Octubre, 2007

Señorial.


señorial, emplumado

hombres de barro

beben su carne

y nutren la mirada solar

el vuelo de cabezas verdes, coloradas, extienden palúdicas alas

desde el bosque oculto

y el sueño racional...

un canto amatorio irrumpe las ramas

por las hojas, caminos erosionados en el músculo troncoso.

Útero universal.

Pequeñas reinas y vasallos abren paso, disfrutan su gesta

amparados
recubiertos

en la marcha de sus fuertes, diminutas patas

llevan la carga augusta

protegen su muro colosal, lejos del minúsculo

barullo cósmico

pies oscuros, hermosas extremidades

corren y saltan

en torno

al rey central,

llamarada generosa

dadiva

quimera del gran ojo

ardiente.

Autor: Daniel Rojas P.

La extraña mente de Fernando Arrabal. (Pateando Paraisos)




Excentrico escritor español, componente visceral del movimiento PANICO, cuyo mayor expositor es el chileno Alejandro Jodorowski. Arrabal se destaca por sus trabajos en dramaturgia, cine, ensayo y novelistica. Cultiva un estilo irreverente, contestario, brutal, descarnado y ante todo una estetica irrisoria de gran imaginación.
No esta exento de polémica, sobre todo por el episodio que protagonizó en un programa televisivo español (tertulia televisiva de Fernando Sánchez Drago) al cual asisitio ebrio.

A continuación, un fragmento de su trabajo Pateando Paraisos y el infame video del mileniarismo.







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En la Cruz del Cura hay una banda de

superquinquis dispuestos a quitarle el pellejo a su

madre y mearle en la raja en el funeral. Los propios

quinquis y la poli aparcan a distancia de sus leoneras.

Pero venden el caballo mejor de Madrid. No se

necesita ni limón para disolverlo. Solía ir con un cabo

de la guardia civil de paisano. Nos poníamos el pico

en la mismísima chabola. Sólo llevábamos lo puesto.

Cuando al cabo se le subía el ajume a la cabeza, se

volvía gimoteón y chupanabos. ¡Qué Cristo organizaba

gritando “soy una sarasa de la serie D, un puto

tomante, un pajillero de la Benemérita”!

He comprado caballo en la plaza del Dos de

Mayo, en las casas prefabricadas de San Blas, en el

Pozo del Tío Raimundo, en las chabolas de Entrevías,

en la calle Ballesta, en la Gran Vía, en el VIP, en Las

Ventas, en Chueca, en madera, en Tudescos, en La

Cruz del Cura... Cada esquina de Madrid ha sido etapa

de mi vía crucis. Me ha visto babear, llorar,

descojonarme por medio gramo de mierda para la

charamusca.

El Canas me contó que un rey quería gozar de

todo. Y tener la potra de poder cambiar en oro lo que

tocaba. Pero se moría de hambre rodeado de panes y

frutas de oro. Entre atropellos y vacío Solo he

conocido el oro churretoso de mi puta vida de yonqui.

Escribiéndote estas cartas toco tierra. Quiero que

sepas cómo probé por vez primera el caballo. O sea, la

heroína.

Estaba yo entonces con la boca amarga y el

corazón superderrotado. El tiempo lo veía pasar como

una nada salpicada de angustias acojonantes. Casi

peores que las que me entran aquí en la cárcel de tanto

follar. De espatarrarme con bufos y calaveras.




 


The Parade Ends




" Paseos por las calles que revientan,
pues las cañerías ya no dan más
por entre edificios que hay que esquivar,
pues se nos vienen encima,
por entre hoscos rostros que nos escrutan y sentencian,
por entre establecimientos cerrados,
mercados cerrados,
cines cerrados,
parques cerrados,
cafeterías cerradas.
Exhibiendo a veces carteles (justificaciones) ya polvorientos,
CERRADO POR REFORMAS,
CERRADO POR REPARACIÓN.
¿Qué tipo de reparación?
¿Cuándo termina dicha reparación, dicha reforma?
¿Cuándo, por lo menos,
empezará?
Cerrado...cerrado...cerrado...
todo cerrado...
Llego, abro los innumerables candados, subo corriendo la improvisada escalera.
Ahí está, ella, aguardándome.
La descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y frías dimensiones.
Le quito el polvo y vuelvo a pasarle la mano.
Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados.
Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella,
paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en marcha.
El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido
ahora, a toda velocidad.
Paredes, árboles, calles,
catedrales, rostros y playas,
celdas, mini celdas,
grandes celdas,
noche estrellada, pies
desnudos, pinares, nubes,
centenares, miles,
un millón de cotorras
taburetes y una enredadera.
Todo acude, todo llega, todos vienen.
Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas,
flotas, flotas arrancado, arrastrado,
elevado,
llevado, transportado, eternizado,
salvado, en aras, y,
por esa minúscula y constante cadencia,
por esa música,
por ese ta ta incesante. "


Autor: Reinaldo Arenas.









Buenas Noches.




Buenas noches
encorvadas en pergaminos
desastrosos y manos polvorientas,
Migran desde la pesada
cresta rota
la amarga ola y el sonido
frígido del
mañana.



El ayer es una excusa
tarima de necias miradas
gargantas secas, pegadas
Anegadas a
cristales sucios
Manantiales absurdos
en las lluviosas tardes
de migraña
silenciosa…



Libido
perniciosa
saliendo de esta
morada ciudad.
Negra por un desierto inútil,
caminante
dormido
castigado
inmundo, fácil
bajo el ojo plateado
y tantos males juiciosos,
Crispan mis venas,
silban
el rencor
de la vida abortada.



Otra pelea perdida
otra caminata
olvido
perdón
sollozos, gritos junto a tu cama
luego amantes ritos
Buenas noches
no más
buenos días
soledad
ausencia
rabia, mucha rabia, odio, tripas enredadas
se condensan las fronteras
la suciedad
Esa lógica del alma
la fragilidad del hoy
más tarde
siempre
ahora, luego, tirado
jugando a no respirar.
Haciendo del juego
un acierto.


Autor: Daniel Rojas

Hemingway




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  • Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo.
  • La jerga que adoptes debe ser reciente, de lo contrario no sirve.
  • Evita el uso de adjetivos, especialmente los extravagantes como "espléndido, grande, magnífico, suntuoso".
  • Nadie que tenga un cierto ingenio, que sienta y escriba con sinceridad acerca de las cosas que desea decir, puede escribir mal si se atiene a estas reglas.
  • Para escribir me retrotraigo a la antigua desolación del cuarto de hotel en el que empecé a escribir. D i le a todo el mundo que vives en un hotel y hospédate en otro. Cuando te localicen, múdate al campo. Cuando te localicen en el campo, múdate a otra parte. Trabaja todo el día hasta que estés tan agotado que todo el ejercicio que puedas enfrentar sea leer los diarios. Entonces come, juega tenis, nada, o realiza alguna labor que te atonte sólo para mantener tu intestino en movimiento, y al día siguiente vuelve a escribir.
  • Los escritores deberían trabajar solos. Deberían verse sólo una vez terminadas sus obras, y aun entonces, no con demasiada frecuencia. Si no, se vuelven como los escritores de Nueva York. Como lombrices de tierra dentro de una botella, tratando de nutrirse a partir del contacto entre ellos y de la botella. A veces la botella tiene forma artística, a veces económica, a veces económico-religiosa. Pero una vez que están en la botella, se quedan allí. Se sienten solos afuera de la botella. No quieren sentirse solos. Les da miedo estar solos en sus creencias...
  • A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos.
  • Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.


Realismo Mágico



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Arturo Uslar Pietri


Desde 1929 y por algunos años tres jóvenes escritores hispanoamericanos se reunían, con cotidiana frecuencia, en alguna terraza de un café de París para hablar sin término de lo que más les importaba que era la literatura de la hora y la situación política de la América Latina que, en el fondo, era una misma y sola cosa. Miguel Ángel Asturias venía de la Guatemala de Estrada Cabrera y Ubico, con la imaginación llena del Popol-Vuh, Alejo Carpentier había salido de la Cuba de Machado y yo venía de la Venezuela de Gómez. En Asturias se manifestaba, de manera casi obsesiva, el mundo disuelto de la cultura maya, en una mezcla fabulosa en la que aparecían, como extrañas figuras de un drama de guiñol, los esbirros del Dictador, los contrastes inverosímiles de situaciones y concepciones y una visión casi sobrenatural de una realidad casi irreal. Carpentier sentía pasión por los elementos negros en la cultura cubana. Podía hablar por horas de los santeros, de los ñáñigos, de los ritos del vudú, de la mágica mentalidad del cubano medio en presencia de muchos pasados y herencias. Yo, por mi parte, venía de un país en el que no predominaban ni lo indígena, ni lo negro, sino la rica mezcla inclasificable de un mestizaje cultural contradictorio. La política venía a resultar un aspecto, acaso el más visible, de esas situaciones de peculiaridad que poco tenían que ver con los patrones europeos. ¿Qué podía haber en común entre el señor Poincaré y Estrada Cabrera, Machado y Gómez, y qué podría identificar al maestro de escuela de Guatemala convertido en tirano, al rumbero y trágico habanero tradicional que era Machado y al caudillo rural, astuto e instintivo, que era Gómez? Lo que salía de todos aquellos relatos y evocaciones era la noción de una condición peculiar del mundo americano que no era posible reducir a ningún modelo europeo. Se pasaban las horas evocando personajes y situaciones increíbles. Estrada Cabrera y sus poetas, el siniestro hombre de la mulita que recorría solitario y amenazante las calles de Guatemala, Machado y aquella Cuba rumbosa, rumbera y trágica, y Gómez, su misterio rural rodeado de sus doctores sutiles y de sus silenciosos «chácharos».


Nos parecía evidente que esa realidad no había sido reflejada en la literatura. Desde el romanticismo, hasta el realismo del XIX y el modernismo, había sido una literatura de mérito variable, seguidora ciega de modas y tendencias de Europa. Se había escrito novelas a la manera de Chateaubriand, o de Flaubert, o de Pereda, o de Galdós, o de D'Annunzio. Lo criollo no pasaba de un nivel costumbrista y paisajista. Ya Menéndez y Pelayo había dicho que el gran personaje y el tema fundamental de la literatura hispanoamericana era la naturaleza. Paisaje y costumbrismo, dentro de la imitación de modelos europeos, constituían los rasgos dominantes de aquella literatura, que parecía no darse cuenta del prodigioso mundo humano que la rodeaba y al que mostraba no haberse puesto a contemplar en su peculiaridad extraña y profunda.


Era necesario levantar ese oscuro telón deformador que había descubierto aquella realidad mal conocida y no expresada, para hacer una verdadera literatura de la condición latinoamericana.

Por entonces, Miguel Ángel Asturias, que trabajaba en El señor Presidente, publicó sus Leyendas de Guatemala . Produjo un efecto deslumbrante; en ellas expresaba y resucitaba una realidad casi ignorada e increíble, resucitaba el lenguaje y los temas del Popol-Vuh, en una lengua tan antigua y tan nueva que no tenía edad ni parecido. Por el mismo tiempo, Carpentier escribió su novela negra Ecue Yamba O, llena de magia africana y de realidad sorprendente, al igual que yo terminé y publiqué mi primera novela Las lanzas coloradas .


Se trataba, evidentemente, de una reacción. Reacción contra la literatura descriptiva e imitativa que se hacía en la América hispana, y también reacción contra la sumisión tradicional a modas y escuelas europeas. Se estaba en la gran época creadora y tumultuosa del surrealismo francés, leíamos, con curiosidad, los manifiestos de Breton y la poesía de Eluard y de Desnos, e íbamos a ver El perro andaluz de Buñuel, pero no para imitarlos o para hacer surrealismo.


Más tarde algunos críticos literarios han querido ver en esa nueva actitud un mero reflejo de aquellos modelos. Alguna influencia hubo, ciertamente, y no podía menos que haberla, pero es desconocer el surrealismo o desconocer esa nueva corriente de la novelística criolla pensar que son la misma cosa bajo diferentes formas y lenguaje.


El surrealismo es un juego otoñal de una literatura aparentemente agotada. No sólo se quería renovar el lenguaje sino también los objetos. Se recurría a la incongruencia, a la contradicción, a lo escandaloso, a la búsqueda de lo insólito, para producir un efecto de asombro, un choque de nociones y percepciones incoherentes y un estado de trance o de sueño en el desacomodado lector. Era pintar relojes derretidos, jirafas incendiadas, ciudades sin hombres, o poner juntos las nociones y los objetos más ajenos y disparatados como el revólver de cabellos blancos, o el paraguas sobre la mesa del quirófano. En el fondo era un juego creador, pero sin duda un juego que terminaba en una fórmula artificial y fácil.


Lo que se proponían aquellos escritores americanos era completamente distinto. No querían hacer juegos insólitos con los objetos y las palabras de la tribu, sino, por el contrario, revelar, descubrir, expresar, en toda su plenitud inusitada esa realidad casi desconocida y casi alucinatoria que era la de la América Latina para penetrar el gran misterio creador del mestizaje cultural. Una realidad, una sociedad, una situación peculiares que eran radicalmente distintas de las que reflejaba la narrativa europea.


De manera superficial, algunos críticos han evocado a este propósito, como antecedentes válidos, las novelas de caballería, Las mil y una noches y toda la literatura fantástica. Esto no puede ser sino el fruto de un desconocimiento. Lo que caracterizó, a partir de aquella hora, la nueva narrativa latinoamericana no fue el uso de una desbordada fantasía sobrepuesta a la realidad, o sustituta de la realidad, como en los cuentos árabes, en los que se imaginan los más increíbles hechos y surgen apariciones gratuitas provocadas por algún poder sobrehumano o de hechicería. En los latinoamericanos se trataba de un realismo peculiar, no se abandonaba la realidad, no se prescindía de ella, no se la mezclaba con hechos y personificaciones mágicas, sino que se pretendía reflejar y expresar un fenómeno existente pero extraordinario dentro de los géneros y las categorías de la literatura tradicional. Lo que era nuevo no era la imaginación sino la peculiar realidad existente y, hasta entonces, no expresada cabalmente. Esa realidad, tan extraña para las categorías europeas, que había creado en el Nuevo Mundo, tan nuevo en tantas cosas, la fecunda y honda convivencia de las tres culturas originales en un proceso de mezcla sin término, que no podía ajustarse a ningún patrón recibido. No era un juego de la imaginación, sino un realismo que reflejaba fielmente una realidad hasta entonces no vista, contradictoria y rica en peculiaridades y deformaciones, que la hacían inusitada y sorprendente para las categorías de la literatura tradicional.


No se trataba de que surgiera de una botella un «efrit», ni de que frotando una lámpara apareciera un sueño hecho realidad aparente, tampoco de una fantasía gratuita y escapista, sin personajes ni situaciones vividas, como en los libros de caballerías o en las leyendas de los románticos alemanes, sino de un realismo no menos estricto y fiel a una realidad que el que Flaubert, o Zola o Galdós usaron sobre otra muy distinta. Se proponía ver y hacer ver lo que estaba allí, en lo cotidiano, y parecía no haber sido visto ni reconocido. Las noches de la Guatemala de Estrada Cabrera, con sus personajes reales y alucinantes, el reino del Emperador Christophe, más rico en contrastes y matices que ninguna fantasía, la maravillante presencia de la más ordinaria existencia y relación.


Era como volver a comenzar el cuento, que se creía saber, con otros ojos y otro sentido. Lo que aparecía era la subyacente condición creadora del mestizaje cultural latinoamericano. Nada inventó, en el estricto sentido de la palabra, Asturias, nada Carpentier, nada Aguilera Malta, nada ninguno de los otros, que ya no estuviera allí desde tiempo inmemorial, pero que, por algún motivo, había sido desdeñado.


Era el hecho mismo de una situación cultural peculiar y única, creada por el vasto proceso del mestizaje de culturas y pasados, mentalidades y actitudes, que aparecía rica e inconfundiblemente en todas las manifestaciones de la vida colectiva y del carácter individual. En cierto sentido, era como haber descubierto de nuevo la América hispana, no la que habían creído formar los españoles, ni aquella a la que creían no poder renunciar los indigenistas, ni tampoco la fragmentaria África que trajeron los esclavos, sino aquella otra cosa que había brotado espontánea y libremente de su larga convivencia y que era una condición distinta, propia, mal conocida, cubierta de prejuicios que era, sin embargo, el más poderoso hecho de identidad reconocible.


Los mitos y las modalidades vitales, heredados de las tres culturas, eran importantes pero, más allá de ellos, en lo más ordinario de la vida diaria surgían concepciones, formas de sociabilidad, valores, maneras, aspectos que ya no correspondían a ninguna de ellas en particular.

Si uno lee, con ojos europeos, una novela de Asturias o de Carpentier, puede creer que se trata de una visión artificial o de una anomalía desconcertante y nada familiar. No se trataba de un añadido de personajes y sucesos fantásticos, de los que hay muchos y buenos ejemplos desde los inicios de la literatura, sino de la revelación de una situación diferente, no habitual, que chocaba con los patrones aceptados del realismo. Para los mismos hispanoamericanos era como un redescubrimiento de su situación cultural. Esta línea va desde las Leyendas de Guatemala hasta Cien años de soledad . Lo que García Márquez describe y que parece pura invención, no es otra cosa que el retrato de una situación peculiar, vista con los ojos de la gente que la vive y la crea, casi sin alteraciones. El mundo criollo está lleno de magia en el sentido de lo inhabitual y lo extraño.

La recuperación plena de esa realidad fue el hecho fundamental que le ha dado a la literatura hispanoamericana su originalidad y el reconocimiento mundial.

Por mucho tiempo no hubo nombre para designar esa nueva manera creadora, se trató, no pocas veces, de asimilarla a alguna tendencia francesa o inglesa, pero, evidentemente, era otra cosa.


Muchos años después de la publicación de las primeras obras que representaban esa novedad, el año de 1949, mientras escribía un comentario sobre el cuento, se me ocurrió decir, en mi libro Letras y hombres de Venezuela : «Lo que vino a predominar... y a marcar su huella de una manera perdurable fue la consideración del hombre como misterio en medio de los datos realistas. Una adivinación poética o una negación poética de la realidad. Lo que, a falta de otra palabra, podría llamarse un realismo mágico». ¿De dónde vino aquel nombre que iba a correr con buena suerte? Del oscuro caldo del subconsciente. Por el final de los años 20 yo había leído un breve estudio del crítico de arte alemán Franz Roh sobre la pintura postexpresionista europea, que llevaba el título de Realismo mágico. Ya no me acordaba del lejano libro pero algún oscuro mecanismo de la mente me lo hizo surgir espontáneamente en el momento en que trataba de buscar un nombre para aquella nueva forma de narrativa. No fue una designación de capricho sino la misteriosa correspondencia entre un nombre olvidado y un hecho nuevo.


Poco más tarde Alejo Carpentier usó el nombre de lo real maravilloso para designar el mismo fenómeno literario. Es un buen nombre, aun cuando no siempre la magia tenga que ver con las maravillas, en la más ordinaria realidad hay un elemento mágico, que sólo es advertido por algunos pocos. Pero esto carece de importancia.


Lo que importa es que, a partir de esos años 30, y de una manera continua, la mejor literatura de la América Latina, en la novela, en el cuento y en la poesía, no ha hecho otra cosa que presentar y expresar el sentido mágico de una realidad única.






El Loco



Yo soy la Ira de Dios, el Príncipe de la Libertad

y del reino de Tierra Firme y provincias de Chile...




Hablan de mi personalidad con arrogancia. En esa lejana ínsula de señores finos y debilitados por el ocio de sus carnes, azotan mi nombre mientras engordan las caderas y arcas, a costa de nuestra cólera. Enriquecidos pese a evitar el cauce amazónico, la vertical pendiente, la abismal niebla y el reticente carácter del indio rebelde, estos salvajes no son lo que hemos querido creer, no son irracionales vástagos, abandonados en la estulticia. Sólo esperan su momento, llevan nuestras provisiones a fuerza de látigo... desde luego, han cargado en sus desnudos hombros a nuestras mujeres, a mi hija, el más preciado tesoro, sin embargo, al menor descuido flagelarán nuestros cuellos. Somos demonios en su mirar, los asesinos de su tierra, de su imperio piramidal. Mala sombra han traído a nuestros pasos los precursores, Cortés y Pizarro. Pobre cura castellano, amargamente ha bebido de la realidad. Pueden besar la cruz y arrodillarse con las manos juntas mirando al amplio azul, sin embargo odian el evangelio y nuestras palabras y aún así, yo me pregunto, reconocen ustedes príncipes, la carga que nos impone ser sus vasallos, oh caros reyes, aún al tanto de nuestros itinerarios, del oneroso tráfico de almas desde su imperio hasta esta arcadia que sólo nos embarga con promesas y emboscadas desde la lejana y exuberante selva. Por qué, con qué derecho abusan de la condescendía que albergamos hacia el brillo gastado de sus áureas imágenes, reyes de España, podrido linaje. Cómo osan describirme cual mosquito, segundón, hijodalgo sin mayor provecho que el sable… el valor dicen es una cualidad que no debe sobrestimarse, pues no hay caballero de la corona que carezca de esta. –Lope de Aguirre debes obedecer, someter tu ímpetu a la nobleza que te comanda, pues en ella reside la grandeza del reino de este mundo. Yo les insto a mirar su nobleza bajo el metal de mis pisadas, menos que barro, oh padres del cielo europeo, contemplen la gloria de mi rabia. Tengo la cabeza de su amado Ursúa en un cesto y he colocado en su lugar, regalado su precioso cetro a mi emperador al uso, Guzmán, mi títere providencial, su blasón es el cerdo y el afeminado pavo real.


Oh ingenuos monarcas de esa oscura ciudadela, el comando de este barco ya no responde a sus timbres de cera y terrenos imaginarios para la loa de sus zapatos inmundos. La prueba viva de mis designios, se ceba con nuestras últimas provisiones, el magnánimo don Fernando de Guzmán ríe ignorante como ustedes. Se retuerce en el trono que he mandado fabricar a la medida de su gigante trasero, se sienta en un poder que no es más que una frágil apariencia, yo sostengo los hilos, la verdad última, el hierro candente que esgrimen nuestras trabajadoras manos. Esta empresa es producto de la lógica de aventureros, dementes, desesperados sin nada que perder. El Dorado no es suelo para castas antiguas, el Dorado es el destino de quienes tienen el valor de tomarlo al pulso de su sangre y fuego.


Carta a Fernando II

Dios Salve al Emperador de la Nueva Hispania Don Fernando de Guzmán



Esta gran vena sobre la cual flotamos parece una cárcel para nuestros sentidos, nos arrastra, nos empuja, reconocidos como intrusos por ella, por las sombras de los caníbales sus veloces pies y sus traidoras flechas que pasan inesperadas por nuestras cabezas sumergiendo a negros y blancos en el fondo del furioso cauce. Dos palabras se repiten constantemente como una maldición en la boca de nuestros esclavos, jíbaros, marañón, jíbaros marañón, jíbaros marañón, jibañon, mararos, mabajos, mararos, mabajos miraron, mabajos no se detienen, no tienen piedad de nuestros oídos, el sonido se entrevera, se vuelve ridículo inexpugnable, un galimatías que arremete perentorio contra nuestra débil cordura y cada vez más fuerte, implacable a medida que golpetean las silabas, rápido, temeroso, destructivo, rápido, jabaros, miraron, mabajos, mararos, mabajos, la tonada sin sentido, persecutoria se suma al trino de las aves y el silbado de los vientos que azota contra las nubes de cada árbol mas gigante que el otro y no podemos cerrar los ojos sin miedo a perder la noción del tiempo, no podemos ignorar nuestro destino, sólo mirar al frente, esperando que a la vuelta de esa curva verde que parece repetirse una y otra vez como la voz cáustica de los indios, este el reino bañado en oro. Pero no tenemos esa suerte, el paisaje continua como al principio. El cura dice que Dios esta castigando mi idolatra, mi ego asesino, el haber enviado esa carta a la corona, el escupir al rey. Patrañas, hemos perdido a la mitad de la expedición y el emperador, miserable Guzmán es una bestia insaciable, devora todo, ya llegara su momento, pero esto no es más que un giro de tuerca, ahora, sólo podemos seguir… en este desierto de musgo, en este infierno palúdico… escuchando la armonía de la demencia…



…Prolongándose desde la garganta, el canto de los siervos agazapados, su trino aun resuella estremeciendo mi columna, no puedo dejar amputadas en el pasado las amargas caras de los confiados a mi brazo, ni yo mismo puedo aceptar el clímax de la empresa, la amplitud, la anchura de la noche, del descanso atento a las emboscadas y el aire libre. Son un recuerdo pesado, el río de mi frustración, la infructuosa orilla que nunca llega, el caudal infinito de muertos que mi deceso no podrá apagar, por que ahora, hombre y naturaleza somos uno… -Aguirre ha llegado tu momento, levántate. –La luz lastima mis ojos, no reconozco las miradas, pero las voces, el acento, son los guardias de mi caída anunciando la venganza real. –Apura el paso, tu público espera. –Me conducen por el laberinto de cemento, afuera una turba grita, quieren sangre, una conclusión. En la palestra, el hombre del rey se pronuncia airado, grita a viva voz, enardece a los antropófagos de seda y modales cortesanos. Me condenan. -Lope de Aguirre se le acusa del severo crimen de lesa majestad, el precio a su comportamiento, será morir descuartizado y sus restos serán esparcidos en los territorios violados por su cruel tiranía, su cabeza será entregada a los perros del rey. ¿Tiene algo que declarar? –En un último estertor, con una furia animal, antes de que el mundo se cierre, la lección final, indómita, insalvable como el río que arrastra todo sin piedad reclama al universo -Yo soy Aguirre, yo soy la Ira de Dios, el Príncipe de la Libertad y del reino de Tierra Firme y provincias de Chile...


Daniel Rojas P.

Arica 1 de Octubre del 2007

Primer Lugar del Tercer concurso de Narrativa organizado por el Departamento de Español de La Universidad de Tarapacá





Ostracismo Literario




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Hace falta desempolvar algunas estanterías y criterios para dar a conocer mejor la magia de leer, hay más que clásicos coloniales, premios nobel y best sellers de colosales casas editoras.





No es exageración decir que la poesía en Chile para muchos, empieza y acaba con dos apellidos Mistral y Neruda, claro que si somos generosos y rupturistas podremos permitirnos una cana al aire e incluir al antipoeta Parra y como no, al amo del creacionismo, el Cid chileno, el hombre del paracaídas Vicente Huidobro. Similar panorama captamos en lo narrativo, el feudo cae en manos del Balzac latinoamericano Blest Gana, Coloane y sus gélidos parajes le siguen de cerca, Lillo marca la prosa social para dar un salto estrepitoso y pasar la posta a Manuel Rojas, Hijo de ladrón es un libro maravilloso sin embargo pocos alumnos lo leen completo, el olimpo de escritores que puedo contar con los dedos, no podría cerrar su ciclo sin ¿cuanto vale palomita blanca? y el extrañamente endiosado Fuguet y su legión de ochenteros trasnochados, en el extremo opuesto, paralelo a la urbanidad del mala onda, no hay que olvidar las Marquesianas odiseas salitreras de Rivera Letelier. Pero eso es todo. Con ellos se cierra el libro de nuestras vidas.


El ánimo de este articulo en todo caso, no es generar polémica, vapulear sensibilidades y trapear iconos culturales que de sobra esta decir, tienen un reconocido afecto y merecido valor por su trabajo. Lanzo esta crítica con un alto conocimiento de causa. El tema no es menor. Está enraizado con nuestra forma de transmitir reformular y generar visiones de mundo. La manera en que interpretamos, leemos la realidad, determina en gran medida nuestra manera de proceder, de pensar caminos libres y responsables, de otra forma, estamos indefensos ante demagogias baratas o panaceas de salvación y fama. No es coincidencia que los totalitarismos empiecen por acallar a los pensadores, con censura, destierro o la aberrante quema de libros.


Si los esfuerzos intelectivos del hombre se reducen a simplemente recepcionar información procesada por terceros, regurgitada por grandes pájaros, no debemos extrañarnos y menos sentir indignación o impotencia por… que se yo, el gobierno que tenemos, la siempre invocada desigualdad social ummmm y como olvidar las hardcore aventuras de los llamados pingüinos, pokemones, gotakus, pelolais y quien sabe que otro apelativo que a los escolares ha reservado nuestro siempre bien ponderado ingenio criollo.



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Las razones a esgrimir en torno a una crisis del conocimiento literario son múltiples, y van más allá de un impuesto al libro, es cierto, leer Anagrama, Alfaguara, Planeta… es oneroso… pero para eso hay opciones, bibliotecas, libros usados, feria de las pulgas y ediciones truchas, con esto ultimo no quiero fomentar la piratería, sino recalcar algo que puede que muchos desconozcan o pasen convenientemente por alto… Cuando un autor lleva mucho tiempo enterrado sus obras pasan a ser patrimonio de la humanidad y su patente se libera, hay en esa caso mucho material excelente y legal circulando en la red, es sólo cuestión de cerrar un rato el Chat, buscar de buena fe y entretenerse a la antigua, con la imaginación, y para aquellos gustos exquisitos que dicen leer sólo narrativa o poesía contemporánea, no debemos leernos la suerte entre gitanos, sabemos de sobra que hay material de autores vivos, recién escaneados, ayer en la noche, pululando gratis en servers, blogs y ezines, estos no son tan legales… pero en fin de que están, están… lo importante es hacerse el animo.


Para muestra un botón. La página Memorias de Chile apoyada por el ministerio, incluye en formato pdf como parte del fomento a la lectura de autores nacionales, además de las biografías y reseñas escaneos de calidad para descargar. Libros completos gratis. En ellos hay Antologías poéticas de Pablo de Rokha, Eduardo Anguita, Zurita, Enrique Lihn, Gonzalo Rojas, Rosamel del Valle, Humberto Díaz Casanueva. En narrativa, las obras de Carlos Droguet, Umbral de Juan Emar, si los cinco tomos del Proust Chileno, vanguardia pura que fue recién publicada y rescatada del anonimato o elitismo cultural en 1996, después de 50 años aproximadamente, Maria Luisa Bombal y su ultima niebla… tengo para seguir días enteros… Y aunque es una opción magnifica, el drama no termina con ello como tampoco acaba con un simple 19 por ciento sobre los textos, podemos quejarnos de la falta de medios, llorar la escasez de recursos para los alumnos, la ausencia de espacios de opinión de información, yo digo que todo pasa lisa y llanamente por desidia lectora, paja de agarrar un libro, en buen chileno.

Claro, eso sumado a la negligencia mórbida para con las artes, ese es el principal show del pan y circo. A lo que yo me pregunto ¿necesitamos realmente tantos cantantes de bolero y bailarines tropicales en nuestras fronteras? bueno ya, quizá me perdí de algo, soy el fome, el aguafiestas, el ratón de biblioteca, perfecto, acepto tolerante la necesidad de mover las caderas como si el mundo se fuese a acabar, pero por el bien de nuestra salud mental, me vuelvo a preguntar, ¿es necesario monopolizar la televisión y radio con ello? O sea, no hablo de poner opera y documentales las veinticuatro horas, pero si alternativas. Una buena Película de algún director interesante de vez en cuando, alguna biografía de, no se, algún escritor en lugar de Kenita Larrain ventilando sus romances cada dos días.


Bueno volviendo al tema. Como profesor no puedo dejar de mirar también hacia el mismo sistema escolar. La aplicación de las formulas mágicas de Mineduc poco sirven en la tarea que la reforma ha impuesto a los hombros desvalidos de maestros muchas veces bien intencionados, capaces y dinámicos, otras agotados, a punto de jubilar, con amplias brechas generacionales ante niños que como bien hemos visto, son universos complejos de emocionalidad y confusión y no esos Alejandros Magnos que la institucionalidad pretende, en potencia podrían, así como en potencia los programas escolares pueden ser grandes herramientas y en potencia este país podría ser como suiza…Pero si en el acto, a la hora de los que hubo, queremos en mi área, humildemente hacer entender a un niño, el cual tiene como principales modelos de conducta a Daddy Yankee y Rosa la Espinoza, lo absurdo y relativo que puede ser el mundo actual, con valores que como las leyes no son más que abstractos añejándose por la inconsecuencia de quienes promueven, redactan y castigan con dichas estructuras… todo explicado en cuarenta y cinco fértiles minutos… haciendo uso de taran… corazón de Amicis, con tres copias en el c.r.a, recién sacados de los anaqueles y listos para ser devorados por cuarenta alumnos guiados por un tipo al frente que a su vez debe lidiar con su propia carga existencial pues si no sigue trabajando, no obtiene la totalidad de su pensión… Bueno yo me digo, algo esta podrido en Dinamarca… se que es nuestro desafió, reconozco las limitantes, descontextualización, falta de recursos… la lista es infinita…

Pero si a ello le sumamos nuestras propias limitantes, profesores que por voluntad y déficit lector, tienen como caballito de batalla y argumento literario a sólo tres tipos, tres visiones de nuestra idiosincrasia, de nuestras contradicciones, de nuestro devenir, o sea, de que estamos hablando… Con todo el respeto que me merece el pipiolo Martín Rivas, El vate de isla negra, el ultimo grumete de la baquedano, la señora del billete de cinco lucas, lafourcade y cuanto vale el show de Alberto Fuguet y su tropel de compinches de Alfaguara, creo que debemos volver a las bases y leernos como educadores, padres, seres humanos, lectores y actores de la sociedad… pues no es mentira que en Chile existe, dentro del ideario promedio y más allá de este, en espacios que debieran rezumar tolerancia y proyección cultural, digámoslo con todas sus letras, ministerios de educación, bibliotecas, aulas de liceos y universidades una visión bastante sesgada y reduccionista de la creación nacional. Para que hablar de la perspectiva que hay en torno al quehacer literario Latinoamericano, Europeo, Norteamericano y Oriental. Pero en fin eso es harina de otro costal...


El problema aquí, es saber a donde fueron a parar esas incesantes y vertiginosas horas de escritura, múltiples voces, interpretación de la realidad, desviación del lenguaje cotidiano, experimentación del sonido e imágenes para la potente creación de mundos posibles, que hizo no se, José Donoso con sus hombres y mujeres de una mitología urbana decadente en que lumpen y aristocracia se entremezclan, dónde termino el errante vagabundear de Aniceto Hevia y la prosa de Carlos Loyola que anticipo al movimiento Beatnik… En definitiva no busco con esto plantear una lista taxativa de obras que reformaran la vida social, sino dejar en claro la importancia del acto mismo, leer, tener una opinión sustentada en la confianza de nuestro criterio, de una identidad libre… y eso solo se puede lograr edificar con múltiples visiones que puedan contrastarse y no con univocas interpretaciones de los fetiches de cabecera del profe o de la mineduc, sólo así podremos hablar de sociedades mas pluralistas y maduras, de otra forma la democracia y el sistema educativo constructivista e integrador de objetivos fundamentales transversales no pasa mas allá de ser una utopía o un dirigista Leviatán.

En fin es un juego en que hay demasiada ropa tendida, lanzar la primera piedra es inútil ya que todos caeríamos con los sesos afuera producto de los peñascazos, ahora si queremos hacer la vista gorda como suele ocurrir casi siempre, podemos culpar a las transnacionales y el sistema económico de mercado o quizá a los revolucionarios soñadores o simplemente, ya que estamos en el año chino de la rata y la rata no sabe leer y devora libros… Bueno ya me aburrí de divagar… con su permiso me voy a leer algo…



Autor: Daniel Rojas P.

Cesar Vallejo.




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LOS HERALDOS NEGROS.


Hay golpes en la vida, tan fuertes ... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas obscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!



LOS DADOS ETERNOS.


Para Manuel Gonzales Prada, esta
emoción bravía y selecta, una de las
que, con más entusiasmo, me ha aplau-
dido el gran maestro.

Dios mío, estoy llorando el sér que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.






turn into...




Las operadoras a cargo del número de emergencia carecían de manos y orejas para hacer frente al tsunami de repiqueteos y versiones histéricas o enardecidas del suceso. Los patrulleros, cual plaga bíblica, se desbandaban tiñendo hasta el último callejón con su monótono verdiblanco y roja sirena. No faltaban aquellos aventureros materialistas que previendo un mañana peor, se lanzaron a las calles, con piedra y palo al rescate de la propiedad ajena. Pequeños almacenes, supermercados y casas comerciales del centro eran a esas horas, bajo el reflejo de sus luminosas vitrinas, testigos omniscientes de una nueva guerra de trincheras. Algunos corazones débiles y sensibles al caos, acostumbrados por años a la tarea de entregar panfletos desechables sobre el advenimiento a fin de ganarse un lugar en el rebaño estelar, se precipitaban rosario en mano a las dantescas pero muchas veces estrechas puertas del templo, anunciando sin malignidad pero con fe expectante, la prueba ultima de la carne, el fin de todos los tiempos. Otros, unas cuadras abajo, más mundanos y estoicos, preferían continuar su sacro ritual de la confesión en la barra, afrontando con un honesto salud el Apocalipsis. Así lo definieron sutilmente los medios, en su alborotada carrera por no perder la exclusiva de alguna nueva explosión o mutilamiento pues en sectores donde aun no se cortaba la energía eléctrica, residían potenciales cifras para alimentar el raiting. En esos momentos, compartiendo con otros desde el vertiginoso bamboleo del bus, la repentina emoción de un cielo púrpura sanguinolento cayendo a pedazos producto de los truenos y el pánico que en plena avenida infundía una horda de muertos vivos desollando a desesperados que gritaban en un ultimo intento al chofer: Pare por favor… Dios pareeee!!!!!!! continué la escritura que inicie al salir de la universidad. Mi ojo y lápiz eran una cámara que en lugar de fotos capturaba palabras, algo me comandaba a no parar. Pensé en mi familia, en cómo estarían mis padres en sus trabajos… mi hermano y sobrino en casa. ¿Pensarían ellos en mi? Desde luego… ¿Pensaba yo en mi? No mucho, me preocupaba más el chofer… el tipo era un as. Había pisoteado sin titubear esos lentos cuerpos de tipos caminando con los sesos afuera o las tripas de otros en la boca, esquivaba autos volcados con chóferes ardiendo o pataleando para no ser devorados y en el intertanto con espíritu de líder, logro imponer su voz

-No se ustedes gente, pero yo no voy a parar de aquí hasta el regimiento, es el mejor refugio, allí estos malditos van a comer plomo -Da vuelta maricón… déjame en la esquina… Para que no entiendes!!! –Termina el recorrido, no pares hasta el cerro! -yo necesito ir a buscar a mi hijo al colegio señor, por favor… por favor. -Mierda el tipo era duro, un tío de lo más cabrón y cojonudo, además tenia razón, no es que yo fuese un desalmado, a mi también me importaban los míos, pero había visto suficientes películas de Romero como para saber que teníamos que buscar un fuerte con armas y provisiones. Pero la turba, cada vez más enardecida y violenta… No debieron reaccionar así, estúpidos, jodieron todo, todo. Mierdoso pensamiento de masas, temor, desesperación, darwinismo que se yo. Se volvieron bestias, tomaron el control del volante, el lucho pero al final se impusieron por número. Trate de ayudarle pero me contuvieron entre cinco… no me fue tan mal, me empujaron y me di un golpe contra un vidrio… él en cambio… Ahora es parte de las llamas y cuerpos retorciéndose que deje cuatro cuadras atrás… pero antes de volcarnos por la pelea en pos del manubrio, sufrió repetidos golpes de un poderoso extintor en la nuca… no creí que chillaría así, no lo vio venir. Creyó ser un héroe para ellos… por unos cuantos metros lo fue… ahora es un muerto más, uno de esos que llamó malditos… Malditos… Se lo que son, tienen un nombre, forman parte de una larga tradición de criaturas del terror, sin embargo me parece tan ridículo llamarlos así, tan absurdo que prefiero no gastar fuerza en ello y seguir corriendo… llegar a casa.


-Ayúdanos por favor… sácanos de aquí… -debo llegar al colegio de mi hijo…

Debo llegar… no veo nada, el fuego esta muy cerca… -Esos lamentos esos gruñidos... ahí vienen… cuidado ahgggggggg –corran ahgggg –sálvese quien pueda… -Cielos tuve suerte de no partirme en dos como el par de viejas y el tipo ese, ése que parecía contador… él fue el que me empujo… un asiento lo rebano y segundos después, la parte superior, reptando, fue en busca de tripas… ya no quiero pensar en ello… ya estoy lejos… pude reaccionar y salir de allí… debo salir de allí mentalmente… ya estoy llegando a casa…


Lentos pasos, gruñidos, avanza un cuerpo que agoniza, que sufre… gutural,

semiconsciente grita -hijooooo…. rompe el silencio del lugar, torpemente se arrastra y parece venir desde una habitación al fondo, en ella hay una ventana rota y pedazos de esta regados por el suelo ensangrentado, a pocos metros junto a una cómoda, otro cuerpo, con el cráneo destrozado reposa y revela lo que antes fue un hombre, descompuesto, tiene sangre en la boca, allí hubo una pelea… la sangre llega hasta el pasillo en un camino que se forma con el estrepitoso liquido rojo que cae del brazo del primero… ese que cada vez menos él.. Menos lucido, grita -hijoooo… perdón!!!. Arriba, un niño llora encerrado en un armario, desconsolado, hasta que finalmente se desmaya del dolor. Le faltan dedos de una mano. El cuerpo diminuto protegió hasta el final su extremidad herida, confuso, ¿Por qué le ataco su padre? Su padre no responde, ahora sólo avanza con los ojos blancos, sin vida y con un único deseo, saborear la carne de otros. Un ruido atolondrado viene de afuera, una llave pelea con el picaporte, la puerta se azota y al fin puedo entrar, detrás hay un infierno, estoy a salvo aquí ¿lo estoy?… debo encontrar a mi hermano, al pequeño… grito, no responden, quizá se marcharon, quizá están muertos, quizá eso seria lo mejor, quizá me equivoco… no, él esta muerto, viene por mi. Su silueta en el living se retuerce, avanza como entrecortada, babeando, idiota por el olor a sangre. Estúpidos, malditos, todo esta jodido… mataron al tipo del bus… Ya no puedo pensar en nadie… sólo debo sobrevivir, arrojar cosas al cuerpo de mi hermano. Olvidar que es él e implorar que el niño este a salvo. El teléfono le da directo en la frente, cae mal y se parte el cuello al chocar con una silla, sus piernas son lo último que veo. Arriba hay ruido, subo rápido, tengo esperanzas, eso es bueno ¿creo?, no… no lo es, disminuye mi adrenalina, me adormece, el niño es uno de ellos, no lo vi venir, sale de un armario y antes de que pueda mandarlo escaleras abajo me muerde la pierna… estoy jodido… mierda… todo acabo… me queda poco tiempo… corro a mi habitación guiado no se por qué… por la nostalgia quizá, veo mi librero… hay un espacio vació, ahí estaba Maupassant… empiezo a perder la conciencia… me retuerzo en el piso… todo va a terminar… mi ultimo pensamiento es para María, debí invitarla a salir… pudo resultar, quizá no… Estoy jodido mi mundo es ahora un gruñido que reclama sangre.


-María apúrate tu papá nos espera en el coche, debemos ir rápido…

-Pero que pasa mamá es tarde de que hablas y por que andas con linterna ¿se fue la luz acaso? -Algo ha pasado, no sabemos que es pero en la radio no pueden explicarlo, gente enferma, muchos heridos, recomiendan ir al regimiento o al estadio. Por favor no digas más y vamos… -De acuerdo deja vestirme… -Ven así no más… da igual… -Afuera hay ruido, sombras avanzan como legiones, al unísono un canto cierra la noche y en la mesa, junto a la cama de ella, un libro de Guy de Maupassant se titula. ¿Fue un sueño?



Autor: Daniel Rojas P.

Los gringos tienen Starbucks nosotros Cruz Verde.





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Tras la cercanía que presentan ambas iconografías verdiblanco y las tajantes diferencias que pueden existir entre una gran cadena norteamericana de café express y panecillos y una red de fármacos en Latinoamérica, subyace una risoria realidad, no se si atreverme a decir de nuestra idiosincrasia, mas si de nuestro forma continental de afrontar y vivir el tema salud.


Si bien los camaradas del norte ante las altas tasas de obesidad y marcapasos que deben injertar en cada vez más jóvenes miembros de su consumista población, producto del no menor índice de cadenas de comida rápida que llenan cada rincón del globo, al punto de hacer creer que dichas empresas auspician las guerras y los proyectos de poblar el espacio, consiguiendo que lo primero que haya tras cada nuevo territorio virgen defenestrado, terrestre o no, sea una gran M dorada; No parecen inmutarse más allá de algunas sutiles campañas y proyectos en el congreso a fin de avivar carreras políticas y aumentar la venta de libros de autoayuda o maquinas inquisitivas de tallado de abdominales.



Nosotros sin embargo aun conservamos alguna tradición culinaria fuera del freidor y la carne sintética, lo que sumado a otros hábitos sencillos como caminar o practicar alguna actividad física fuera de ir de la cama directo al televisor o auto y viceversa y desde luego, no transar el buen comportamiento de los niños con cuanto empaquetado y golosina halla por ahí, marca un gran avance. Pues por retrógrado y barbárico que estas simples propuestas suenen, el avivar un poco la conciencia es quizá el arma más eficaz ante el complejo de inferioridad y exitismo, que nos vuelve un potencial mercado de goce animal y culpa mordaz.



Me explico; esta segunda empresa de conquista que nos ve como la arcadia prometida, la utopía soñada presta a saturar sus arterias y ensanchar las caderas, nos somete ante la impavidez de apretadas agendas laborales, presión económica y complejas vidas familiares, a un circuito inconsciente de tres etapas, primero nos vende el mal, instalados en cada esquina y en las proximidades de los colegios, la comida chatarra nos empapela con publicidad y promociones que hipnotizan a los púberes con tazos, pegatinas y cajitas infames de figuras de las películas o dibujos del momento, una vez mordido el anzuelo y ya algo cebados, es cuestión de hacer un tour por las iluminadas y vivificantes pantallas para sentirse demacrado con esos kilos extra, esa incipiente papada o las pequeñas alusiones jocosas del resto, a una posible ovoide forma de nuestra silueta.


El ver que privilegia el inconsciente colectivo, su distorsionado concepto de belleza y triunfo, deprime a cualquiera, incluso a esos que forman parte del mercado de figuras esbeltas y potenciales rostros para comercial de cosméticos. No es casualidad el interés creciente de la pantalla chica y los medios de masa en general, con respecto al tema proxenetear, perdón enchular. El día a día parece haberse vuelto una pasarela, fotologs como catálogos del ego, explotación de la integridad física, adolescentes acomplejados, inseguros y cada vez más lanzados a un hedonismo descarriado. Es una maratón contra nosotros mismos, nuestra identidad flagelada y una batalla campal por diferenciarnos aun a costo de someterse al bisturí o medievales programas alimenticios que acarrean enfermedades y trastornos.


Y es así como llegamos al último peldaño del ciclo, quizá el más importante para entender la esporádica y abrupta germinación de farmacias en nuestra localidad. Con una salud física y mental de estropajo y con un psicólogo, nutricionista, cardiólogo y especialista en diabetes como tus mejores amigos… Sólo te hace falta un espacio para complacer las demandas titánicas de la no menos colosal lista de recetas, esta vez la carrera implica levantar tu alicaído sistema inmunológico. Pero descuida, el comercio humanitario y los ingenieros comerciales con estetoscopio han pensado en todo, prodigios como los martes de descuento, las aspirinas diarias, la tarjeta que acumula puntos como si fuesen kilometraje a tu muerte.


Trastornan la psiquis al punto de aplicar maquiavélicamente el conductismo Pavlovino en algo tan simple como el ritual de entrega del vuelto; vas por pasta dental y terminas con un botiquín a cuestas. El paisaje urbano es otra de las manifestaciones ejemplares de este caballo de Troya, basta con pasar por 21 de mayo, nuestra arteria más comercial, y quedar sorprendido al mirar no tan de reojo Las Vegas Nevadas de antibióticos e inyectables que somos hoy por hoy. Yo me pregunto entonces, si tenemos tantas farmacias, aproximadamente lindando la veintena en proporción a nuestra humilde población, será que somos la ciudad más saludable del mundo, las más sugestionada e hipocondríaca, la fuente de la vida eterna para los mayoristas, el blanco de una conspiración de la O.M.S, que se yo… lo dejo a su discreción.



AUTOR: DANIEL ROJAS P


Nuclear




Guijarros aventados al estrépito mundano, la urbe como una polvareda, panorama otrora repleto de calzados y tajante edición del movimiento, en ojos mezquinos, apesadumbrados, expectantes cautivos, agotados por el humo artificial, la niebla y grima del hacinamiento y ambulante ganarse el pan de cada día, ahora hueca borrasca sin el alma de las risas, la angustia de los desesperados el llanto de los anónimos en cada esquinoso recoveco. La mañana se muestra confusa sin su habitual rostro de ir y venir, de llegar, arrastrar, transar, abrir puertas, gritar ofertas, rechazar cuerpos intrusos, extraños pedidos de limosna más ofertas, algún descanso y nuevas compras, tramites, timbres y llamados a comer, locales bullentes, siestas y de nuevo el ritmo alocado, ahora censurado abrupto aborto por quién sabe que inexplicable misterio, no hay mentes, no hay conciencias capaces de discernir y aplacar el silencio. El fotograma urbano es el mismo gélido erial en cada calco mundial, las calles abandonadas en un éxodo impuesto y todo es de pronto, sepultante y perentorio desierto. No mas inexpugnable frontera de pasos y rumiantes coches que aplacan el urgir de los seres, animados inanimados, Inanimados como reyes de los pensamientos, en las vitrinas sin testigos, en los magníficos anaqueles sin manos, dedos ausentes antes ávidos de coger los colores, marcas, sabores y aromas para depositar el rancio papel o gastado metal, divisas del goce privado, en las bolsas insaciables de terceros. La adquisitiva conquista, truncada, aquella que separa a hombres de vagabundos, mas ya no hay presentes en torno a los cuales discernir sobre esos temas y jerarquías de valores, sólo vagos guijarros rodando a la ventura en su tirantumbeado tonterenteado torrente de tirantes torintorreantes toron toran toron toran ton ton toton ton ton de metros que se suceden en un viento que gira sin centro, sin cabellos que golpear o rumores insípidos, murmurantes pedidos, proclamas discursivas, suplicantes confesiones y voces… es la voz del ultimo principio, la ausencia de palabras, de ojos juiciosos, enjuiciantes códigos y canciones, solo queda una tonada y retina, el gran ojo rojo en el cielo que con furia mira la extinción del absurdo mono y su jungla de acero. Reposando en mares de esqueletos, océanos de cuerpos luego del gran fuego, telón de sombras en las paredes, manchas de grasa como recuerdos, tímidos amigos de la mudez, asistimos in absentia al imperio del guijarro que sigue libre en su infinito rotatorio reconstruir del tiempo. Horas sin minutos, minutos sin segundos, ejes, manecillas, mecanismos que no marcarán mas el destino, el tirantumbeado torrente torintorreante del universo.



Autor: Daniel Rojas P
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