegetariano tampoco vihuela de asesino sol pintado pintado pero que alumbra mucho a esta órbita de astro responde la naturaleza como al bramido de la eternidad la oscuridad de los toros nocturnos encima de ese ambiente electrificado acumulo abismos sobre abismos con intención de hombre alegre que defiende su alegría la españa embanderada de choapinos remontándose diucas con pueblos durmiendo olvidados en lo urbano cajas de fósforo de los inviernos anteriores un presente melancólico de malezas que son los vagabundos más vagabundos de la botánica lloviendo castañas felices ausencias de horno de tardes rurales letreros con romero predominando sobre los rascacielos y las cicutas y las ortigas del desengaño gran agua de culén gran agua contenta gran agua no manzanilla con nublados pero seca pancutra breva muerta llorando los ponchos orégano azul del lugar que es alegría arrugada apellido sin dentistas pocillo de aguardiente con cedrón y con limón de aguardiente que entristece la mujer limita el oriente con el poniente al poniente con el oriente y al sur con camas de agua madura huele a navío el calzón de la niña cerrada luna con sangre en el corpiño y la aorta exagerada del sol hinchado de rameras es un canasto de pan de cemento el corazón de las esposas y un establo de almas en alcurnia acodadas en las ventanas del crepúsculo todas las novias ahorcan gatos amarillos y el amor se parece a una camisa de fuego arroz con pimentón sí sí y patos joviales enrojeciendo las espadas ciudades de mujeres entreabiertas papagayos de anilina comiendo chirimoyas alegres y aromas inusitados torcazas de vino que son desnudos con ajos morados y perejil estridente es la canción nacional de la empanada pastoreando sus abejas encima de lagares filosofales que parecen panzas de santos felices oh potros sonoros tetas del gusto sin retórica que suceden huevos de águila eminentes el clavel partido que huele entonces a rajadura de vírgenes y la albahaca pisada tan manzana arriba las espuelas de bravura cuyo sable con pañuelos se remonta sobre el alma trazando la última cueca el beso es como el maqui maduro cuando han dormido las culebras en los macales deja la boca de las niñas teñidas de negro y el corazón como los pájaros a la hora preñada de las escopetas alma del pigüelo olorosa a aceitunas de mayo que son lo más íntimo que existe cielo de vaca con ojos obscuros de madres ese entusiasmo se parece a las papayas o a los renuevos de eucalipto y también a pajares incendiados barriga de manzano con nietos castaños jubilados y la patagua alimentada con guairabos duraznos anidados las higueras siriocaldeas sonando como grandes vientos tan cargadas de choroyes parlamentarios que devienen fiestas del dieciocho de septiembre y los toros besando la virginidad de las vaquillas nadie le conoce y anda adentro y afuera rodeándolo mirándolo buscándolo lo mismo pisándose la voluntad semejante a las ametralladoras que se suceden que se persiguen fuera del tiempo y a los matrimonios con muchos hijos a la fruta muy desnuda o muy profunda al agua cansada o al animal que asusta niños.


Escrito en 1927. Extraído de “Epopeya del fuego, antología” selección de Naín Nomez, editorial Universidad de Santiago, 1995.


Poeta Joven: Rodrigo Rojas Terán.



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En esta edición de semblanzas profundas, hemos procurado atender al llamado de la poesía y centrarnos en una promisoria y emergente figura de las letras locales y por que no decir, joven autor en vías de crecimiento, capaz de proyectarse a la cadena cultural del país.

Nacido en Arica en 1987, Rodrigo Rojas Terán, a su corta edad, se proyecta como un creador de oficio, su sensibilidad humanista y su amor por la lectura, lo han hecho un autodidacta especializado en la poética nacional, de preferencia, la línea de vanguardia, encabezada por La Mandrágora además de los herméticos pero bellos versos de Humberto Díaz Casanueva y Rosamel del Valle. La generación del 50, configurada por Teillier y Lihn, no escapan a su agudo ojo y la vertiente más experimental que coquetea con los códigos visuales y la performance deconstruccionista, también ha pasado por el filtro de su criterio, nutriéndolo como poeta.

Rodrigo, en una amena y distendida charla, me contó sobre sus primeros pasos, cursaba en ese entonces segundo medio, tendría alrededor de catorce o quince años y se aproximó de la mano de Neruda, encantado por el tópico del amor y la adolescente necesidad de expresarse, a lanzar unos primeros atisbos de lirismo. Casi como un juego, recuerda esos pasajes plagados de imágenes directas y lugares comunes. Con gran sencillez y apelando a lo más básico fue descubriendo el arte de crear mundos con el lenguaje, sin embargo, su inquietud era bullente y requería tan sólo una mano amiga, un sincero consejo o estimulo para crecer. En su búsqueda personal, hay dos hitos que el destacó y recuerda con cariño. El grupo Rapsodas encabezado por dos conocidos y destacados maestros y creadores de Arica, Don José Morales Salazar y Luís Araya Novoa, quienes lo acogieron como una segunda familia, ayudándolo a crecer y despuntar con confianza y disciplina. El segundo espacio, la biblioteca municipal. Como en un cuento Borgiano, este recinto del saber, se volvió el refugio e incubadora de su arte, allí pudo dialogar con voces y vidas imperecederas abriendo las puertas de la percepción como estipula el visionario ingles William Blake .

Gracias a esos dos caminos que confluyeron en un momento casi decisivo y podríamos decir crítico del desarrollo de una persona, pudo ir gestando una visión más amplia de la literatura y una vocación que lo lleva a afirmar tajante, que nuestro país tiene una deuda con sus creadores. Para él la poesía, sobre todo la nacional, que el deslinda en una edad de oro que va desde 1930 a 1970, significa la convergencia de hombres y mujeres que han podido captar con sus obras, mejor que nadie, la realidad existencial y profunda, de esta larga y delgada franja inmersa en un basto globo. Un paralelo mágico y fértil, que debe ser rescatado. Su frontera, simplemente la traza la negligencia y desidia, del que no quiere ver más allá de su intolerancia.

El arte no es para las elites, las puertas de la cultura y el arte, están abiertas para todo el que sincero quiere leer, aproximarse a la música y la pintura, señaló, para luego contarme que en el 2006, recordando sus comienzos, participó en las charlas poéticas entregadas a jóvenes en la D4. La idea era motivar a otros y transmitir la pasión por leer y escribir, ambas hacen de este mundo un lugar mejor, enriquecen nuestras vidas, recalcó.

Pensar de esta forma, sentir la poesía como una necesidad espiritual, le han dotado de una ética y estética personal, de manera que el mismo y su mundo, sea una construcción, un camino íntimo que va labrando a través del arte. El crecimiento no debe ser tan sólo intelectual o académico sino de preferencia, vital. Parafraseando a Jorge Teillier, entendemos que: “La poesía es la verdadera vida”, verdad que puede ser vivida en la tranquilidad de la aldea o en el bullicio de los bares, en la soledad de los bosques sureños o de los solitarios domingos urbanos 'mirando los últimos reflejos del sol en los vidrios'”.

A la fecha, paradojalmente, su vida se debate en dos faenas en apariencia contrapuestas, la sensible labor poética y la ruda vida del minero, empero, pese a su distancia imaginaria, ambos mundos se comunican por esa capacidad de captar y transformar la realidad. Su poética se ha nutrido de tales experiencias, de aquel mundo eriazo que en la camaradería provee de luz. Vida consagrada al cobre que el respeta pero en la cual no desea encasillarse, por ello se prepara para el ingreso a la universidad en el área de pedagogía y lenguaje, también vislumbra la participación en concursos, encuentros y recitales de poesía y ante todo a madurar su estilo en función de lo que él entiende como la prosecución de una poesía final, capaz de comunicar lo más preciado, la emoción.

La obra de Rojas Terán.

En la poética de Rodrigo Rojas Terán, el verso libre y lo que el ojo inexperto podría calificar de buenas a primeras como una metáfora hermética y cerrada, revela por el contrario y con gran nitidez, al hacerse uno participe activo del diálogo e interpretación, la calidad humana del poeta, su herida y convicción.

La palabra fluye como aliado para la construcción de una atmósfera que transita en lo más profundo del ser, el drama existencial de ser arrojado a la vida, al crecimiento a veces agreste y desolado de paisajes derruidos, inhóspitos, demasiado amplios y portentosos para una joven o infantil mente. Aunque en ese desamparo, en esa vastedad inconmensurable del silencio, se halla también el espejo limpio de la inocencia, recamado por la ternura y delicadeza del que aún no cuestiona y se limita a la sorpresa y fantasía de cada elemento a descubrir y atesorar. La memoria y el tiempo son incipientes retazos que dan forma a un tejido bello que es la persona misma, sus sueños y esperanzas.

Un camino que con el pasar de los años y ante el cantar de la experiencia se diluye, se retrae y se ve filtrado por la conciencia cínica, utilitaria y lógica del adulto. El puente hacia ese pasado, hacia ese recodo perdido y felicidad, es la poesía, mágico y onírico lenguaje, capaz de desafiar y subvertir el pensamiento. De manera que se va gestando al interior del hablante lírico, una nostalgia, un desdoblamiento, entre el autor, Rodrigo Rojas como ser empírico y real, y Rodrigo como caminante, forastero, extranjero eterno en el seguimiento de un yo más autentico, en lo posible, libre de la contaminación del hombre activo, carente de reflexión, asesino inconsciente de ese añorado primer yo, el niño.

En ese devenir, los paisajes arraigados confrontan al mundo moderno su ruido y la cisura que provoca y cómo eludir la muerte, esa precariedad intrínseca del hombre y posibilidad ineludible. Todos estos elementos se dan cita para universalizar esta poesía que condensa un fuerte apasionamiento, introspección y contacto con las múltiples dimensiones de lo humano, desde el solipsismo que se reconoce en desamparo a lo gregario que acoge o lastima aquella intimidad. Desde lo lárico que busca expresarse ante lo cosmopolita y urbano, que tantas veces potencia por oposición, la otredad de esta antípoda pero que tantas otras, la mayoría, la invade y destruye.

En definitiva, como lector y crítico vislumbro la obra de Rojas Terán como, una alternativa renovadora de la tradición, asentada en los lindes de lo que el mismo llamo la edad de oro de la poesía chilena, pero desde una perspectiva moderna. La del joven hombre del presente que con mayor prontitud y desmesura, ve profanada la inocencia personal y de su mundo. De manera que lo lírico se conjuga a lo lárico y el refugio y añoranza no involucra sólo el espacio material, un bosque, una estación de trenes, un hogar perdido en el desierto o la llanura, ese hogar es el poeta, ese que mira más allá de la palabra gracias a la palabra.

Autor: Daniel Rojas Pachas

ESCRITURA DEL TIEMPO

"Y ahora recordando mi antiguo ser, - los lugares que yo he habitado y que aún ostentan mis sagrados pensamientos, comprendo que el sentido, el ruego con que toda soledad extraña nos sorprende, no es mas que la evidencia que de la tristeza humana queda". Omar Cáceres (1904-1943)

¿Qué sucede o qué se implora en ese relámpago casi impreciso,
moribundo, donde otro ser eternamente oculto se derrama?

No consigo ser otro que yo mismo
en ese momento único del sueño,
pues veía un espejismo en transito que no alcanza a callarse
sin más que el volumen excesivo de mi sangre
en completa y profunda resonancia.
Existe algo tan personal como el sueño que se desea a voluntad,
un último rumor a instantes de que un sueño sea descifrado
a orillas del primer escalofrió que nos delata
y la habitual eternidad que no se sabe, pero que se comparte nuevamente.
¿Puede ser que para otro mundo pueda llevar lo que he soñado? *
Lo irreparable de esto, es que debo decirlo sin adornos,
sin configuración alguna a que el pasado y el presente
se nombren nuevamente, libre de dictar o comunicar
lo que nunca se debiera haber dicho,
pero que finalmente se conserva en mi interior
como un inevitable hueso en perpetua hondura.
¿Cuáles son las razones del paso del tiempo? Pues ello prevalecerá
a la luz del instinto, en que yo sea otro "insensiblemente llevado a ser otro, también." *
"Pero las frases que faltaron decir en ese momento, me surgen todas"*, pero me duele
sentirlas y recordarlas tan distantes, y distintas en ese momento único del sueño,
natural y verdadero:

* Versos tornados desde un poema de Fernando Pessoa .

Poema escrito Sabado 26 de enero 2008.- Arica. Rodrigo Rojas Terán.

Murmuros.



Duplicado sin interés,
el rechazo y goce,

rechina fulminado, cuanta tabla y vaso mide la opacidad del reloj.

En tronido y tropel,
el cuerpo del machete y la mujer,
hecha vulgar difamación,
arrancan un feroz pedido y temor mortal.
Murmuran códigos, crujen siluetas y
zumbando el abrazo, sigue la humorada hasta el fin…
Diminutos cristales de espumante voz, las fluidas,
dan gracia a tanto torpe dedo;
arriba, la danza restalla los tacos sobre viejas baldosas.
Bajo la falda,
confiados,
sensibles y humedecidos,
serenos soñamos la conjunción del sol.

Autor: Daniel Rojas Pachas.


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Juan Darien. Horacio Quiroga.



quiroga


Aquí se cuenta la historia de un tigre que se crió y educó entre los hombres, y que se llamaba Juan Darién. Asistió cuatro años a la escuela vestido de pantalón y camisa, y dio sus lecciones correctamente, aunque era un tigre de las selvas; pero esto se debe a que su figura era de hombre, conforme se narra en las siguientes líneas.

Una vez, a principio de otoño, la viruela visitó un pueblo de un país lejano y mató a muchas personas. Los hermanos perdieron a sus hermanitas, y las criaturas que comenzaban a caminar quedaron sin padre ni madre. Las madres perdieron a su vez a sus hijos, y una pobre mujer joven y viuda llevó ella misma a enterrar a su hijito, lo único que tenía en este mundo. Cuando volvió a su casa, se quedó sentada pensando en su chiquillo. Y murmuraba:

-Dios debía haber tenido más compasión de mí, y me ha llevado a mi hijo. En el cielo podrá haber ángeles, pero mi hijo no los conoce. Y a quien él conoce bien es a mí, ¡pobre hijo mío!

Y miraba a lo lejos, pues estaba sentada en el fondo de su casa, frente a un portoncito donde se veía la selva.

Ahora bien; en la selva había muchos animales feroces que rugían al caer la noche y al amanecer. Y la pobre mujer, que continuaba sentada, alcanzó a ver en la oscuridad una cosa chiquita y vacilante que entraba por la puerta, como un gatito que apenas tuviera fuerzas para caminar. La mujer se agachó y levantó en las manos un tigrecito de pocos días, pues aún tenía los ojos cerrados. Y cuando el mísero cachorro sintió el contacto de las manos, runruneó de contento, porque ya no estaba solo. La madre tuvo largo rato suspendido en el aire aquel pequeño enemigo de los hombres, a aquella fiera indefensa que tan fácil le hubiera sido exterminar. Pero quedó pensativa ante el desvalido cachorro que venía quién sabe de dónde y cuya madre con seguridad había muerto. Sin pensar bien en lo que hacía llevó al cachorrito a su seno y lo rodeó con sus grandes manos. Y el tigrecito, al sentir el calor del pecho, buscó postura cómoda, runruneó tranquilo y se durmió con la garganta adherida al seno maternal.

La mujer, pensativa siempre, entró en la casa. Y en el resto de la noche, al oír los gemidos de hambre del cachorrito, y al ver cómo buscaba su seno con los ojos cerrados, sintió en su corazón herido que, ante la suprema ley del Universo, una vida equivale a otra vida.

Y dio de mamar al tigrecito.

El cachorro estaba salvado, y la madre había hallado un inmenso consuelo. Tan grande su consuelo, que vio con terror el momento en que aquél le sería arrebatado, porque si se llegaba a saber en el pueblo que ella amamantaba a un ser salvaje, matarían con seguridad a la pequeña fiera. ¿Qué hacer? El cachorro, suave y cariñoso -pues jugaba con ella sobre su pecho- era ahora su propio hijo.

En estas circunstancias, un hombre que una noche de lluvia pasaba corriendo ante la casa de la mujer, oyó un gemido áspero -el ronco gemido de las fieras que, aún recién nacidas, sobresaltan al ser humano-. El hombre se detuvo bruscamente, y mientras buscaba a tientas el revólver, golpeó la puerta. La madre, que había oído los pasos, corrió loca de angustia a ocultar el tigrecito en el jardín. Pero su buena suerte quiso que al abrir la puerta del fondo se hallara ante una mansa, vieja y sabia serpiente que le cerraba el paso. La desgraciada mujer iba a gritar de terror, cuando la serpiente habló así:

-Nada temas, mujer -le dijo-. Tu corazón de madre te ha permitido salvar una vida del Universo, donde todas las vidas tienen el mismo valor. Pero los hombres no te comprenderán, y querrán matar a tu nuevo hijo. Nada temas, ve tranquila. Desde este momento tu hijo tiene forma humana; nunca lo reconocerán. Forma su corazón, enséñale a ser bueno como tú, y él no sabrá jamás que no es hombre. A menos... a menos que una madre de entre los hombres lo acuse; a menos que una madre no le exija que devuelva con su sangre lo que tú has dado por él, tu hijo será siempre digno de tí. Ve tranquila, madre, y apresúrate, que el hombre va a echar la puerta abajo.

Y la madre creyó a la serpiente, porque en todas las religiones de los hombres la serpiente conoce el misterio de las vidas que pueblan los mundos. Fue, pues, corriendo a abrir la puerta, y el hombre, furioso, entró con el revólver en la mano y buscó por todas partes sin hallar nada. Cuando salió, la mujer abrió, temblando, el rebozo bajo el cual ocultaba al tigrecito sobre su seno, y en su lugar vio a un niño que dormía tranquilo. Traspasada de dicha, lloró largo rato en silencio sobre su salvaje hijo hecho hombre; lágrimas de gratitud que doce años más tarde ese mismo hijo debía pagar con sangre sobre su tumba.

Pasó el tiempo. El nuevo niño necesitaba un nombre: se le puso Juan Darién. Necesitaba alimentos, ropa, calzado: se le dotó de todo, para lo cual la madre trabajaba día y noche. Ella era aún muy joven, y podría haberse vuelto a casar, si hubiera querido; pero le bastaba el amor entrañable de su hijo, amor que ella devolvía con todo su corazón.

Juan Darién era, efectivamente, digno de ser querido: noble, bueno y generoso como nadie. Por su madre, en particular, tenía una veneración profunda. No mentía jamás. ¿Acaso por ser un ser salvaje en el fondo de su naturaleza? Es posible; pues no se sabe aún qué influencia puede tener en un animal recién nacido la pureza de un alma bebida con la leche en el seno de una santa mujer.

Tal era Juan Darién. E iba a la escuela con los chicos de su edad, los que se burlaban a menudo de él, a causa de su pelo áspero y su timidez. Juan Darién no era muy inteligente; pero compensaba esto con su gran amor al estudio.

Así las cosas, cuando la criatura iba a cumplir diez años, su madre murió. Juan Darién sufrió lo que no es decible, hasta que el tiempo apaciguó su pena. Pero fue en adelante un muchacho triste, que sólo deseaba instruirse.

Algo debemos confesar ahora: a Juan Darién no se le amaba en el pueblo. La gente de los pueblos encerrados en la selva no gustan de los muchachos demasiado generosos y que estudian con toda el alma. Era, además, el primer alumno de la escuela. Y este conjunto precipitó el desenlace con un acontecimiento que dio razón a la profecía de la serpiente.

Aprontábase el pueblo a celebrar una gran fiesta, y de la ciudad distante habían mandado fuegos artificiales. En la escuela se dio un repaso general a los chicos, pues un inspector debía venir a observar las clases. Cuando el inspector llegó, el maestro hizo dar la lección al primero de todos: a Juan Darién. Juan Darién era el alumno más aventajado; pero con la emoción del caso, tartamudeó y la lengua se le trabó con un sonido extraño. El inspector observó al alumno un largo rato, y habló en seguida en voz baja con el maestro.

-¿Quién es ese muchacho? -le preguntó-. ¿De dónde ha salido?

-Se llama Juan Darién -respondió el maestro- y lo crió una mujer que ya ha muerto; pero nadie sabe de dónde ha venido.

-Es extraño, muy extraño... -murmuró el inspector, observando el pelo áspero y el reflejo verdoso que tenían los ojos de Juan Darién cuando estaba en la sombra.

El inspector sabía que en el mundo hay cosas mucho más extrañas que las que nadie puede inventar, y sabía al mismo tiempo que con preguntas a Juan Darién nunca podría averiguar si el alumno había sido antes lo que él temía: esto es, un animal salvaje. Pero así como hay hombres que en estados especiales recuerdan cosas que les han pasado a sus abuelos, así era también posible que, bajo una sugestión hipnótica, Juan Darién recordara su vida de bestia salvaje. Y los chicos que lean esto y no sepan de qué se habla, pueden preguntarlo a las personas grandes.

Por lo cual el inspector subió a la tarima y habló así:

-Bien, niño. Deseo ahora que uno de ustedes nos describa la selva. Ustedes se han criado casi en ella y la conocen bien. ¿Cómo es la selva? ¿Qué pasa en ella? Esto es lo que quiero saber. Vamos a ver, tú -añadió dirigiéndose a un alumno cualquiera-. Sube a la tarima y cuéntanos lo que hayas visto.

El chico subió, y aunque estaba asustado, habló un rato. Dijo que en el bosque hay árboles gigantes, enredaderas y florecillas. Cuando concluyó, pasó otro chico a la tarima, después otro. Y aunque todos conocían bien la selva, respondieron lo mismo, porque los chicos y muchos hombres no cuentan lo que ven, sino lo que han leído sobre lo mismo que acaban de ver. Y al fin el inspector dijo:

-Ahora le toca al alumno Juan Darién.

Juan Darién subió a la tarima, se sentó y dijo más o menos lo que los otros. Pero el inspector, poniéndole la mano sobre el hombro, exclamó:

-No, no. Quiero que tú recuerdes bien lo que has visto. Cierra los ojos.

Juan Darién cerró los ojos.

-Bien -prosiguió el inspector-. Dime lo que ves en la selva.

Juan Darién, siempre con los ojos cerrados, demoró un instante en contestar.

-No veo nada -dijo al fin.

-Pronto vas a ver. Figurémonos que son las tres de la mañana, poco antes del amanecer. Hemos concluido de comer, por ejemplo... estamos en la selva, en la oscuridad... Delante de nosotros hay un arroyo... ¿Qué ves?

Juan Darién pasó otro momento en silencio. Y en la clase y en el bosque próximo había también un gran silencio. De pronto Juan Darién se estremeció, y con voz lenta, como si soñara, dijo:

-Veo las piedras que pasan y las ramas que se doblan. .. Y el suelo. .. Y veo las hojas secas que se quedan aplastadas sobre las piedras...

-¡Un momento! -le interrumpió el inspector-. Las piedras y las hojas que pasan: ¿a qué altura las ves?

El inspector preguntaba esto porque si Juan Darién estaba "viendo" efectivamente lo que él hacía en la selva cuando era animal salvaje e iba a beber después de haber comido, vería también que las piedras que encuentra un tigre o una pantera que se acercan muy agachados al río pasan a la altura de los ojos. Y repitió:

-¿A qué altura ves las piedras?

Y Juan Darién, siempre con los ojos cerrados, respondió:

-Pasan sobre el suelo. . . Rozan las orejas. . . Y las hojas sueltas se mueven con el aliento... Y siento la humedad del barro en...

La voz de Juan Darién se cortó.

-¿En dónde? -preguntó con voz firme el inspector- ¿Dónde sientes la humedad del agua?

-¡En los bigotes!-dijo con voz ronca Juan Darién, abriendo los ojos espantado.

Comenzaba el crepúsculo, y por la ventana se veía cerca la selva ya lóbrega. Los alumnos no comprendieron lo terrible de aquella evocación; pero tampoco se rieron de esos extraordinarios bigotes de Juan Darién, que no tenía bigote alguno. Y no se rieron, porque el rostro de la criatura estaba pálido y ansioso.

La clase había concluido. El inspector no era un mal hombre; pero, como todos los hombres que viven muy cerca de la selva, odiaba ciegamente a los tigres; por lo cual dijo en voz baja al maestro:

-Es preciso matar a Juan Darién. Es una fiera del bosque, posiblemente un tigre. Debemos matarlo, porque si no, él, tarde o temprano, nos matará a todos. Hasta ahora su maldad de fiera no ha despertado; pero explotará un día u otro, y entonces nos devorará a todos, puesto que le permitimos vivir con nosotros. Debemos, pues, matarlo. La dificultad está en que no podemos hacerlo mientras tenga forma humana, porque no podremos probar ante todos que es un tigre. Parece un hombre, y con los hombres hay que proceder con cuidado. Yo sé que en la ciudad hay un domador de fieras. Llamémoslo, y él hallará modo de que Juan Darién vuelva a su cuerpo de tigre. Y aunque no pueda convertirlo en tigre, las gentes nos creerán y podremos echarlo a la selva. Llamemos en seguida al domador, antes que Juan Darién se escape.

Pero Juan Darién pensaba en todo, menos en escaparse, porque no se daba cuenta de nada. ¿Cómo podía creer que él no era hombre, cuando jamás había sentido otra cosa que amor a todos, y ni siquiera tenía odio a los animales dañinos?

Mas las voces fueron corriendo de boca en boca, y Juan Darién comenzó a sufrir sus efectos. No le respondían una palabra, se apartaban vivamente a su paso, y lo seguían desde lejos de noche.

-¿Qué tendré? ¿Por qué son así conmigo? -se preguntaba Juan Darién.

Y ya no solamente huían de él, sino que los muchachos le gritaban:

-¡Fuera de aquí! ¡Vuélvete donde has venido! ¡Fuera!

Los grandes también, las personas mayores, no estaban menos enfurecidas que los muchachos. Quién sabe qué llega a pasar si la misma tarde de la fiesta no hubiera llegado por fin el ansiado domador de fieras. Juan Darién estaba en su casa preparándose la pobre sopa que tomaba, cuando oyó la gritería de las gentes que avanzaban precipitadas hacia su casa. Apenas tuvo tiempo de salir a ver qué era: Se apoderaron de él, arrastrándolo hasta la casa del domador.

-¡Aquí está! -gritaban, sacudiéndolo- ¡Es éste! ¡Es un tigre! ¡No queremos saber nada con tigres! ¡Quítele su figura de hombre y lo mataremos!

Y los muchachos, sus condiscípulos a quienes más quería, y las mismas personas viejas, gritaban:

-¡Es un tigre! ¡Juan Darién nos va a devorar! ¡Muera Juan Darién!

Juan Darién protestaba y lloraba porque los golpes llovían sobre él, y era una criatura de doce años. Pero en ese momento la gente se apartó, y el domador, con grandes botas de charol, levita roja y un látigo en la mano, surgió ante Juan Darién. E1 domador lo miró fijamente, y apretó con fuerza el puño del látigo.

-¡Ah! -exclamó-. ¡Te reconozco bien! ¡A todos puedes engañar, menos a mí! ¡Te estoy viendo, hijo de tigres! ¡Bajo tu camisa estoy viendo las rayas del tigre! ¡Fuera la camisa, y traigan los perros cazadores! ¡Veremos ahora si los perros te reconocen como hombre o como tigre!

En un segundo arrancaron toda la ropa a Juan Darién y lo arrojaron dentro de la jaula para fieras.

-¡Suelten los perros, pronto! -gritó el domador-. ¡Y encomiéndate a los dioses de tu selva, Juan Darién!

Y cuatro feroces perros cazadores de tigres fueron lanzados dentro de la jaula.

El domador hizo esto porque los perros reconocen siempre el olor del tigre; y en cuanto olfatearan a Juan Darién sin ropa, lo harían pedazos, pues podrían ver con sus ojos de perros cazadores las rayas de tigre ocultas bajo la piel de hombre.

Pero los perros no vieron otra cosa en Juan Darién que el muchacho bueno que quería hasta a los mismos animales dañinos. Y movían apacibles la cola al olerlo

-¡Devóralo! ¡Es un tigre! ¡Toca! ¡Toca! -gritaban a los perros-. Y los perros ladraban y saltaban enloquecidos por la jaula, sin saber a qué atacar.

La prueba no había dado resultado.

-¡Muy bien! -exclamó entonces el domador-. Estos son perros bastardos, de casta de tigre. No le reconocen. Pero yo te reconozco, Juan Darién, y ahora nos vamos a ver nosotros.

Y así diciendo entró él en la jaula y levantó el látigo.

-¡Tigre! -gritó-. ¡Estás ante un hombre, y tú eres un tigre! ¡Allí estoy viendo, bajo tu piel robada de hombre, las rayas de tigre! ¡Muestra las rayas!

Y cruzó el cuerpo de Juan Darién de un feroz latigazo. La pobre criatura desnuda lanzó un alarido de dolor, mientras las gentes, enfurecidas, repetían.

-¡Muestra las rayas de tigre!

Durante un rato prosiguió el atroz suplicio; y no deseo que los niños que me oyen vean martirizar de este modo a ser alguno.

-¡Por favor! ¡Me muero! -clamaba Juan Darién.

-¡Muestra las rayas! -le respondían.

Por fin el suplicio concluyó. En el fondo de la jaula, arrinconado, aniquilado en un rincón, sólo quedaba su cuerpecito sangriento de niño, que había sido Juan Darién. Vivía aún, y aún podía caminar cuando se le sacó de allí; pero lleno de tales sufrimientos como nadie los sentirá nunca.

Lo sacaron de la jaula, y empujándolo por el medio de la calle, lo echaban del pueblo. Iba cayéndose a cada momento, y detrás de él iban los muchachos, las mujeres y los hombres maduros, empujándolo.

-¡Fuera de aquí, Juan Darién! ¡Vuélvete a la selva, hijo de tigre y corazón de tigre! ¡Fuera, Juan Darién!

Y los que estaban lejos y no podían pegarle, le tiraban piedras.

Juan Darién cayó del todo, por fin, tendiendo en busca de apoyo sus pobres manos de niño. Y su cruel destino quiso que una mujer, que estaba parada a la puerta de su casa sosteniendo en los brazos a una inocente criatura, interpretara mal ese ademán de súplica.

-¡Me ha querido robar a mi hijo! -gritó la mujer-. ¡Ha tendido las manos para matarlo! ¡Es un tigre! ¡Matémosle en seguida, antes que él mate a nuestros hijos!

Así dijo la mujer. Y de este modo se cumplía la profecía de la serpiente: Juan Darién moriría cuando una madre de los hombres le exigiera la vida y el corazón de hombre que otra madre le había dado con su pecho.

No era necesaria otra acusación para decidir a las gentes enfurecidas. Y veinte brazos con piedras en la mano se levantaban ya para aplastar a Juan Darién cuando el domador ordenó desde atrás con voz ronca:

-¡Marquémoslo con rayas de fuego! ¡Quemémoslo en los fuegos artificiales!

Ya comenzaba a oscurecer, y cuando llegaron a la plaza era noche cerrada. En la plaza habían levantado un castillo de fuegos de artificio, con ruedas, coronas y luces de bengala. Ataron en lo alto del centro a Juan Darién, y prendieron la mecha desde un extremo. El hilo de fuego corrió velozmente subiendo y bajando, y encendió el castillo entero. Y entre las estrellas fijas y las ruedas gigantes de todos colores, se vio allá arriba a Juan Darién sacrificado.

-¡Es tu último día de hombre, Juan Darién! -clamaban todos-. ¡Muestra las rayas!

-¡Perdón, perdón! -gritaba la criatura, retorciéndose entre las chispas y las nubes de humo. Las ruedas amarillas, rojas y verdes giraban vertiginosamente, unas a la derecha y otras a la izquierda. Los chorros de fuego tangente trazaban grandes circunferencias; y en el medio, quemado por los regueros de chispas que le cruzaban el cuerpo, se retorcía Juan Darién.

-¡Muestra las rayas! -rugían aún de abajo.

-¡No, perdón! ¡Yo soy hombre! -tuvo aún tiempo de clamar la infeliz criatura. Y tras un nuevo surco de fuego, se pudo ver que su cuerpo se sacudía convulsivamente; que sus gemidos adquirían un timbre profundo y ronco; y que su cuerpo cambiaba poco a poco de forma. Y la muchedumbre, con un grito salvaje de triunfo, pudo ver surgir por fin, bajo la piel del hombre, las rayas negras, paralelas y fatales del tigre.

La atroz obra de crueldad se había cumplido; habían conseguido lo que querían. En vez de la criatura inocente de toda culpa, allá arriba no había sino un cuerpo de tigre que agonizaba rugiendo.

Las luces de bengala se iban también apagando. Un último chorro de chispas con que moría una rueda alcanzó la soga atada a las muñecas (no: a las patas del tigre, pues Juan Darién había concluido), y el cuerpo cayó pesadamente al suelo. Las gentes lo arrastraron hasta la linde del bosque, abandonándolo allí para que los chacales devoraran su cadáver y su corazón de fiera.

Pero el tigre no había muerto. Con la frescura nocturna volvió en sí, y arrastrándose presa de horribles tormentos se internó en la selva. Durante un mes entero no abandonó su guarida en lo más tupido del bosque, esperando con sombría paciencia de fiera que sus heridas curaran. Todas cicatrizaron por fin, menos una, una profunda quemadura en el costado, que no cerraba, y que el tigre vendó con grandes hojas.

Porque había conservado de su forma recién perdida tres cosas: el recuerdo vivo del pasado, la habilidad de sus manos, que manejaba como un hombre, y el lenguaje. Pero en el resto, absolutamente en todo, era una fiera, que no se distinguía en lo más mínimo de los otros tigres.

Cuando se sintió por fin curado, pasó la voz a los demás tigres de la selva para que esa misma noche se reunieran delante del gran cañaveral que lindaba con los cultivos. Y al entrar la noche se encaminó silenciosamente al pueblo. Trepó a un árbol de los alrededores y esperó largo tiempo inmóvil. Vio pasar bajo él sin inquietarse a mirar siquiera, pobres mujeres y labradores fatigados, de aspecto miserable; hasta que al fin vio avanzar por el camino a un hombre de grandes botas y levita roja.

El tigre no movió una sola ramita al recogerse para saltar. Saltó sobre el domador; de una manotada lo derribó desmayado, y cogiéndolo entre los dientes por la cintura, lo llevó sin hacerle daño hasta el juncal.

Allí, al pie de las inmensas cañas que se alzaban invisibles, estaban los tigres de la selva moviéndose en la oscuridad, y sus ojos brillaban como luces que van de un lado para otro. El hombre proseguía desmayado. El tigre dijo entonces:

-Hermanos: Yo viví doce años entre los hombres, como un hombre mismo. Y yo soy un tigre. Tal vez pueda con mi proceder borrar más tarde esta mancha. Hermanos: esta noche rompo el último lazo que me liga al pasado.

Y después de hablar así, recogió en la boca al hombre, que proseguía desmayado, y trepó con él a lo más alto del cañaveral, donde lo dejó atado entre dos bambúes. Luego prendió fuego a las hojas secas del suelo, y pronto una llamarada crujiente ascendió. Los tigres retrocedían espantados ante el fuego. Pero el tigre les dijo: "¡Paz, hermanos!", y aquéllos se apaciguaron, sentándose de vientre con las patas cruzadas a mirar.

El juncal ardía como un inmenso castillo de artificio. Las cañas estallaban como bombas, y sus gases se cruzaban en agudas flechas de color. Las llamaradas ascendían en bruscas y sordas bocanadas, dejando bajo ella lívidos huecos; y en la cúspide, donde aún no llegaba el fuego, las cañas se balanceaban crispadas por el calor.

Pero el hombre, tocado por las llamas, había vuelto en sí. Vio allá abajo a los tigres con los ojos cárdenos alzados a él, y lo comprendió todo.

-¡Perdón, perdóname! -aulló retorciéndose-. ¡Pido perdón por todo!

Nadie contestó. El hombre se sintió entonces abandonado de Dios, y gritó con toda su alma:

-¡Perdón, Juan Darién!

Al oír esto, Juan Darién alzó la cabeza y dijo fríamente:

-Aquí no hay nadie que se llame Juan Darién. No conozco a Juan Darién. Éste es un nombre de hombre, y aquí somos todos tigres.

Y volviéndose a sus compañeros, como si no comprendiera, preguntó:

-¿Alguno de ustedes se llama Juan Darién?

Pero ya las llamas habían abrasado el castillo hasta el cielo. Y entre las agudas luces de bengala que entrecruzaban la pared ardiente, se pudo ver allá arriba un cuerpo negro que se quemaba humeando.

-Ya estoy pronto, hermanos-dijo el tigre-. Pero aún me queda algo por hacer.

Y se encaminó de nuevo al pueblo, seguido por los tigres sin que él lo notara. Se detuvo ante un pobre y triste jardín, saltó la pared, y pasando al costado de muchas cruces y lápidas, fue a detenerse ante un pedazo de tierra sin ningún adorno, donde estaba enterrada la mujer a quien había llamado madre ocho años. Se arrodilló -se arrodilló como un hombre-, y durante un rato no se oyó nada.

-¡Madre! -murmuró por fin el tigre con profunda ternura-. Tú sola supiste, entre todos los hombres, los sagrados derechos a la vida de todos los seres del Universo. Tú sola comprendiste que el hombre y el tigre se diferencian únicamente por el corazón. Y tú me enseñaste a amar, a comprender, a perdonar. ¡Madre!, estoy seguro de que me oyes. Soy tu hijo siempre, a pesar de lo que pase en adelante pero de ti sólo. ¡Adiós, madre mía!

Y viendo al incorporarse los ojos cárdenos de sus hermanos que lo observaban tras la tapia, se unió otra vez a ellos.

El viento cálido les trajo en ese momento, desde el fondo de la noche, el estampido de un tiro.

-Es en la selva -dijo el tigre-. Son los hombres. Están cazando, matando, degollando.

Volviéndose entonces hacia el pueblo que iluminaba el reflejo de la selva encendida, exclamó:

-¡Raza sin redención! ¡Ahora me toca a mí!

Y retornando a la tumba en que acaba de orar, arrancóse de un manotón la venda de la herida y escribió en la cruz con su propia sangre, en grandes caracteres, debajo del nombre de su madre:

Y
JUAN DARIÉN

-Ya estamos en paz -dijo. Y enviando con sus hermanos un rugido de desafío al pueblo aterrado, concluyó:

-Ahora, a la selva. ¡Y tigre para siempre!


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Pink Floyd (time-dark side of the moon)








Ticking away the moments that make up a dull day
You fritter and waste the hours in an off hand way
Kicking around on a piece of ground in your home town
Waiting for someone or something to show you the way

Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain
You are young and life is long and there is time to kill today
And then one day you find ten years have got behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun

And you run and you run to catch up with the sun, but its sinking
And racing around to come up behind you again
The sun is the same in the relative way, but youre older
Shorter of breath and one day closer to death

Every year is getting shorter, never seem to find the time
Plans that either come to naught or half a page of scribbled lines
Hanging on in quiet desperation is the english way
The time is gone, the song is over, thought Id something more to say

Home, home again
I like to be here when I can
And when I come home cold and tired
Its good to warm my bones beside the fire
Far away across the field
The tolling of the iron bell
Calls the faithful to their knees
To hear the softly spoken magic spells.



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Cámara de Tortura -Lihn



lihn



Su ayuda es mi sueldo
Su sueldo es la cuadratura de mí círculo,
que saco con los dedos para mantener su agilidad
Su calculadora es mi mano a la que le falta un dedo con el que me prevengo de los errores de cálculo
Su limosna es el capital con que me pongo cuando se la pido

Su aparición en el Paseo Ahumada es mi estreno en sociedad
Su sociedad es secreta en lo que toca a mi tribu
Su seguridad personal es mi falta de decisión
Su pañuelo en el bolsillo es mi bandera blanca
Su corbata es mi nudo gordiano
Su terno de Falabella es mi telón de fondo
Su zapato derecho es mi zapato izquierdo doce años después
La línea de su pantalón es el límite que yo no podría franquear aunque me disfrazara de usted después de empelotarlo a la fuerza
Su ascensión por la escalinata del Banco de Chile es mi sueño de Jacob por el que baja un án gel rubio y de alas pintadas a pagar, cuerpo a cuerpo, todas mis deudas
Su chequera es mi saco de papeles cuando me pego una volada
Su firma es mi entretención de analfabeto
Su dos más dos son cuatro es mi dos menos dos
Su ir y venir es mi laberinto en que yo rumiante me pierdo perseguido por una mosca
Su oficina es el entretelón en que se puede condenar a muerte mi nombre y su traspaso a otro cadáver que lo lleve en un país amigo
Su consultorio es mi cámara de tortura
Su cámara de tortura es el único hotel en que puedo ser recibido a cualquier hora sin previo aviso de su parte
Su orden es mi canto
Su lapicera eléctrica es lo que hace de mí un autor copioso un maldito iluminado o el cojonudo que muere pollo, según quien sea yo en ese momento
Su mala leche es mi sangre
Su patada en el culo es mi ascensión a los cielos que son lo que son y no lo que Dios quiere
Su tranquilidad es mi muerte por la espalda
S u libertad es mi perpétua
Su paz es la mía siempre y cuando yo goce de ella eternamente y usted de por vida
S u vida real es el fin de mi imaginación cuando me pego una volada
Su mujer es en tal caso mi gatita despanzurrada
Su mondadientes es ahora mi tenedor
Su tenedor es mi cuchara
Su cuchillo es mi tentación de degollarlo cuando me mamo un cogollo
Su policial es el guardián de mi impropiedad
Su ovejero es mi degollador a la puerta de su casa como si yo no fuera una maldita oveja extraviada
Su metralleta es mi novia con la que tiro en sueños
Su casco es el molde en el que vaciaron la cabeza de mi hijo cuando nazca
Su retreta es mi marcha nupcial
Su basural es mi panteón mientras no se lleven los cadáveres.


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Nana Gutiérrez Bonelli


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A Nana Gutiérrez Bonelli, este nana-artículo que busca rescatar de los anaqueles la imagen y genio de una destacada mujer, valiente poeta, irreverente e irónica, locuaz y profunda. Rupturista, orgullo de Arica y las letras nacionales.

Nana, anti-poeta de Arica contribuyó arduamente a la cultura de nuestra ciudad, motivó a otros artistas, participó en congresos logrando reconocimiento internacional, publicó junto a destacados escritores de Latinoamérica y el mundo y logró que su obra fuese traducida y publicada en más de seis idiomas.

Tenia un particular concepto de si misma y se mostraba frente a sus pares creadores, tal como lo señala en su trabajo “medida de la soledad” lo cual reafirma Andrés Sabella en el prologo que hiciera al poemario de la escritora, titulado “Manos Arriba”: alta y larga como un árbol con ansias de llenarse de relámpagos, un metro setenta para medir la soledad, delgadísima con lectura y cultura. El fragor de Nana, sus ideas de humor negro e imágenes nuevas, foráneas a lo que se tendía a considerar como el catálogo poético, rompió con cuanto molesto punto común y frase hecha se topó en su camino, y en el fluir de su desacramentalizado lirismo, no dejó poetisa con cabeza.

En el concepto de Nana, a veces duro pero no por ello menos justo, había que dar crédito y descrédito a quien se lo merecía, y en ese devenir, resulta justo hacer la distinción entre mujer poeta y poetisa, siendo esta última una parodia light de la primera, una impostura o figura a la moda que podía pasar desde la gruppy a go go de los premios nacionales de literatura a la niñita bien, discutiendo de arte en un salón de té. De tal manera que el problema del género, el rol atribuido a la mujer por una sociedad falocéntrica y el complejo ambiente literario no menos condicionado por esa lógica que va del machismo a la misoginia, fue otro punto de lucha en que Nana demostró junto a otras poetas como Rosario Orrego de Uribe, María Monvel, Gabriela Mistral, Olga Acevedo, Alicia Galaz Vivar y Aída Moreno Lagos, entre otras destacadas; que el poder creativo y literario, no es patrimonio exclusivo otorgado por la diferencia de un cromosoma.

Actitud trágica y desafiante, sonrisa esplendida, plena de soledad y reflexión ante la comedia humana, condición que sus compañeros en los avatares del lirismo y la prosa debieron reconocer, Lafourcade la incluyó en su polémica y dispar antología del nuevo cuento chileno, lo cual la ubica en la generación de 1950 junto a autores de inmensa trayectoria como José Donoso, Jorge Edwards y Guillermo Blanco entre otros. También formó parte de la Antología de la Poesía nortina de Mario Bahamondes, fechada en 1966

Por otra parte, Coloane, nuestro Jack London dijo -ha nacido el nana-poema, una autora disparando contra los prejuicios y Nicanor Parra, el consagrado maestro de los artefactos dramáticos, en su afán deconstruccionista, le regaló el título de su obra que vió la luz en 1968. En esta, Nana despliega con intenciones catárticas, el cinismo de Diógenes y la contratextualidad bulle con anhelo de bajar de las mechas a los poetas del Partenón. No se extraña en cada una de las páginas en que sus nana-poemas revientan al mundo, la sátira amarga a la elegía, al rito pulcro de la confesión, a la loa gratuita y homilía fúnebre. Asistimos al fin de los discursos oficiales, el descreimiento ante la comunicación esteriotipada, los tropos añejos y esos grandes ídolos de barro. Como señalara Sabella con acierto, Cruel ante aquellos que sin verdad vital, intentan verdad poética.

Sobre la obra de Nana

Nana, cuenta entre sus títulos, Calendario, obra que realizó junto al peruano Winston Orrillo, Correspondencia que también la llevo a trabajar en diada, en este caso, con Marco Denevi, novelista argentino, no hay que olvidar funeral del poeta, donde colaboró con Selden Rodman, historiador y traductor al ingles de Neruda y Borges. Finalmente su poemario más conocido, Manos Arriba, es el que nos ocupa en esta ocasión.

En Manos arriba, desde un principio, Nana nos provee de una visión intimista que nos empuja de bruces a la melancolía, pérdida y arrebato. En medida de la soledad, el hablante lírico se confunde con la poeta y su perspectiva del dolor. La dosis exacta del abandono y quien busque una respuesta de quién fue o estuvo tras las palabras, hallará en esos pasajes, los más privado del ser, su desamparo. A manera de autoconfesión, el poema inaugural de la obra, ahonda en un intuitivismo precioso y de gran calidad humana, allí subyace el afán de comunicarse con uno mismo y con un memorable anticlímax que apacigua toda expectación del lector, un tímido “amen” nos remite al requiescat in peace del solipsismo.

Viudo melancólico, otro poema de los veintidós que componen esta producción, nos pone de cabeza ante la alteridad y la añoranza, como Bolaño decía al referirse a su poeta predilecto Nicanor Parra, en él hay mucho tumba, mucho cementerio y luego más tumba, en Nana también percibimos esa oscuridad, pero no en un sentido moral o gravado por una visión maniqueísta del mundo y sus relaciones, sino como lo más normal, lo propio ante nuestra precaria condición. Es una medida de soledad pero del otro, la necesidad de ese cuerpo, ese aliento que desnuda un abismo de costumbre y paridad, ante quien fuese compañero del alma. Este viudo melancólico, posee imágenes sugerentes que revelan lo infantil del miedo y la ternura del dolor en pasajes como:

A veces se ríe y se tapa la boca. Le avergüenza que descubran que en los dientes lleva el nombre de la muerta o En la frente, lleva un letrero que dice: "—ayúdeme! Tengo miedo a la oscuridad"—

Los Nana-Poemas por su parte, forman en "Manos Arriba" una trinidad del absurdo, parecen casi pequeños diálogos de Ionesco y cada uno, curiosamente apunta a satirizar un punto común del arte y el circuito de la comunicación, en Nanapoema lunar, el blanco es el mensaje poético, la forma en que a lo largo del tiempo se ha construido estéticamente la lírica, la inspiración y los elementos que son materia prima y loa