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Ideo-gráfico (autores)

Semblanzas Profundas: El Ingenioso prólogo de Cervantes

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Tras la tasa del libro, datos referidos a la composición material de la obra y su régimen de venta, el primer contacto que tenemos con la gran novela de Cervantes es su prólogo al desocupado lector. En este discurso contradictorio y ambiguo que se mueve entre la apología retórica y la descarnada parodia, el manierista narrador hace un llamado a los destinatarios de su marchito y avellanado texto, como él mismo lo califica, a que no tomen partido, y por ende no teman represalias en caso de injuria o en sentido inverso, esperen beneficios por una postura a favor del alicaído hijo de su ingenio.

El español más que una justificación nos entrega una mirada con sumo pudor y dificultosos titubeos, sobre el contexto de producción de la gesta que vive Alonso Quijano. Esta actitud acoquinada que presenta vocativamente el autor, se conoce como el tópico de falsa modestia y es una clara impostura y uso retórico que consiste en disminuirse junto a su creación.

Gracias a ella, Cervantes se siente reafirmado a la hora de desnudar su experiencia, el periodo que paso en la cárcel, su avanzada edad, el alejamiento que ha sufrido en la memoria del pueblo, al que con respeto llama el gran legislador, y ante el cual teme presentar como carta de retorno, una obra carente de pericia y pulcritud, ornato y una suma de alambicados recursos estéticos que de estar presentes le otorgarían prestigio a su texto. Formalmente estos mecanismos van desde el soneto adosado a la presentación hasta sonadas cartas de recomendación y citas de eruditos que otros añaden pomposamente para pretender mayor inteligencia.

Ligado a ese espíritu que se debate entre humildad y magnificencia, emerge el carácter maravilloso y especial de este breve cuerpo que precede a la obra con actitud abiertamente ironizante, burlesca y relativista, cualidades que tienen concordancia plena con el sentir integral de la historia y su autoconciencia.

Tomemos como ejemplo la libertad que Cervantes y su narrador se toman al interrumpir la diégesis referente a Quijano y sus aventuras, y producir un salto inesperado desde el nivel de la historia a lo extratextual, revelando los hilos que competen al diseño de la obra; elementos que normalmente el lector no debe percibir a fin de no alterar el pacto ficcional, el caso más evidente e inmediato es lo que ocurre en el enfrentamiento con el Vizcaíno, cuando la voz que dirige la sucesión de los hechos hace un alto y reconoce su calidad de relator ignorante que necesita buscar citas para completar su discurso. Para ello el narrador principal recurre a un historiador musulmán llamado Cide Hemete Benengeli. Este procedimiento claramente dialógico y de cruce de voces, muy usado en la novelística contemporánea es anticipado visionariamente por el genio Cervantino como desafío abierto a los planos de narración y a la concepción clásica y armoniosa de la forma cultural y política que es la novela.

En la misma medida, hay que destacar como el prólogo del Quijote no se queda atrás en aquellos juegos que buscan desmitificar la unidad de sentido del texto. Aquí la trasgresión nos remite a la totalidad de la obra y a una lectura bajo una óptica cínica y descreída tanto en lo relativo a la forma del texto como a su contenido, pues todo lo que en un principio el escritor nos dice en este umbral, que el Quijote no será, se desdice en la práctica.

Tozudo y contra-arquetípico su afán creativo se orienta a presentar una novela plagada de derroches barrocos, explotación satírica y absurda de aquella majestuosidad helénica y latina, pomposidad culterana que en principio ataca y de la cual reniega airado pero que ante el consejo y orientación de un amigo, diálogo afectuoso y sentido que también nos presenta el prólogo, Cervantes no duda en incluir en su particular estilo a lo largo y extenso de toda la obra. Por ello los sonetos dedicados a los personajes incluido Rocinante, los metatextos; pequeñas novelas ejemplares que interrumpen y discurren a la par del viaje del Quijote y Sancho, muchas veces insertas y con gran injerencia sobre la trama central, las alusiones topográficas, los refrenes del escudero, las citas en lenguas muertas, los intertextos y alusiones a múltiples obras en capítulos como el escrutinio de la biblioteca del protagonista, en que entre muchos clásicos se menciona a la Araucana de Ercilla, en definitiva una suma de elementos que crean un universo complejo y autónomo asentado en la palabra y aún así capaz de influir y golpear al llamado mundo real.

Debemos destacar en torno a aquel diálogo ficticio con su amigo, como Cervantes se aprovecha de introducir una bofetada al siglo de oro y sus lumbreras, pues en las páginas, descarnado el español expone de qué manera ridícula y simplona el creador dará uso y rienda a semejantes formas, imitando a quienes en su tiempo ponen una cita de Aristóteles o el nombre de un gigante de la Biblia a fin de engrosar su pretendida sabiduría.

Al respecto, se ha señalado históricamente la disputa de Cervantes y Lope de Vega y como los prólogos y los Quijotes apócrifos eran mecanismos en su disputa, más allá de lo anecdótico, lo destacable es como Cervantes hace de su obra tanto en lo que atañe a la locura del Quijote como en la forma en que esta se nos presenta, un gran universo que de forma sutil conversa y rebate a la novela como instrumento del hombre y su cultura, provee una visión panorámica de su tiempo y contemporáneos, sus crisis, anhelos y como se maneja la tradición, los usos clásicos, el ideal y utopía renacentista frente a los cambios de la época que desembocaran en un extenso y nutrido periodo conocido como barroco. La vanguardia y experimentación técnica no le son ajenas y la ironía, uno de los más fecundos medios de derribar verdades impuestas como absolutismos y esteriotipos, hacen del ingenioso prólogo del Quijote un mapa interpretativo de la novela que nos remite de modo ambiguo al autor, a su falta de sapiencia, a su desinformación o más bien, intencionada burla de quienes por voluntad se someten a su juego y penetran al mundo relativista del antihéroe mesiánico que luego de cuatro siglos aún cabalga por entre la realidad y la ficción asombrándonos.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

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UNA CUESTIÓN DE PERROS

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GOMBROWICZIDAS


UNA CUESTIÓN DE PERROS

por Juan Carlos Gómez

Hace más o menos dos lustros, Eugenio Noworyta, mejor dicho, el Camaleón, por aquel entonces Embajador de Polonia en la Argentina, en el medio de una conferencia muy seria que estaba dando en el Centro Naval de Buenos Aires, relató la historia del encuentro de dos perros, uno checo y el otro polaco. Los pichichos se encuentran en la frontera, el perro checo está bien alimentado y va camino de Polonia, al perro polaco se le ven las costillas y va camino de Checoslovaquia: –¿Adónde vas, pregunta el perro checo; –Voy y a ver si puedo comer algo, ¿y vos?; –Voy a ver si puedo ladrar un poco.
Porque les damos de comer y por su instinto altruista los perros polacos, los checos y todos los demás perros han llegado a tener un gran afecto por nosotros al punto que, según se dice, no hay hombre por más ruin y miserable que sea que no lo pueda querer un perro una mujer.

Los terratenientes tienen en general una buena relación con los animales, a Gombrowicz lo alcanzan las generales de la ley, es una predisposición que paradójicamente humaniza el carácter de los hombres, como también le ocurría a Bioy Casares.
Gombrowicz era muy tierno con los gatos y con los perros. En cierta oportunidad en que le había pedido ayuda a dos jóvenes señoritas para pasar al francés la versión española de "El casamiento" les pagó con siete gatitos que había encontrado en la calle; también dio muestras de una gran congoja cuando murió el perro de la Frau Schultze, la encargada de la pensión de la calle Venezuela.
Cuando apareció "Ferdydurke" en la Argentina Gombrowicz se convirtió en el editor de una revista literaria a la que le puso el nombre de "Aurora", se tiraron cien ejemplares del primer número que, lamentablemente, también fue el último.

Era un panfleto humorístico, una sátira en la que se burlaba a la manera estudiantil de Borges, Capdevila, Larreta, Barletta y Victoria Ocampo, un libelo en el que observé por primera vez cómo Gombrowicz separaba el texto en partes con anuncios publicitarios caninos.
"Un perrito blanco lanudo, y bien alimentado"; "Se busca perro grande para achicarlo"; "Un perro lindo y grande con cachorros y dos perras"
Gombrowicz pasaba así de la seriedad de la aparición de "Ferdydurke" en el continente Sudamericano, a la ligereza de las intervenciones caninas.
Es indudable que con esta intervención de los perros Gombrowicz nos quiere provocar la risa.

Reír resulta agradable porque nos satisface el triunfo del conocimiento intuitivo, la forma natural del conocimiento inseparable de nuestro ser animal, sobre el pensamiento abstracto.
Nos agrada comprobar que el pensamiento es incapaz de comprender todas las variantes que presenta la realidad, es placentero ver perder a la razón de vez en cuando, un dominio severo, perpetuo y molesto. Gombrowicz mezcla la seriedad con la ligereza para hacernos reír a nosotros y para provocarse la risa a sí mismo.
Un canon que aparece en los diarios y que Gombrowicz utilizaba sistemáticamente era el de hacer seguir la ligereza a la seriedad y viceversa, para satisfacer este principio a veces recurría a los perros.

"Mi perorata sobre la problemática contemporánea la di ayer (...) ¡Dios mío!, hablaba como hablan hasta los más célebres, es decir, simulando que me sentía como en mi casa, que aquello era para mí pan comido, cuando en realidad cualquier cuestionario indiscreto me hubiera dejado desarmado"
Después de esta memorable intervención de carácter intelectual en una charla magistral que había dado a los estudiantes de Santiago del Estero, rematada con una persecución vana que le hace a un muchacho indígena por las calles de la ciudad, aparecen unos pichichos que le dan título a una serie de pensamientos bastante serios.
Se refiere a los abogados y a los ingenieros, a los que ve como naturalezas vulgares condenados únicamente a la ciencia, todo lo demás era para ellos una tomadura de pelo de la que tenían que defenderse para no ser engañados.


Se refiere también a sus alumnos de filosofía a quienes previene de su falta de seriedad, pues era un bribón al que le gustaba divertirse y burlarse de los alumnos y de sus enseñanzas. A que su exceso de inteligencia e imaginación lo llevaba a la estupidez puesto que nada resultaba para él demasiado fantástico. A que el arte sólo le teme a la tibieza, un apotegma fundamental en las concepciones de Gombrowicz. Y por último saca la conclusión de que tiene poca resistencia para sus angustias, una debilidad que le dificulta la entrada a un ascensor o la subida a un tranvía. La imaginación le hace aparecer los tormentos del momento con un aspecto insignificante, antes de llegar a ser verdaderos tormentos. Esta manera de acercarse al dolor, piensa Gombrowicz, corroe el valor como los gusanos a la madera.

A cada una de estas reflexiones más o menos serias las acompaña con sendas publicidades para perros.
"Perrito mojado o sólo húmedo a elegir"; "Perrito blanco, sabroso, bien nutrido"; "Cambio perro negro mordedor por dos viejos"; "Perro mojado y gordinflón"; "Los perros se mordisquean en la canícula"
En ese panfleto humorístico al que dio en llamar "Aurora" también utiliza a los perros para atacar la responsabilidad por la palabra.
El escritor Hipólito Alonso Pereiro estaba escribiendo a máquina la primera página de su novela en la que un mucamo le pregunta a la señora si había ordenado llamar el coche. Cuando Matilde le estaba diciendo que sí, pero que no había ningún apuro, en vez de pero, y por error, a Pereiro le salió perro.

Un escritor con menos fuerza de carácter hubiera corregido el error, pero Pereiro era consciente de su misión y aceptó con responsabilidad la palabra que había escrito: –¡Perro, insolente perro! Y esta respuesta de Matilde obligó al pobre Pereiro a modificar la respuesta del mucamo: –Si yo soy un perro, entonces usted, señora, es una pera.
Este nuevo error que se le deslizó en el teclado de la máquina, pues en vez de perra escribió pera, lo obligó a cambiar otra vez : –Si yo soy un perro, entonces usted es una pera perra, una perra pera para mí, señora, porque sepa que a mí me gusta la bruta.
Quiso decir fruta pero ya era tarde: –¡Ah, soy bruta, que me muerda si yo soy bruta! Había querido decir muera: –¿Morderte? ¡Con pusto!; –¡Infame, sos coco!; –¡La Coca-cola es usted!; –¡Lococo!; –¡Co-coco, cocococo!

Dos gombrowiczidas, uno peruano ( Daniel Rojas Pachas ) y otro español ( Conrado Arranz ), recientemente ingresados al club, se han acercado a nosotros moviendo la cola razón por la que me he visto obligado a motejarlos de Perro Uno y Perro Dos, en ese orden.
El aspecto de estos dos perros que se observa en las fotos de este gombrowiczidas es noble y generoso, a ellos dos les consagro entonces esta historia verdadera.


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Anverso Literario: La batracomiomaquia

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La batracomiomaquia o miobatracomaquia, que significa la batalla (maquia) de las ranas (batraco) con los ratones (mio) o viceversa, es un breve canto de 300 versos aproximadamente y que en su tratamiento paródico procura imitar las épicas luchas y aventuras narradas por Homero, es por ello que la cómica canción a la que algunos se refieren bajo el epíteto de disputa estupida, se suele atribuir al griego como una obra de su juventud que precede a sus clásicos, la Iliada y Odisea. Opiniones más moderadas señalan que este texto cuyo origen aproximado data del siglo II o I a.c, sería más bien creación de algún Homérida, familiar o amigo, imitador y seguidor del ciego genio.

Como en las fábulas, la batracomiomaquia se distingue de sus hermanos mayores por que toma como protagonistas a animales, ranas y roedores que con excéntricos nombres como: Roejamones o Andaentrecoles, Lodoso o Juncalero, juegan en su bucólico ambiente, una ciénega y campiña, el rol de héroes; detentan complejas personalidades, psicologías y conductas atribuibles al ser humano.

Bajo ese contexto, el ingenioso poeta desarrolla un conflicto armado entre dos pueblos, en este caso, el de los batracios y roedores, gesta que fácilmente podemos debido al manejo de los recursos estilísticos y la presentación de la historia, homologar a la batalla desarrollada en los lindes de Troya, entre el ejercito de Príamo y los furibundos Aqueos, encabezados por el fiero Agamenón y el pélida Aquiles.

Sin embargo, aquí las causas de la guerra distan de estar marcadas por el rapto de una bella doncella o la ambición expansionista de un rey. Como en los clásicos, el canto se inicia con un ruego al coro en busca de inspiración para dar inicio y cuenta de los trascendentales hechos.

Al comenzar esta primera página, ruego al coro del Helicón que venga a mi alma para entonar el canto que recientemente consigné en las tablas, sobre mis rodillas —una lucha inmensa, obra marcial llena de bélico tumulto—; deseando que llegue a oídos de todos los mortales cómo se distinguieron los ratones al atacar a las ranas, imitando las proezas de los gigantes, hijos de la tierra.

Ante la insignificancia de los personajes y el tratamiento ampuloso de la obra, se cierne lo que podríamos denominar el primer contra esteriotipo. Una recontextualización de lo que el lector espera en una gran trama épica. Rápidamente nos enteramos de los pormenores que dieron origen a la lucha. La historia se urde en torno a una venganza y justa reivindicación exigida por los roedores, debido a lo que ellos consideran una traición, la muerte azarosa de su rey Hurtamigas a manos del plenipotenciario de las ranas, Hinchacarrillos. Ambos sumidos en una discusión ensalzan sus proezas y las bondades de su raza, convencido por las habladurías de Hinchacarrillos, Hurtamigas se dispone a cruzar el río montado en la espalda de la rana, una vez iniciada la travesía el roedor se arrepiente pero es demasiado tarde, ante la intempestiva aparición de una hidra, Hinchacarrillos decide escapar sumergiéndose, sumido en el trance olvida a su compañero de viaje, que de forma inevitable se ahoga, empero antes de morir consumido por las aguas, en un tono sumamente retórico el roedor exalta a los dioses Olímpicos a que maldigan a las generaciones venideras de batracios y hagan honor a su absurda muerte. Un testigo y congénere de Hurtamigas presencia el funesto accidente y sirve de emisario ante su pueblo de las tristes nuevas, ante el inminente conflicto, los olímpicos se reúnen en un consejo, y deliberan sobre su participación. De gran comicidad resulta la forma en que Atenea exhorta a sus compañeros del Partenón a mantener la neutralidad por la repulsión y denuedo que ella siente hacia los roedores, las frívolas causas de una de las más sabias diosas, tergiversa por completo la suntuosidad con que se ha caracterizado históricamente a los Olímpicos, burlándose certeramente de la actitud que presentan en los grandes poemas, al mostrar sus favoritismo y muchas veces irracional rencor hacia los héroes y pueblos.

La forma en que Héroes combaten y mueren, ranas y roedores, en actitudes que se debaten con la de cualquier personaje del Cantar de Roldan, resulta en extremo gracioso. Por tanto, sea o no de Homero, esta obra sin duda tiene un gran valor debido al tratamiento formal que hace del hexámetro, forma métrica que se combina al virtuosismo empleado para desvirtuar de forma deliberada y con humor negro, aguda ironía y sagas visión; un estilo que ha llegado hasta nuestros días como parte de lo más grandioso de la literatura occidental. La genialidad que la batracomiomaquia despliega en sus páginas nos permite aseverar que estamos ante otra cima de la literatura, una exquisita deformación y parodia, que más allá de su antigüedad y síntesis, mantiene una vigencia capaz de comunicar, entretener y sorprender tanto al público masivo por su fresco y rápido uso del lenguaje como al exigente lector moderno, familiarizado y adepto a los clásicos.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.

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Semblanzas Profundas: Las Moscas de Sartre.

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Dentro de las interesantes revisiones que se han hecho de los mitos griegos encontramos la perspectiva existencialista que el filosofo francés Jean Paul Sartre dio a la historia de Electra en su pieza dramática Las Moscas. Antes de referirme a esta versión publicada en el periodo de postguerras, durante el siglo recién pasado, es importante recordar los hechos que acompañan a esta heroína desgraciada que previamente fuese retratada desde múltiples miradas, por los más importantes escritores de tragedia griegos, Esquilo, Euripides y Sófocles.

La agónica vida de esta humillada hija de reyes, nos habla en primer lugar de su padre y la gloriosa gesta que Agamenón, el rey Atreida, emprendiese ante el rapto de la bella Helena, a manos del príncipe troyano Paris. Al ser regidor plenipotenciario de los Aqueos y hermano de Menéalo (el esposo ofendido) tanto por una obligación fraterna como por ambiciones expansionistas, Agamenón debió acompañar y liderar las huestes, Griegas siendo parte agonal dentro de una de las empresas bélicas más trascendentales en la formación cultural y social de occidente.

La guerra lo enfrentaría a Príamo y a su legendario hijo Héctor, el domador de Caballos. El épico canto de Homero, La Iliada nos entrega pormenores sobre el actuar de Agamenón y detalla la astucia de Ulises en otra de sus obras cumbres, la Odisea, en la cual el rey griego, no deja de jugar un papel importante al interactuar con el navagente de Ítaca en su descenso a los infiernos y narrarle su infausta suerte y educarlo sobre la responsabilidad vital del hombre en su trato con los otros y su comunidad.

Empero, los hechos que desencadenan la historia de Electra, ocurren fuera del campo de batalla y lejos del terreno de las aventuras míticas, mas bien en la intimidad familiar. Una vez triunfante y de regreso al hogar, en lugar de un cálido recibimiento y loas, el Rey nieto de Pelope, encuentra el frío toque de la traición, siendo asesinado de forma falaz a manos de su mujer Clitemnestra y el amante de la misma, el conspirador Egisto.

Las formas en que se comete el asesinato, cuanta responsabilidad cabe a Egisto o Clitemnestra en el hecho de sangre y las causas: “celos y despecho hacia Cassandra, amante de Agamenón obtenida como botín de guerra, meras ansías de poder, o venganza por el sacrificio de su hija Ifigenia en honor a los Dioses”, cambia de acuerdo al autor que toma el mito. Lo que no varía es el resultado del crimen y la suerte que corren dos de sus hijos, Orestes y Electra, a Crisótemis no la menciono, por su escasa participación y por el tratamiento indulgente que se le hado con respecto a su visión del crimen materno. En cambio el varón y menor de los cuatro hijos, Orestes y la fiel y vengativa Laódice, mejor conocida como Electra, encierran una preponderancia mítica e incluso psicoanalítica en cuanto a su actuar matricida.

Del comportamiento de la última se desprende la teoría de Jung sobre el complejo de Electra, par opuesto al planteado por Freud para el desarrollo de la sexualidad del varón en base a la tragedia del Tebano Edipo.

Mas volviendo al tema que nos llama, lo que en definitiva cuentan las versiones mayoritarias en torno a la suerte de los herederos de Agamenón, si bien varía en el trato y estilo de cada dramaturgo, se mantiene dentro de ciertos límites que podemos detallar brevemente. Orestes fue salvado de ser muerto siendo un infante, en algunos casos por la misma Electra en otros por una nodriza fiel. La amenaza que se cernía sobre su inocente ser, eran las ínfulas del maquiavélico Egisto, que había planeado eliminar la descendencia de su enemigo para evitar se cumpliera la profecía de su muerte y la de su cómplice, a manos de los hijos de está.

Una vez seguro en el monte Parnaso, donde el rey Estrofio se hizo cargo de criarlo, Orestes madura y se vuelve un campeón, y una vez cumplida la mayoría de edad, impelido por el oráculo de Delfos, retorna para cumplir su violento sino, reencontrar a su hermana y liberarla de su humillación. El haberse convertido a vista y paciencia de la madre en una sirvienta del nuevo reino, en otros casos su rol es el de una exiliada del hogar paterno que debe ver con humildad y resignación el adulterio materno.


Situación ominosa que sufre un quiebre una vez que se reúnen los hermanos, pues maquinada su extrema reposición de justicia, la pérfida esposa y madre y su ladino amante se vuelven el blanco de un sangriento ataque, Orestes y Electra de esta forma pasan a ser instrumentos de una justicia primitiva, fraguada por los Dioses y terminan como seres culposos, perseguidos por las Erinias, personificaciones femeninas de la venganza, que acechaban de manera perenne a los criminales. Como una metáfora viva y tormentosa de la conciencia, los hermanos, cualquiera sea la versión griega revisada, aceptan estoicos el acoso de estos espíritus esperpénticos como pago a su destino infame. El predeterminismo de los dioses se traduce en un vagar que acepta el crimen como un acto consciente pero jamás libre, pues a este, nunca se pudieron oponer con voluntad férrea. El acto como las consecuencias se asumen producto de un poder superior, la sumisión se comparte como un acto de mala fe para el cual se nace, en términos naturalistas, ellos heredaron la culpa de sus progenitores para sucederla y preservarla hasta el fin de sus días y el comienzo de los que vendrán a reemplazarlos, pues Orestes luego de su crimen y expiaciones, iniciaría relaciones con una descendiente de Egisto, a la cual a su vez él deberá matar, para no repetir el error del asesino de su propio padre: Dejar respirando un vástago del enemigo.

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En este caso como en el de la tragedia Edípica, la fuerza del destino es el principal actante opositor de los protagonistas, una fuerza inconmensurable y omnipotente que desde su mirada existencial, Sartre logra re-edificar a fin de exponer su pensamiento humanista y liberador. En las Moscas queda patente su intención existencial en los diálogos de gran retórica que sostiene su versión de Orestes contra Zeuz, desafiando la voluntad patriarcal y esclavizante de un demiurgo que controla el destino y esperanza de sus súbditos de manera esencialista, por otra parte, están los monólogos finales de su diseño del personaje, que a diferencia del quedo y determinista de los griegos, acepta la responsabilidad plena de su crimen.

Antes de ese acto que le da sustancia por voluntad propia, Orestes se reconoce un títere, un ser sin conciencia arrastrado como una pluma por fuerzas externas, una guiñapo que delega culpas y excusas frente a cada acto realizado otorgando voz y poderío a motores inmóviles o mecanismos de decisión comunitaria instauradores y seguidores de normas.

La mera imposición de fuerzas foráneas, sea cual sea el origen de estas, sucumbe al interior del texto, su majestad es aplacada ante el grito personalísimo de emancipación del protagonista, su actuar en todo caso, se torna indeterminado y absurdo para sus pares, pero consecuente y veraz consigo, con su existencia que finalmente tiene un camino propio y verdadero que deberá desde ese momento en que se capta a si mismo continuar como una edificación perpetua. E ahí, la carga de existir para Sartre, y que Orestes descubre. Se trata de la agotadora tarea de definirse, solo, libre y responsable, día y a día. Podríamos en otras palabras decir que el Orestes de Sartre, tras su crimen, vuelve a nacer, o nace verdaderamente para sí, para como él se desea y realiza al abrazar su individualidad, su condición humana y precaria; pensar y sentir sin barreras, en que todo acto resulta vinculante, pues es una elección a comunicar a los otros, aquellos que incluso muchas veces no entenderán por miedo, por rencor o comodidad, frustrando tus esfuerzos.

Por ello, más allá de toda culpa sostenida por el paradigma griego, lo genial del Orestes existencial, es el asumir el peso integro de su proceder, la carga de las muertes, el haber blandido el cuchillo lo cual a su vez lo distancia y diferencia del pueblo de Micenas y su propia hermana Electra, que fiel a la visión clásica, no puede escapar del sino y es devorada por la facilidad de aceptar esa moral paralizante que facilista la relega a no asumir la carga de ser, pues opta por continuar en un mundo donde es menos complejo vivir con los ojos cerrados y de acuerdo a lo que todos piensan y sienten, mundo en el que cualquier acto de liberación incluso el más aberrante o genuino, cualquier reclamo o crítica, cualquier opinión que contradiga al pastor y su rebaño servil, al caudillo y su sequito zombificado, no pasara de ser más que una amenaza.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

Anverso Literario: Prometeo Encadenado.

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La historia del Titán Prometeo, protector de los hombres, burlador de Zeus y por ende víctima de la inflexiva cólera del predeterminista Dios del Trueno, sigue siendo dentro de la mitología universal, una de las metáforas más ricas en cuanto a extensión y vigencia de su contenido.

La tragedia ha sido ampliamente actualizada en su lectura, lo cual ha generado su revisión desde múltiples perspectivas, generando peculiares versiones; desde la clásica de Platón, Protágoras y Esquilo hasta las referencias fantásticas de Mary Shelley.

En poesía Lord Byron y Goethe han sido cultores del tema. Por su parte, Kafka, ya entrada la época moderna, parabólicamente hizo burla del tema con sumo descreimiento ante las formas tradicionales y su mantención y el nadaísta colombiano, Gonzalo Arango, en su obra teatral Prometeo desencadenado ha provisto al personaje de una postura contracultural e irónica.

La intediscursividad desplegada en torno al mito tampoco podemos obviarla. En pintura hay versiones de Dirck van Baburen, Peter Paul Rubens y de José Clemente Orozco entre otros exponentes de muy diversas épocas y estilos, similar panorama se aprecia en la música, opera y cine.

ddd.jpg En cuanto a extensión y esto, puede servir para explicar la pervivencia del mito; la historia abarca numerosas ramificaciones a partir de su trama central. En la medula del personaje y su proceder, hallamos inmortalizada y en un primer plano, la rebeldía del hombre ante los dioses, ante el conocimiento superior y en tal medida, lo que brilla es el ansía de libertad y crecimiento intelectual, perpetua búsqueda del conocimiento y saber. Casí de forma obsesiva esta tarea se extiende como una superación de nuestros maestros y padres, tendencia que ha llevado a los psicoanalistas a igualar la conducta de Prometeo dentro del ámbito meramente intelectual, con la patología Edípica.

Sin embargo, la proyección del Dios benefactor de la humanidad, no se agota en esos páramos. A través de su conducta y entorno, se pretende explicar también el origen de la humanidad y las especies, las diferencias en cuanto a los atributos animales y humanos y al mismo tiempo, dentro de está línea genésica, se puede vincular esta parte de la mitología Helénica a figuras y hechos fecundamente asentados en el inconsciente colectivo y cultural de la humanidad: El pecado original, la expulsión del Paraíso, el primer hombre y mujer e incluso el diluvio. Y es que dentro de los castigos que la humanidad sufre producto de la cólera divina, se halla retratado junto a Prometeo y sus descendientes, específicamente Deucalión, un gran aguacero que sepulta por completo a la civilización, excepto a una pareja. Par compuesto por el mentado hijo del Titán y su mujer Pirra, llamados a repoblar al mundo. Esta especie de Noe, goza del cuidado y sabiduría de su desafiante y rebelde padre.

Por otra parte, esta vez en torno al pecado original y el origen del hombre y la mujer, el mito comparte con otros de origen sumerio como Gilgamesh y el relato bíblico per se, aquel falologocentrismo propio de las sociedades que buscan explicar desde el patriarcado, el pecado original, atribuyéndolo única y exclusivamente a la mujer. En este caso, el descenso humano de un estado utópico, tal como ocurre en la expulsión del paraíso, viene de la mano de Epimeteo, especie de Adán, e ingenuo hermano de Prometeo que ignora las advertencias que el benefactor de los hombres le hace frente al carácter ladino y vindicativo de los Dioses y sus interesadas dádivas. Así es como entra en escena Pandora y su caja o ánfora, que contiene todos los males y vicios que azotaran a la humanidad.

Está mujer, forjada a petición de Zeus, tal como Eva, es el instrumento para castigar la desobediencia humana por querer saber más que el creador, por morder del árbol de la ciencia, en este caso, la osadía del titán consistió en hurtar del Olimpo el fuego que estaba en manos de Hefesto, dios de la forja. En otros casos, dependiendo de la versión el fuego es tomado del carro de Helios o incluso Apolo. Además de este crimen a favor de la humanidad, se enumera el robo de las Artes que se realiza en contra de Atenea, a fin de equiparar la condición desvalida del humano antes sus pares, animales que poblan la tierra. La cólera del Portador de la Égida sobre Prometeo y sus protegidos es suprema, si se considera que otra de las burlas atañe directamente a su ingenuidad. Zeus, el Padre de los dioses, en una ceremonia alimenticia consagrada por los hombres en su honor, recibe en lugar de la suculenta carne, huesos que Prometeo consciente de la avaricia del creador, cubrió de pellejo y grasa para despistarlo.

De esta manera, la figura del Dios benefactor se opone a la del tirano e interesado Demiurgo que exige tributos. Su figura se impone recalcitrante y anarquista, desestructurante y solidaria ante jerarquías y poderes superiores, siempre en clara rebelión y con una voluntad de libertad que no esta exenta de perjuicios y responsabilidad, su castigo, es permanecer eternamente atado a la intemperie, asido a una roca ubicada en los confines de la tierra, el Caúcaso, sufriendo el ataque de un águila gigante que devora su hígado, órgano que se regenera durante la noche para continuar de la misma manera, sumido en esa diabólica rutina de dolor diariamente. Algo similar a lo que ocurre con Sísifo y su piedra, otro burlador del poder divino que debe arrastrar hasta lo más alto de una montaña un gran peñasco redondo, que al termino de la faena rodará a las faldas para volver a empezar. Este último mito, tomado por Albert Camus como muestra del absurdo existencial, revela la riqueza filosófica de la mitología, así mismo Prometeo y su accionar, quieren y consiguen indistintamente explicar las condiciones en que nos hallamos, ya sea por voluntad o determinación y en constante agonía, algunas veces con esperanza en otras con indiferencia depuestos y arrojados a la inagotable tarea de ser.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en Cinosargo

Semblanzas Profundas: La Odisea de vivir.

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El escritor cubano Alejo Carpentier, contó una vez en una entrevista, que durante sus viajes de documentación por la selva americana, espacios donde el autor conoció la verdadera magia y maravilla de la creación o en términos más apropiados y cercanos a su prosa y estilo, concibió el poder de lo real maravilloso; se topó como parte de esa esfera de lo cotidiano e irracional amalgamados, a un particular aventurero que llevaba entre sus pocas pertenencias, una copia en griego de la Odisea, la cual leía de forma sacramental, todas las noches frente al fuego, en voz alta y abrigado por aquel insondable vació incierto que es la espesura verde del amazonas.

Al pensar en la anécdota, en lo peculiar de aquel solitario aventurero lector del clásico Homérico, se vislumbra desde otro ángulo la trascendencia de aquel libro, de su contenido inagotable, capaz de seguir comunicando y alimentando el espíritu de cada potencial lector llamado a actualizar sus páginas y entre aquellos viajeros de carne y hueso, dispuestos a emprender la travesía junto a Ulises y Telémaco, hallamos desde luego, a un Carpentier, que sin duda, conoce bien la realidad del viajero, su sufrir y gozar, tarea que él mismo experimentó, bien como hombre ávido de conocimiento así como fabulador, en su rol capaz de promover y motivar, geniales obras, las que de una u otra manera, sus lectores reconocemos como formas múltiples de afrontar el viaje, basta con pensar en títulos como: El Arpa y la Sombra sobre uno de los viajeros más famosos, Cristóbal Colón, o el Reino de Este mundo que expone el viaje de crecimiento y liberación de Ty Noel, o Concierto Barroco, un viaje por el mestizaje cultural de nuestro continente y que tal Guerra del tiempo, que contiene peculiares viajes como la inversión temporal de Viaje a la Semilla, el carnavalesco y circular Camino de Santiago o la heteroglosia y eterno retorno que comunica un mismo viaje continuo en muchos tiempos, presente en Semejante a la Noche, en fin, el poder de la voz Homérica es ineludible influencia en la literatura, en la reescrituración y palimpsesto que ha sufrido como texto y en general como parte integral de la cultura al ser espejo de la vida y revelador de uno de los más grandes dilemas universales del hombre.

Y es que la anécdota que el cubano nos da a conocer con un hecho tan curioso y sencillo, a mediados del siglo pasado, sea o no verdad, el que haya existido un misterioso errante recitando en la oscuridad de las noches selváticas a Homero en su idioma nativo, nos brinda con una lucidez increíble e imagen poética, a riesgo de ser majadero en esto, el sentido grandioso que cobra el tema del viaje, para el hombre.

El viaje, verdadera metáfora de nuestra existencia, explica un estado perpetuo y angustioso de descubrimiento, rencuentro y transformación. Inherente condición de la llamada realidad humana y su tarea agotadora de ser. Todas perspectivas y dimensiones presentes sin duda en la epopeya Helénica que versa sobre Ulises u Odiseo, astuto héroe de Itaca que lucha contra los dioses y hombres en busca del ansiado regreso al hogar, tras haber triunfado por sobre las huestes Troyanas bajo el comando del rey Agamenón (Hechos previos cantados en la Iliada).

El libro por mérito propio, es la gran aventura, su nombre por algo ha pasado a ser una alegoría de las empresas extenuantes e inagotables que enfrentamos. Pues Ulises, Penélope su fiel esposa y Telémaco, su hijo orgulloso, así como todos los circundantes, Nausica, Poseidón vengativo, Polifemo, Circe o los pretendientes, revelan mucho de la psicología humana, de la traición, lealtad, lujuria, deseo y compasión que derrochamos, como opositores o ayudantes, como anfitriones u obstáculos para los objetivos de los que nos rodean, de ese otro que tiene muchos rostros.

Y en ese proceso de descubrimiento, de viaje que enfrentamos como testigos y participes de la obra, un pasaje digno de destacarse, es el método mayéutico que vive el personaje principal al descender a las profundidades del Hades, aconsejado por la hechicera Circe. En ese canto, que establece vasos comunicantes con la obra de Dante, la Divina Comedia. Homero, nos revela una de las tareas imprescindibles para todo ser humano, el autodescubrimiento, y la reflexión que ante la muerte, ante la precariedad de nuestro ser, y la separatidad, angustia que Fromm señala es parte de nuestra conciencia del desamparo y finitud y que tarde o temprano debemos hacer frente o negar de mala fe.

Ulises en aquel pasaje, descubre al entrevistarse con quienes combatieran a su lado y fuesen traicionados, como su Rey Agamenón al llegar a casa y ser asesinado por su esposa Clitemnestra y el amante de esta, el usurpador Egisto, el sentido último de la lealtad y el pago de nuestras acciones y delitos; la responsabilidad que pesa sobre nuestras decisiones, así mismo, no es menor el adiós a los seres queridos el tema de la memoria, del dolor de la ausencia y el desagarro de partir, como queda descubierto cuando se entrevista con su madre que Ulises, no sabía falleció, producto de su partida a la guerra y finalmente a través de su objetivo primordial, charlar con Tiresias, sabio profeta que reveló a Edipo su destino trágico, el héroe aprehende la fuente verídica del destino, de su verdad y la circunstancialidad que debe combatir con probidad siendo consecuente.

Por tanto más allá de la fantasía y los simbolismos, esta obra en cada canto y párrafo nos revela no sólo el viaje físico y heroico de experiencias y luchas increíbles, sino un movimiento interior del hombre, todo un proceso de crecimiento, de maduración y que no se agota en la voz de la figura central y masculina, sino que se renueva en la imagen de Telémaco, joven llamado a ocupar el rol de su progenitor, así como también, en el otro viaje a explorar y que ha sido retomado por Monterroso, Buero Vallejo, Denevi, entre otros autores, me refiero al camino espiritual de reflexión de convicción que debe surcar Penélope para mantenerse leal, más que por su marido y flaqueza, por ella, por su propia virtud, bondad y entereza.

En definitiva el viaje, presente en Ulises, en Carpentier y sus anécdotas, es el viaje en el proceso de escribir, de leer y vivir, lo cual simple y llanamente, nos mantiene respirando.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.






Anverso Literario: William Faulkner

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Al referirnos a la grandeza que experimentó la literatura norteamericana durante el siglo recién pasado, específicamente en su bullente renacer, gestado en el periodo de entre guerras, no podemos obviar la sureña y siempre elegante figura de William Faulkner.

Este escritor, nacido al interior de una tradicional familia del sur de Estados Unidos, Mississippi año 1897 y fallecido en Oxford en el 62; ha llegado por merito y una extensa y talentosa producción, que no sólo incluye Literatura sino además cine, a convertirse en una voz señera y emblemática de las letras inglesas y sin duda; en una directriz clave e ineludible para el diseño narrativo moderno y universal.

Su sello personal se compone de juegos temporales, uso magnífico de vasos comunicantes, fluir de la conciencia, monólogos e intuitivismo Bergsoniano, además de un enrevesado estilo; Erudito barroquismo que paradojal, se contrapone a la prosa de otro gigante de las tierras del norte, su contemporáneo, el parco Ernest Hemingway, ambos pertenecientes a la llamada generación perdida, ambos fumadores empedernidos y en gran medida, ambos educadores sentimentales de otro importante renacer, el latinoamericano, encabezado por los chicos del boom, Llosa, Cortázar, Fuentes y Gabo y sus coetáneos antecesores, Rulfo y Onetti entre otros.

Faulkner, cuyo apellido original fuese Falkner, consigue con su fabulación y creación de amplísimos mundos literarios, exponer castas desechas, familias y poblaciones que aún pagan el precio de la esclavitud y los estigmas de la guerra civil.

A un nivel más personal e íntimo, en los personajes del sureño hierven las pasiones irrefrenables, la lujuria contenida, la violencia gratuita y desbocada. Vasta con pensar en Popeye de Santuario y la relación tortuosa y ambigua que se fragua entre este, salvaje y asqueroso, frente a su víctima Temple Drake. Pasajes similares, y tan altas cuotas de desarrollo en las profundidades de una relación confusa y extrema en que se debate una grave desintegración moral, sólo serían retomados con potencia y brutalidad convincente, por Lynch en Twin Peaks, al crear a su femme fatale y al mismo tiempo, cándida señorita, Laura Palmer.

No es de extrañar entonces la gran gama de temas que comprenden las páginas de Faulkner, con un ritmo abismal, estas se corporizan entre muchas formas, a través de la ignorancia y sentir opaco de aquella masa informe llamada comunidad, al interior de esta, la represión legal, actúa como una de sus primordiales armas y a la vez, gatillante de funestas consecuencias: El hampa, bohemios círculos, y tráfico, tal como ocurrió con la ley seca y las prohibidas destiladoras de whisky. En contrapartida, los procesos públicos, los juicios e incluso linchamientos, buscan reponer a la fuerza la cordura, limpiar las consecuencias de ese incomprensible mal que todos llevamos dentro, y en lo posible, gestar una catarsis que implica un moderno ritual de inmolación y sadismo; la paz a través de la sangre, de manera que, la burocracia kafkiana, se vuelve un tipo de expiación social, un limpiador de consciencias que quiere purificar a través de la pena capital o el destierro.

La forma inaudita en que estos elementos se vinculan, es otro innegable punto a valorar, en el universo Faulkneriano, en sus dramas psicológicos y sociales: Mientras yo agonizo, El sonido y la furia, Sartoris, Santuario, Los mosquitos y muchos otros, la realidad se nos revela desde diversos ángulos, en esa medida, el creador propugna en sus obras, y quizá esto es lo que las hace inaccesibles para el lector domesticado en torno a la linealidad, una perspectiva múltiple con focos que se contraponen o complementan muy de cerca, en la mente de los participes o en apariencia desvinculados. Por tanto el mismo hecho, contado desde cada posible mirada, tiempo y voz, alimenta la polifonía y polisemia, que abiertas están al servicio de la diégesis (historia). Sólo así se enriquece la atmósfera, aquella caldera de vanidades y decepciones con que se combate día a día en una melodía agria en que el patetismo y el desamparo, cubre altas dosis de la crudeza intrínseca del hombre y sus heredades.

Como creador, Faulkner cosechó importantes logros, llegó a ser un especial residente de la prestigiosa universidad de Virginia, ganó el Pulitzer y en 1949 el Nobel, pero por sobre todo, dejó patente el poder de la literatura y la imaginación como fuentes evocadoras y materializantes de una realidad que aunque ausente, y sólo capaz de cobrar vida en las infinitas lecturas que de ella se hagan, se concibe autónoma, verosímil, impredecible, consciente y capaz de desafiar, performativamente la precaria constitución de lo mal llamado verdadero, o simple y llanamente, concebido como mundo real. De allí la vinculación fundante con la generación irrealista de nuestro continente. Si pensamos y se experimenta Macondo de Márquez o Santa María de Onetti, no podemos ignorar Yoknapatawpha, aquel ambiente imaginario del sur, creado que el autor creo teniendo como modelo el condado de Lafayette, Mississippi. En ese ambiente, se enclavan su decadentes historias de familias intransigentes, sus gran mundo oscuro de fuerzas brutales que se despedazan, arrastrando apellidos, linajes, diferencias sociales, raciales, prejuicios sexuales, amalgamando entre pecado y redención de connotaciones bíblicas, una estética que nos habla de su mentor, Sherwood Anderson, autor de Winesburg Ohio y todos los otros grandes de la literatura norteamericana a la que siempre Faulkner estuvo receptivo y atento: Melville, Emerson, Hawthorne y Poe, por ello, sin vacilación, es posible afirmar que el poder de la prosa Faulkneriana se prolonga inaudita hacia el futuro sin abandonar lo mejor del pasado.

Autor: Daniel Rojas Pachas.

Publicado en: Cinosargo.


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Semblanzas Profundas: Los reyes de Julio Cortázar

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EL CONOCIDO MITO DEL MINOTAURO, CRIATURA FANTÁSTICA MITAD HOMBRE MITAD TORO, ENCERRADA EN EL LABERINTO DEDÁLICO A PEDIDO DEL REY CRETENSE, MINOS, HOMBRE DE PODER Y AMBICIÓN QUE PRETENDIÓ OCULTAR EN LA MARAVILLA ARQUITECTÓNICA DE SU CAUTIVO INGENIERO DÉDALO, LA VERGÜENZA DE SER PADRE, MÁS BIEN PADRASTRO DE SEMEJANTE ABERRACIÓN; NOS HABLA ACERCA DE LA SOBERBIA Y EL ANHELO DESMEDIDO DE PODER, POR ENCIMA DE NUMEROSOS TEMAS QUE SE VINCULAN AL FOLCLORE GRIEGO ARCAICO, PRE-OLÍMPICO, PLAGADO DE COSTUMBRES QUE APELAN A LA DIVINIZACIÓN DE LA FIGURA TAURINA.

Y ES QUE, LO QUE EN UN PRINCIPIO, FUESE UNA DEBILIDAD PARA EL REGIDOR, TERMINÓ POR CONVERTIRSE EN ICONO DE POTESTAD E IMPOSICIÓN PARA SU REINO, AL SER EL INSTRUMENTO DE OPRESIÓN EN CONTRA DE LOS ATENIENSES, QUE COMO TRIBUTO DE GUERRA, DEBÍAN ENVIAR A JÓVENES, HOMBRES Y MUJERES A MORIR COMO ALIMENTO Y SACRIFICIO PARA EL MONSTRUO.

EL REY MINOS, AMBICIOSO Y LADINO REGIDOR, SOLICITABA INDISTINTAMENTE FAVORES A LOS DOCE QUE ACOMPAÑABAN A ZEUS, PORTADOR DE LA ÉGIDA, PARA LUEGO INCUMPLIR EN TORNO A LAS CORRESPONDIENTES LIBACIONES PACTADAS. PRODUCTO DE SU DESOBEDIENCIA, EL VINDICATIVO POSEIDÓN, DIOS DE LOS MARES QUE HICIESE LA VIDA IMPOSIBLE AL ASTUTO Y SAGAZ ULISES EN LA EPOPEYA HOMÉRICA, LA ODISEA, CASTIGO A MINOS, A TRAVÉS DE SU MUJER, PASIFAE. ESTA, VÍCTIMA DE UN DESEO INCONTROLABLE SOSTUVO POR INTERVENCIÓN DEL DIOS, RELACIONES PROHIBIDAS Y CONTRA NATURA CON UN TORO BLANCO DE SU CREACIÓN, MISMO QUE MINOS DEBIÓ SACRIFICAR EN HONOR AL OCEÁNIDA.

DE ESA RELACIÓN, NACIÓ ESTE MAGNÍFICO Y A LA VEZ ESPERPÉNTICO SER, QUE HA LLEGADO A NOSOTROS A TRAVÉS DE DISTINTOS MEDIOS Y REVISITADO POR NUMEROSOS AUTORES, DESDE QUE FUERA COMPENDIADO EN LA ENCICLOPEDIA DE APOLODORO. AL HACER UN POCO DE MEMORIA, RÁPIDAMENTE PENSAMOS EN LA CONOCIDA CASA DE ASTERIÓN DE BORGES, QUE NOS MUESTRA UN FILOSÓFICO Y APESADUMBRADO MINOTAURO, UN EXISTENCIAL MONOLOGADOR QUE SE COMUNICA CON OTRO REY ENCARCELADO, VIVIENDO UNA ONÍRICA DELUSIÓN, SEGISMUNDO DE LA VIDA ES SUEÑO DE CALDERÓN DE LA BARCA.

NO SE EXTRAÑAN TAMPOCO LAS VERSIONES FÍLMICAS COMO LA DEL NARRADOR DE CUENTOS EN SU SEGUNDA TEMPORADA, QUE ABORDÓ LAS MÁS CONOCIDAS TRAGEDIAS GRIEGAS, ORFEO Y EURIDICE, EL ESCAPE FRUSTRADO DE DÉDALO E ÍCARO, EN FIN, LA MANERA EN QUE EL TEXTO ORIGINAL HA SIDO RECREADO INTERTEXTUALMENTE, NO OMITE LAS VERSIONES ANIMADAS E INCLUSO LA APARICIÓN DEL ARQUETIPO DE MONSTRUO COMO VILLANO DE VIDEOJUEGOS. Y ESTO, PUES EN LA SEGUNDA PARTE DEL MITO, LA ACCIÓN INCLUYE LA APARICIÓN DE UN JOVEN LLAMADO A CONVERTIRSE EN HÉROE Y REGIDOR, TESEO, ATENIENSE PASTOR, PRIVADO DE INFORMACIÓN RELATIVA A SU ORIGEN MONÁRQUICO Y QUE UNA VEZ DESCUBIERTO SU LINAJE, COMPRENDE TAMBIÉN SU HADO.

SU DESTINO ESTA MARCADO POR LA MUERTE DEL MINOTAURO Y LA SUSTITUCIÓN DE SU PADRE EGEO TRAS LA DERROTA DE MINOS, PARA ELLO CUENTA CON EL APOYO DE ARIADNA, HERMANA DE ASTERIÓN PARA ALGUNOS PIADOSA Y SORORIAL DAMISELA QUE PONE FIN A LA FATALIDAD DEL TORO-HOMBRE, PARA OTROS, CÁNDIDA VÍCTIMA DE LOS ENCANTOS DEL PRÍNCIPE Y ENAMORADA TRAIDORA QUE VENDE EL PODER FAMILIAR, CUAL SEA SU MOTIVACIÓN, ELLA GUÍA CON SU CONOCIDO HILO LOS PASOS DEL JUSTICIERO POR LOS OLVIDADOS Y FUNESTOS RINCONES DE LA ENMARAÑADA PRISIÓN-HOGAR.

CONOCIDOS ALGUNOS ANTECEDENTES SOBRE EL ORIGINAL MITO, QUIERO REFERIRME AHORA AL PRIMER LIBRO DE JULIO CORTÁZAR, LOS REYES, UNO BASTANTE OSCURO O MEJOR DICHO UN TANTO OBVIADO DE SU BIBLIOGRAFÍA Y QUE “EN APARIENCIA” SE ALEJA DE SUS ACOSTUMBRADOS TEMAS, DIGO EN APARIENCIA PUES EN LAS PÁGINAS DE ESTA NOVELA, CORTA, QUE A SU VEZ, GOZA DE UNA FUNCIÓN APELATIVA PREDOMINANTE Y UN LIRISMO INTRÍNSECO, SE REAFIRMAN TEMAS IMPRESCINDIBLES PARA EL AUTOR. LAS PREOCUPACIONES DEL ARGENTINO FRENTE AL FASCISMO Y LA MUERTE DEL OTRO, ESA ALTERIDAD CASTIGADA POR PREJUICIOS Y LA INTOLERANCIA DEL QUE RECLAMA LA VIOLENCIA COMO ÚNICA FORMA DE COMUNICACIÓN.

LOS REYES, ES UNA HISTORIA DE PODER QUE RECUERDA EL MORBO GÓTICO MEDIEVAL EN QUE PAPAS Y REYES SE SUCEDÍAN EN FUNCIÓN DE CRÍMENES Y CONSPIRACIONES, LAS TRES FIGURAS QUE ENTRAN EN COLISIÓN SON REGIDORES, DE DISTINTAS INTENCIONES Y CALAÑAS, SIN EMBARGO REYES AL FIN Y AL CABO. E AHÍ, LA INTENCIÓN DEL TÍTULO.

EN TORNO A LAS FIGURAS REALES PODEMOS REFERIRNOS AL PRIMERO EN EL CARGO, MINOS, UN DECADENTE ANCIANO, TEMEROSO DEL DESTINO QUE TRAE APAREJADA LA FIGURA DEL SICARIO QUE SE APROXIMA A SU REINO CRUZANDO LOS MARES. AQUEL MERCENARIO GUERRERO, AFAMADO DOMADOR QUE VIENE A SU IMPERIO A MEDIRSE CON EL ÚLTIMO BASTIÓN DE SU SOBERANÍA, EL MINOTAURO.

PUESTO EN UNA POSICIÓN MUY CONTRARIA A LA QUE OCUPA EN LA DIVINA COMEDIA COMO REGIDOR DE LOS INFIERNOS, MINOS YA NO TIENE EL CONTROL DE SU IMPERIO, ESTA DISMINUIDO LO CUAL AUMENTA LOS ATRIBUTOS DE ESA FIGURA QUE SE IMPONE A FUERZA DE INSULTOS Y NARCISISMO. NOS REFERIMOS A TESEO QUE EN BOCA DEL PROPIO CORTÁZAR, ES UN PERFECTO FASCISTA. EL CRONOPIO TOMA LA IMAGEN CLÁSICA DE HÉROE Y SIN ALEJARSE DEL CONCEPTO QUE NOS HABLA DE ESTOS PERSONAJES MÍTICOS QUE ERAN CAPACES DE LOS ACTOS MÁS NOBLES Y A LA VEZ DELEZNABLES, TRAZA UN MODELO DE REY, DE CUESTIONABLE VALOR MAS NO DE VALENTÍA, PUES ES OSADO, INTRÉPIDO Y SIN EMBARGO, NO DEJA DE SER UN ASESINO, QUE PROCEDE AL ACTO VIL Y LUEGO CUESTIONA.

EL APASIONAMIENTO CIEGO DE TESEO, TIENE SU ANTAGONISMO, CATALIZADOR DE LA ACCIÓN, NO EN LA CARACTERIZACIÓN DE MINOS, QUE OPERA TAN SÓLO COMO UN COMPLEMENTO ADITIVO A LAS CARACTERÍSTICAS MAQUIAVÉLICAS DEL ATENIENSE, EL CONFLICTO LO DESCUBRIMOS EN EL LUGAR MENOS ESPERADO, EN EL CORAZÓN DE LA BESTIA, QUE MÁS ALLÁ DE SU CONTEXTURA Y TALANTE RESULTA SER UN POETA, UN ANFITRIÓN DIONISIACO QUE OPTA POR NO DEVORAR A LOS QUE SON ENVIADOS COMO VÍCTIMAS DE SU SUPUESTO SALVAJISMO, MUY POR EL CONTRARIO AL ESTIGMA DE LA IMAGEN, EL TORO LOS ACOGE Y FORMA CON ELLOS UNA UTOPÍA DE COMPRENSIÓN EN QUE SE ERIGE COMO PADRE, EPÓNIMO SABIO Y AMANTE DE LA BELLEZA, DEL CANTO Y LA CULTURA. INCOMPRENDIDA VÍCTIMA DE LA REPRESIÓN QUE TEME LO QUE NO ES CAPAZ DE ASIMILAR Y QUE POR TANTO LE ES PREFERIBLE ELIMINAR.

LA FORMA EN QUE EL AUTOR TERGIVERSA LA HISTORIA Y COMO DISEÑA DIÁLOGOS QUE BUSCAN EMULAR LAS ESTRUCTURAS CONVERSATORIAS DE LOS CLÁSICOS, NOS REVELAN A UN CORTÁZAR CAMALEÓNICO, SUMAMENTE TALENTOSO, DE AMPLIO REGISTRO Y RECURSOS NARRATIVOS Y QUE ANÉCDOTA APARTE, CONSTRUYÓ ESTÁ HISTORIA, COMO EL MISMO CONFIESA EN UNA ENTREVISTA EN UN CANAL ESPAÑOL, DURANTE UN VIAJE EN UN PEQUEÑO MICRO AL MOVILIZARSE POR LOS EXTRAMUROS DE LA CIUDAD ARGENTINA, "LLEGÓ A MÍ QUIZÁ COMO UN MENSAJE ARQUETÍPICO DE UN ANTEPASADO GRIEGO", INDICA ALUDIENDO SIEMPRE A SUS FANTASIOSAS Y ANTI-REDUCCIONISTAS FORMAS DE COMPRENDER LA REALIDAD QUE DETESTABAN LIMITAR EL PENSAMIENTO DEL HOMBRE A UN FEUDO SEGURO Y CONOCIDO, PODRÍAMOS DECIR, A UN LABERINTO LÚGUBRE DE COTIDIANIDAD, QUE NO ES COMO SE PODRÍA CREER, EL HOGAR DEL MINOTAURO, DISMINUIDO Y REFRENADO SER QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO, SINO ESA CÁRCEL MÁS GRANDE, ESA EXTERIORIDAD QUE EXPONEMOS E IMPONEMOS COMO INTOLERANTES TESEOS, CON LA MÁS IRREFRENABLE NORMALIDAD Y NORMALIZACIÓN.

AUTOR: DANIEL ROJAS PACHAS

PUBLICADO EN CINOSARGO.


MINOTAURO

CUANDO EL ÚLTIMO HUESO SE HAYA SEPARADO DE LA CARNE, Y ESTÉ MI FIGURA VUELTA OLVIDO, NACERÉ DE VERDAD EN MI REINO INCONTABLE. ALLÍ HABITARÉ POR SIEMPRE, COMO UN HERMANO AUSENTE Y MAGNÍFICO. ¡OH RESIDENCIA DIÁFANA DEL AIRE! ¡MAR DE LOS CANTOS, ÁRBOL DE MURMULLO!

TESEO

ASÍ. DEJA QUIETA LA CABEZA Y TODO SERÁ BIEN SIMPLE.

MINOTAURO

ARIANA, EN TU PROFUNDIDAD INVIOLADA IRÉ SURGIENDO COMO UN DELFÍN AZULÍSIMO. COMO LA RÁFAGA LIBRE QUE SOÑABAS VANAMENTE. ¡YO SOY TU ESPERANZA! ¡TU VOLVERÁS A MÍ PORQUE ESTARÉ INSTAURADO, INCITANTE Y URGIDO, EN TU DESCONCERTADA DONCELLEZ DE SUEÑO!



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Anverso Literario: La Prosa de César Vallejo

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César Vallejo es universalmente reconocido como poeta, su obra Lírica, Los Heraldos Negros, Trilce, Poemas Humanos y España aparta de mi este cáliz, son piezas literarias que han alcanzado las más altas cuotas de reconocimiento, difusión y estudio, dado su tratamiento de lo social y la hondura que consigue al penetrar sin tapujos en el vació existencial del hombre. Cadencia que en sus versos traduce la irrefrenable rebeldía que el creador demostró en vida, sin abandonar claro está, una sensibilidad extrema e inocencia, que con orgullo se lanza de sus páginas para herir con violencia destructiva y provocadora, el sentido más allá de los límites sospechados.

Vallejo es un filósofo de la exégesis y minimalismo comunicativo y cada construcción que realiza, trae implícito un germen de combate hacía el castrador y feudal manejo con que se manipula el lenguaje. A su vez, es un torrente de ideas, de construcciones lucidas sobre la problemática que tiene el género en su afán corrosivo y cosificador del otro.

Como obra, es innegable que la letra cultivada por Vallejo, está en constante actualización y resulta desafiante e intensa, aún para el lector presente. Prodigio vanguardista, es demasiado lo que se puede señalar sobre él y muy poco el espacio para hacer honor a la ricas vertientes heterogéneas que como figura forjada en la palabra, supo dominar.

Nacido un 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, departamento de la Libertad, El escritor, y de esto no cabe duda, es una de las más importantes voces del continente. Su arte trasciende tiempo y espacio, superando una vida llena de complicaciones y amarguras así como imágenes y determinaciones que calaron profundamente en su talante imaginativo.

Último de once hermanos, el escritor estudió Filosofía y letras en la Universidad de Trujillo y una vez, trasladado a la capital, abandonó cursos de Medicina, previamente, había dejado en el olvido pretensiones religiosas en torno al sacerdocio, expectativa que sin embargo en su temprana infancia, abrazó con ilusión y que se reflejan con prontitud en sus versos.

Otra característica innegable del hombre de letras es su condición trágica y errante, en sus innumerables movimientos por el Perú y el mundo, realizó trabajos disímiles, desde administrador comercial, cajero de banco y desde luego pedagogo, muy citada es la anécdota que lo vincula a otro grande de las letras Peruanas y mundiales, el narrador Ciro Alegría autor del Mundo es Ancho y Ajeno, los perros hambrientos y la Serpiente de Oro. Su nombre, lejos de esta circunstancia afortunada, se haya vinculado en niveles más profundos a grandes pensadores modernistas e ideólogos revolucionarios como Mariátegui y Manuel Gonzáles Prada y desde luego, a cultores de la lírica y adelantados imaginistas como Huidobro y Eguren. La lista de influenciados posteriores y pares que compartieron en su periodo, escena y vivencias, dispensando elogiosos homenajes a su nombre, es demasiado extensa para agotar estas líneas con tal objeto. De manera que, lo que personalmente me llama a releer a este autor de cabecera del cual uno piensa se he dicho tanto, que un par de palabras más, no serán sino elogiosas y majaderas gotas en un océano de ensayos, crónicas, tesis y monografías, busca pese a ese infranqueable resultado, centrarse en un tema en particular, La prosa del autor.

La prosa de Vallejo, si bien, no goza del mismo prestigio y sitial que su poesía, no deja de ser mayor en cuanto a riqueza y producción. Más que un tema de calidad, es un asunto de masificación. Reconocido como el poeta del dolor humano, esta figura paradigmática del siglo XX, cultivo con maestría, el periodismo literario, el cuento e incluso la Novelística. A esa faceta, tantas veces opacada en autores que despuntan en poesía, quiero referirme.

Radicado en Europa, Vallejo oficio como corresponsal y vio muchos de sus títulos ensayísticos y cronísticos publicados en la Revista Mundial y en el diario el Comercio. Esos artículos, de innegable brillantez, versan sobre temas múltiples, gozan de una dinámica y sapiencia envidiable, en ellos, Vallejo nos habla de la Literatura Peruana y su porvenir, de las generaciones de poetas jóvenes, de sus desafíos, de su lucha y no ignora la realidad de España y sus poetas y pensadores. Aquel presente verdadero momento de crisis, de revoluciones y masacres mundiales, ve surgir a la llamada nueva literatura norteamericana, son las voces de principios del siglo XX, que Vallejo no ignora, por tanto roza a la generación perdida y a sus epónimos Pound, T.S Elliot y Gertrude Stein, habla de Hart Crane y poco falta para que salgan a relucir Joyce, Hemmingway y otros. Vallejo se vuelve entonces un potente narrador transversal, abarca el cine, la música la pintura, tiene una acidez irrefrenable para discutir y argumentos le sobran, en esas peripecias en torno a la poética estadounidense, no puede evitar volver a la figura de Whitman, ese poeta de lo cósmico e íntimo que tan fuerte tatuara a Borges y Neruda. Otros nombres que desfilan en sus trabajos, son León Bloy, Pierre Louys, el autor de Raza de Bronce Alcides Arguedas, y sin perder el filo contestatario incluso el peruano increpa a Breton por burócrata y cirujano y hace una autopsia al surrealismo. Constituyen además elegías muy sentidas las revisiones que hace al hablar de Abraham Valdelomar, la tumba de Baudelaire y Leónidas Yerovi entre otros.

La pluma de Vallejo hace indefectiblemente, un recorrido por la cultura universal que bullía a fines del siglo, y el cruce de nombres es realmente enciclopédico, desde Unamuno y Gasset hasta Santos Chocano y todos los ismos habidos y por haber, muchos los cuales el autor denostó o terminó por denunciar como franca impostura, desde el comentario directo y discurso, tal como Asturias y Carpentier por esa misma época o con una franca e imparable independencia en el diseño de sus piezas.

Bagaje de experimentación y tradicionalismo que en Vallejo constituye una prueba más de su pericia como narrador. Ducho, el autor es capaz de edificar historias de un sentido realismo social como Paco Yunque y Tungsteno y no abandonar las fugas que podía hacer estéticamente tal como lo refleja en Fabla Salvaje, todas estas obras en conjunto, poesía y prosa, resultan manifestaciones que alumbran sobre el recorrido y maduración de un genio, gigante de las letras en español de América, inabarcable en jerarquías y términos tan reduccionistas como las del predominio de un mero género.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo


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Semblanzas Profundas: Amuleto de Roberto Bolaño.

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(…)Y los oí cantar, los oigo cantar todavía, ahora que ya no estoy en el valle, muy bajito, apenas un murmullo casi inaudible, a los niños más lindos de Latinoamérica, a los niños mal alimentados y a los bien alimentados, a los que lo tuvieron todo y a los que no tuvieron nada, qué canto más bonito es el que sale de sus labios, qué bonitos eran ellos, qué belleza, aunque estuvieran marchando hombro con hombro hacia la muerte, los oí cantar y me volví loca, los oí cantar y nada pude hacer para que se detuvieran, yo estaba demasiado lejos y no tenía fuerzas para bajar al valle, para ponerme en medio de aquel prado y decirles que se detuvieran, que marchaban hacia una muerte cierta.(…)

(…) Y aunque el canto que escuché hablaba de la guerra, de las hazañas heroicas de una generación entera de jóvenes latinoamericanos sacrificados, yo supe que por encima de todo hablaba del valor y de los espejos, del deseo y del placer.Y ese canto es nuestro amuleto.


En las páginas finales del libro Amuleto de Roberto Bolaño, encontramos este monólogo en boca de Auxilio Lacouture, uruguaya, madre de la poesía mexicana, flaca y espigada como una versión femenina del Quijote.

La mujer, pues parece poco decir simplemente el personaje, como ocurre en la mayoría de casos de aquellas existencias que originó la mente del chileno, más bien narrador y poeta continental, ofició como secretaria y barrendera del estudio de dos poetas españoles exiliados y que fueron parte valiosa de la genial vanguardia del 27, Pedro Garfias y León Felipe. Curiosos nexos como este, no tan anecdóticos o pretenciosos como podrían parecer en un principio, dan rienda al juego preferido del autor, desafiar los límites de lo verosímil, así comienza la trasgresión y se da la trascendencia del papel a lo mundano, lo vital emerge en cada párrafo, en cada desafiante discurso capaz de movilizar los hilos de lo extratextual, configurado por el pensamiento y las aprehensiones del lector.

El maridaje se va estrechando en torno a la cultura y siempre con un contenido irremediable, oscuro, violencia y locura entrelazadas, no por nada la historia parte señalando:

Ésta será una historia de terror. Será una historia policíaca, un relato de serie negra y de terror. Pero no lo parecerá. No lo parecerá porque soy yo la que lo cuenta. Soy yo la que habla y por eso no lo parecerá. Pero en el fondo es la historia de un crimen atroz.

Bolaño es un digno maestro en el diseño de mundos literarios, los que curiosamente o más bien, felizmente, orbitan en torno a lo literario, la literatura es su obsesión, la medula de su espíritu creativo, de su herida como fabulador, lo valioso es que en su calidad de autodidacta y lector, y creo eso es lo que más se le reconoce, pues jamás perdió la capacidad de asombro y de ver más allá, cediendo a lo que un mero segmento del público espera. Bolaño no es complaciente con las camarillas y sectas académicas ni tampoco con el fandom y los cultistas, él por su propia inclinación y libre creatividad, inicia indistintamente un libro con un epígrafe de su amigo Mario Santiago, el poeta mexicano autor del Aullido del Cisne y que leía en la ducha o hace alusión a una cita de Petronio.

Para Bolaño, el arte no es un pañuelo de seda en que sólo cabe el fraseario erudito y la intertextualidad con los clásicos y los Nobeles, música docta y museos parisinos, y si bien no se va al otro extremo, propio del realismo sucio y crónica urbana al uso, Bolaño demuestra con talento que el pañuelo de seda, no siempre está exento de sangre y otras excrecencias. Los vasos comunicantes entre los grandes pensadores de una sociedad y el lumpen más desastroso, están a un paso y rodeando al habitante común en su horario de oficina, pues son vidas solitarias, periféricas, al límite. Así, sus personajes, físico culturistas, ex boxeadores, criminales, proxenetas y locos artistas, fascistas de la brocha y la pluma, son esplendidos lectores y creadores, hacen de sus fechorías y vidas, actos poéticos. En la autopista paralela, sus personajes eruditos, aquellos escritores y críticos, investigadores y muralistas, son detectives salvajes, viajeros como los héroes de las tragedias griegas, guerreros y poetas que deambulan en la noche, que se mutilan y guardan cadáveres en el patio trasero gestando los extramuros de la cotidianidad.

Bajo esa cuña que para algunos es un despliegue exagerado de conocimiento, sólo queda recalcar lo exagerado de su limitación como interpretes, pues basta con revisar la vida de muchos escritores, dementes genios como Vallejo famélico, Baudelaire con sífilis, Hemingway volándose la cabeza de un tiro, Kafka tuberculoso desafiando a su progenitor, Rimbaud con sífilis traficando armas, Joyce traficando libros con un look de pirata, Delmira Agustini victima de un crimen pasional terrible, Pessoa creando heterónimos, Vian creando heterónimos de color para escribir violentas historias de racismo y jazz, Crane saltando al vació, Berryman saltando al vacío, Pascal cortándose las venas, Chetterton envenado, Panero recluido, Salinger auto recluido y muchos más que Bukowski pudriéndose en sus moteles, borracho y recluido se pregunta, ¿qué pretenden estos que algunos consideran pequeños dioses?, verdaderos dionisiacos, posicionados en los anaqueles de la insanidad, balanceándose como elefantes sobre un delgado hilo hacia el más insondable abismo. La realidad entonces, se reescribe en fantasmales y maravillosas voces que impulsan al lector a indagar más a fondo en periodos, lecturas, generaciones y movimientos, cruzados por numerosas anécdotas, vidas que en la autotelia de la palabra, algo tan ansiado por los escritores, esa patria que es tu lenguaje en acción más allá de cualquier pedazo de concreto, va desafiando los lindes de lo humano, de lo histórico, relegando a cronistas y glosadores a un segundo plano ante el predominio de la ficción verosímil bien edificada.

Podemos en tal medida señalar que Auxilio y su mente son una alegoría de la memoria de América del mundo, ella misma lo señala: Luego me desperté. Pensé: yo soy el recuerdo.

Y así dicen sus juegos adivinatorios.

(…)Estoy en el lavabo de mujeres de la Facultad y puedo ver el futuro, decía yo con voz de soprano y como si me hiciera de rogar.Ya lo sé, decía la voz del sueño, ya lo sé, tú empezá con las profecías que yo las anoto.Las voces, decía yo con voz de barítono, no anotan nada, las voces ni siquiera escuchan. Las voces sólo hablan.Te equivocas, pero es igual, tú di lo que tengas que decir y procura decirlo fuerte y claro.Entonces yo tomaba aliento, dudaba, ponía la mente en blanco y finalmente decía: mis profecías son éstas.Vladímir Maiakovski volverá a estar de moda allá por el año 2150. James Joyce se reencarnará en un niño chino en el año 2124. Thomas Mann se convertirá en un farmacéutico ecuatoriano en el año 2101. (…)

Juego que proyecta la resurrección de poetas y narradores universales hasta el fin de los tiempos en un infierno en vida que cierra bajo el enigmático y penumbroso 2666.

(…)no un cementerio de 1974, ni un cementerio de 1968, ni un cementerio de 1975, sino un cementerio del año 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo.

Las evidencias son muy marcadas, la mujer que resistió acalambrada dentro de un baño el quiebre de la autonomía universitaria cuando la UNAM fue invadida por los militares, convirtiéndose en una ambigua leyenda, pasa más allá de ser un mero personaje, reducirla a esa categoría sería ofensivo, igual que reducir a Arturo Belano, alter ego del autor y a Ernesto San Epifanio, a Remedios Varo y Lilian Serpas la amante del che Guevara, todos presentes en el particular fluir de la conciencia de Auxilio y sus delirios claustrofóbicos, durante su hacinamiento que buscaba salvar su pellejo del fascismo. En esas condiciones la mujer se empapa de mágicas percepciones, volviéndose una especie de Tiresias.

Moderna versión del profeta que transita entre el pasado y futuro no sólo el personal y de sus coetáneos, amigos y conocidos, poetas infrarrealistas, perdón realvisceralistas de los 70 sino que su voz se prolonga a todo el quehacer literario joven de nuestro continente, e ahí la fuerza del discurso disperso de una mente enfebrecida y que usé para abrir el artículo. La similitud de este con Howl de Ginsberg, tampoco se puede obviar. En este punto además, no es secreto, la afición beatnik de Bolaño, como ignorar entonces la obra del budista y sus compañeros, la influencia de Kerouac, de Corso y Burroughs, en él, que fue un gran lector de poesía, un autodidacta sapientísimo.

Amuleto, novela corta, repleta de personajes, más bien existencias, es entonces una prolongación del genio lector de Bolaño, capaz de crear dualidades carismáticas que no dejan de ser fantasías y que en esa ambivalencia tan especial entre real y ficticio, permiten la flexibilidad del trato con cada persona que los reconoce y dialoga al leerlos, al interpretarlos, en un presente que se diluye rápidamente y siempre remite a esas lozas, a esa pulcritud y silencio abismal del baño universitario, a esos minutos de asfixia que compartimos en el silencio de nuestra propia conexión con el amuleto, con la palabra, con el canto. El amuleto de la creación y de la sabiduría y también de la caníbal demencia de América, de la llegada de exiliados, genios europeos, que revolucionaron nuestras letras, el giro político, las dictaduras y utopías comunistas, el vacío posterior de generaciones que soñaron y fueron abortadas y el inicio de nuevas generaciones impávidas que nada saben y poco les importa la tierra y las reivindicaciones del pasado, huérfanos, cosmopolitas hijos del soundtrack y el pop culterano, Amuleto es una bitácora de toda la narrativa de Bolaño, y en palabras exactas de otra de sus existencias, el investigador literario Amalfitano de 2666, Amuleto como Baterbly o La Metamorfosis, sería un ejercicio de esgrima perfecto, no como sus hermanos mayores, batallas desordenadas, sangrientas, atemorizantes, fétidas y carentes de aplicación, geniales en su caos, en su apertura, Amuleto en cambio, redonda, exacta, entrenada previamente, presenta la finitud, es limpia, maravillosa y digna del gusto de un farmacéutico ilustrado.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

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Semblanzas Profundas: Hugo Correa y el arte de Género en Chile

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En esta ocasión, más que indagar en la obra y vida de un autor, he querido detenerme en el problema de la producción de arte de género en Chile.

Al respecto debo señalar que por género, no me refiero a la consabida oposición hombre y mujer y el rol de lo masculino y femenino dentro de los procesos creativos y las implicancias de poder del tema, sino al simple hecho de que en Chile, el arte narrativo, cine y literatura específicamente, no se ha caracterizado por “profundizar” en las perspectivas que brinda el terror, la fantasía, el cine negro o género policial y la literatura de anticipación o ciencia ficción. Quisiera además con esta nota, rendir un sincero y sencillo homenaje a quienes han cultivado de manera genuina, esas dimensiones de la narrativa, especialmente al eternauta de Curepto, Hugo Correa, fallecido recientemente, el pasado mes de marzo del presente año.

Este autor, creador de obras como Los Altísimos de 1959, El que Merodea en la Lluvia del 62 y la colección de cuentos de Ficción Espacial, Cuando Pilato se Opuso del 71, entre otras obras que prolongan la sapiencia de su pluma hasta el comienzo de este nuevo siglo, lo sitúan como uno de los pocos pero no escasos autores, que con mayor devoción y consecuencia, se entregó al generó, pese a la escasa y pobre recepción que su obra tuvo en nuestras fronteras, más allá de haber conseguido logros que ya quisieran algunos autores de la narrativa dizque tradicional.

Correa fue elogiado por el mismo Bradbury y traducido e incluido dentro de prestigiosas publicaciones y antologías en diversos idiomas, y ubicado a la par, en la constelación de otros latinoamericanos destacados como Ángel Arango, Daína Chaviano y Oscar Hurtado en Cuba, donde si hay una cultura basta, en torno a la novela y cuento de anticipación y en argentina, compartiendo la galaxia con Bioy Casares y la autora de Kalpa Imperial Angélica Gorodischer.

Hugo Correa.jpg Correa es sin duda un autor de culto, hoy su resonancia y difusión parece maxificarse día a día en blogs, foros en los cuales su obra se discute y sigue encantado tras la lectura por medio de reediciones digitales que no impiden en lo absoluto, la cacería de los coleccionistas y devotos, que pelean por hacerse con una copia original de su obra prima Los Altísimos. Podemos en tal medida señalar que se cumple su deseo personal en torno a la literatura. Correa mismo señaló en su última entrevista “Nunca busqué reconocimiento ni promoción, sino que las editoriales regularmente se interesaran por mi obra. Nunca he esperado otra cosa, sino simplemente que los lectores encuentren bueno lo que escribo”


Correa sin duda, es un nombre ineludible para los conocedores, para el lector especialista, y los escritores, pero no es el único, muchos se preguntarán entonces, ¿hay más?, ¿quiénes son y de dónde vienen?, ¿dónde puedo leerlos?, o siquiera por curiosidad, saber qué han hecho. Bueno para despejar un poco esas dudas, vale la pena dar un vistazo a sitios como puerto de escape, y descubrir que pese a que no tenemos una tradición, el mismo Correa lo dijo, “Aquí siempre estamos en un presente que se prolonga, que no pasa nada. Los grandes descubrimientos no pasarán aquí, porque no se estimula la investigación.” Empero eso no implica que no haya una línea que se escapa por discreta y periférica que esta sea.

Claramente, tras el deceso del maestro, empezará en torno a su figura una promoción mayor del trabajo que hizo y brotará el que se le vincula, merecidos homenajes y reconocimientos que no tuvo en vida, permitirán destapar la olla y quizá dar luces del género más allá del fandom o el círculo de convenciones.

Aún así, la problemática no termina, la condición de relegados del medio oficial, el ninguneo editorial y el trato de buena fe, tiene un origen que vale la pena indagar o siquiera describir someramente, este procede del prejuicio que ubica a los cultores del género como productores menores, hermanos pequeños y anecdóticos dentro de la gran masa creativa.

En Chile todavía existen temas que son adecuados y otros que sólo merecen ser relegados al anonimato, a la sonrisa y palmada de consuelo, “Ey, está bien, lo intentaste hijo, muchacho, hiciste una historia de vampiros, quisiste crear tu distopía cyberpunk, tu Blade Runner, tu hombre bicentenario, tu versión de la jungla de asfalto, ahora vete a jugar por allí, te parece” y si por aquellos azares, el subrepticio creador logra éxito, bueno, empiezan los siempre bien ponderados comentarios de la llamada crítica especializada: “Como no podría vender tanto, si es literatura de consumo, paraliteratura, cine para las masas, le da en el gusto a todos”.

Es que estamos tan acostumbrados al drama político, a la revisión histórica y a jugar con los tipos humanos: Estos son caricaturizados en comedias o elogiados desde perspectivas documentales que buscan rescatar su espíritu noble, casi de mártir de la tierra, pampa, mar y alturas indomables o en otra medida, renegando de ese fundacionalismo, las historias se zambullen de cara al conflicto urbano, existencial y económico, relaciones de pareja, discriminación social, sexual y el día a día del que a pulso se debate en la depredadora capital, queriendo mantenerse impoluto como un moderno Martín Rivas llegado de provincia o buscando una redención de su caos personal, la típica historia del drogadicto o la prostituta a lo Renton o Pretty woman criollos, que no podemos salir de esos esteriotipos de fabulación y más aún, de las formas de contarlas, creyendo que la única manera de abordar los temas es con linealidad y en el retrato fiel de lo captado por los sentidos, sin proyección a otros mundos, a otras perspectivas, quizá por miedo o repudio a Hollywood, al llamado cine o literatura de mercado y por una reverencialidad absoluta hacia el neorrealismo italiano, el cine francés y el tratado de costumbres o la novela decimonónica, cuyo efecto inmediato y empalagoso, es un feudo monotemático y monocorde en que nos releemos hasta el hartazgo y en que siempre vemos los mismos nombres y el mismo producto añejo o simulacro pobre de otras latitudes, desfilar con prestigio por las carteleras y anaqueles.

Algo más grave ocurre con disciplinas como el comic. El noveno arte queda relegado a un público infantil, esta afirmación no quiere para nada, remarcar la inexistencia de un público con criterio formado y con una visión más amplia al respecto, tampoco quiere señalar que no hayan autores que pese a lo que la corriente indica no se hayan atrevido a saltar la frontera de lo que se espera y hayan dado la espalda a la mezquina e ingrata fama y popularidad con el fin de crear en los ámbitos que le eran propios y queridos, por eso la mención inicial que destaca la labor de Correa y de muchos otros contemporáneos a él y sucesores dignos de su mirada.

Sin embargo mientras no se abra un poco la mente a otras pulsaciones y sensibilidades, existirán ingratas confusiones que disminuyen por ejemplo una novela gráfica como La Casta de los Metabarones al ámbito de una tira cómica o comic strip propia del suplemento dominical. La mención de la historia magistralmente ilustrada por el argentino Juan Jiménez, no es casual, pues curiosamente ella tiene por guionista al tocopillano Alejandro Jodorowsky, director además de cintas como el Topo, un western metafísico de alto vuelo.

En su novela gráfica, se plantea como en otras grandes sagas, adultas del comic y manga, El Incal, Watchmen o Akira, un mundo de profundas lecturas, en este caso un drama espacial de carácter épico que mezcla conocimientos de diversas culturas, mitología occidental, tradición oriental, humor, fantasía espacial y una pincelada para los patrioteros de siempre, de historia nacional, no por nada aparecen personajes como Doña Vicenta Gabriela de Rokha, la abuela. Constituida la saga familiar de honor y venganza, nada tiene ella que envidiar a cintas de Kurosawa, así como la mentada y altamente recomendada obra en extenso de Correa que tampoco debe ser ignorada, pues su genio nos permite despejar dudas y prejuicios con respecto al pasado, presente y sobre todo futuro del arte de género en Chile.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo.

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Anverso Literario: John Steinbeck

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John Steinbeck (27 de febrero de 1902 – 20 de diciembre de 1968) fue sin duda un gran escritor norteamericano. A lo largo de su carrera sufrió altos y bajos, su vida personal fue dura y su labor literaria no estuvo exenta del vituperio crítico, para algunos, su arte fue un tanto irregular. De excelencia, al ser considerado por momentos una voz señera en la narrativa inglesa de los 30, se hizo acreededor en 1939 del pulitzer y posteriormente en 1962 del nobel, más tarde, llego a ser considerado imperceptible e incapaz de superarse a si mismo, por mucho que fuese digno de ser de la primera línea, junto a otros de la generación perdida como Dos Passos, William Carlos Williams, Hemingway y Faulkner.

Incluso se dice que muchas veces los superó, sin embargo, tales reconocimientos, entre muchos que obtuviera producto de su trabajo, no impidieron que fuese injustamente censurado por su inclinación a retratar de forma realista a los braseros explotados de manera caníbal por sus coterráneos. Sus libros fueron quemados, prohibidos y hasta precio tuvo su cabeza.

La polémica se ciño sobre sus letras y su producción paso a estar grabada con el encasillamiento en que se suele ubicar a un autor cuando este parece haber alcanzado su epitome o cielo, devorando entre sombras cualquier sincero intento posterior de fabulación. Sin embargo, por mucho que en su camino estuviese la poderosa carga de no poder repetir obras maestras como las Uvas de la ira o De hombres y ratones o la hermosa novela La Perla, jamás tal estigma consiguió desorientar el espíritu franco de su pluma, lo cual nos llama hoy a escribir sobre él.

Steinbeck que ubicó muchas de sus historias en California, es un excelente creador de personajes y ambientes, más bien edificador de vidas y mundos, pues su universo en la palabra respira y sangra, por otra parte, sería injusto decir que es un retratista y que su arte es una mera mímesis o imitación, ya que si bien maneja el realismo social, su perspectiva goza de ángulos inauditos los cuales dan un vuelco a lo que en manos de un simple escribidor o artesano de las letras, sería solamente una canción de protesta o una denuncia cronística. Plagado de ironía, humor negro y exageraciones que vuelven retorcidas pero verosímiles y sensibles caricaturas a los seres que aborda, el americano consigue ubicar la tragedia y la ternura en un mismo plano, la simetría de estos polos en pugna crea de forma inevitable climas de esperanza y fracaso maravillosos, a través de los cuales hila una historia irresistible incapaz de no conmover hasta al más impávido e indiferente lector.

Steinbeck no es un ideólogo, eso hay que destacarlo en un hombre como él, con una plena conciencia del drama existencial que agota a los más desposeídos, experiencia que no teme hacer explicita sin tapujos y la cual aborda de manera reiterada pero sin majadería.

En su prosa firme no hay explotación hacia las formas de vida y habla, las costumbres y manías de aquellos que sufren las consecuencias de una economía que pese a estar muy lejana a su realidad, cruentamente los abofetea, por ejemplo pensemos en wall street y su debacle frente a una comunidad rural o de pescadores artesanales, la cual contempla su ruina como consecuencia de los manejos de la bolsa, carente e incapacitada de cualquier posibilidad de queja. El ideario democrático o el sueño de una nación en su más elevado racionalismo descubre en las páginas de Steinbeck su negra faz. A diferencia de lo que ocurre con Fitzgerald o Faulkner no se hace eco a la vida desde la esfera de los acaudalados, ya sea en su arribismo o en el conflicto devastador que afrontan y sufren estos al colisionar sus mundos impolutos de manera fortuita o premeditada con los olvidados.

Aquí la mirada emerge desde el lado b o más bien z del sistema, los extramuros citadinos son la raíz protagónica y como en las antiguas tragedias, el sino es inevitable para estos héroes de lo cotidiano. Como en el caso de un Edipo, Eneas o Aquiles condenado a su destino infausto, pruebas cruentas y definitorias para cualquier temple, se presentan a los hombres y mujeres de su obra, él recrea así, esa característica del campeón trágico, condenado a sobrellevar las circunstancias con determinación pese al conocimiento pleno de su inminente fracaso, y si bien aquí, la prueba no es producto de los dioses, si son fuerzas inamovibles las que impiden la progresión y rotación social, las condiciones dadas son demasiado agrestes como para ser volcadas, lo cual va configurando el halo de patetismo que nos mantiene en vilo pues desde las primeras líneas, amamos las voces y mundos que este lírico narrador nos presenta y ansiamos a fondo que vidas como las de George, Lennie, Kino y su mujer e hijo, logren salir a flote, aún cuando sabemos es virtualmente imposible, pues son vidas que por maquiavélico que parezca, llegan a este mundo sólo para sufrir y aguantar, pues su condición es tan ignorante o débil que cruzar la frontera de la miseria por mucho que este en sus planes y se presenten las oportunidades, sabemos que el mundo no se lo permitirá. A propósito se les mantiene en esa situación, aquí no hay paliativos o sueños de fuga, todo es temporal, lo único posible es el acto y el sueño es un combustible escaso, se posee, se mata por él y en última instancia se espera alcance pues ante todo, se es consciente que la ilusión, la quimera, por mucha belleza que ostente y que permita verla como un fin, no es una meta en potencia verificable y no pasa de ser otro medio más, para no dejar de avanzar, pues lo único cierto es eso, no rendirse. Lo contrario, la única alternativa viable, sería el suicidio o la locura, de manera que sólo queda sobrevivir y procurar lo mínimo, lo mejor que se pueda, dentro de la encrucijada en la cual ha tocado vivir.

En definitiva, no hay predestinación, Steinbeck no es un naturalista al uso pero tampoco un prestidigitador de baratos recetarios y finales que nos empalagan, él no escribe para halagarnos y sacar a nuestras consciencias de forma artificial de los márgenes de lo miserable que llega a ser el hombre en su intolerancia, sólo nos deja respirar por momentos, tomar aire, salir del fondo de ese océano de amargura en que nos debatimos, para luego hundirnos más a fondo cuando creemos que hay una vía, como en el caso de La perla, cuando creemos que la suerte de la pobre pareja de aquella villa de pescadores olvidada por el mundo, puede mejorar producto de haber encontrado la perla más grande del mundo, tras sufrir su hijo la picadura de un escorpión.

La riqueza en esta situación, en manos de un pobre, más que un escape, es otra puerta a la pesadilla humanista, de abuso, de corrupción, de oportunismo, de chantaje y violencia. Esto nos recuerda a la película un plan simple de Sam Raimi, cuando en los bosques nevados, gente humilde también de una población alejada, encuentra dinero ilegal producto del choque de una avioneta. El ser humano en circunstancias de este tipo, empieza a poner en acción un juego de escrúpulos que revela el verdadero rostro de la mezquindad e inquina

Pero no hay que equivocarse sus obras no son cantos de miseria o encerronas lacrimógenas que bombardean al lector con sensiblería barata, Steinbeck crea seres entrañables, muy reales, incluso familiares, cuando leemos sus historias comenzamos a recordar como en el caso señalado, canciones y escenas de otras piezas, cinematográficas o literarias, la diferencia estriba en que él es, probablemente uno de los primeros en establecer esas dinámicas patéticas y tiernas dentro del universo creativo, sin duda un inspirador, una voz contemporánea capaz de reformular la forma de abordar el realismo, un autor que quizá muchos desconozcan y que probablemente nunca lean, pero que no debe ser negado en su genuina trascendencia, la cual ha penetrado de forma ineludible en múltiples historias en diversos formatos y géneros, por tanto su inmortalidad está no sólo en lo que construyó y materialmente lleva su firma como encabezado sino en lo que logró transponer y heredar a otros creadores que han sido marcados por su voz.

Autor: Daniel Rojas Pachas

Publicado en: Cinosargo

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Anverso Literario: Alejandro Sieveking

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Alejandro Sieveking es un destacado dramaturgo nacional, autor de piezas clave para el teatro chileno del siglo recién pasado. Nació en 1934 en Rengo comuna de la zona central de Chile, ubicada en la Región del Libertador General Bernardo O'Higgins. Originalmente estudio arquitectura en la Universidad de Chile, allí realizó sus primeras incursiones en las tablas con la obra “Encuentro con las sombras”, aunque los especialistas, señalaron esta fue un acercamiento un tanto imperfecto en los diálogos y la caracterización, sin embargo reflejaba para un joven que bordeaba los 22 años, un manejo y potencial creciente sobre el ritmo, la tensión y pulso y por sobre todo una gran sensibilidad que lograba dominar el espacio. Probablemente esa visión con respecto a la distribución escénica y el movimiento además del control sobre las posibilidades y limitaciones del montaje, le dejaron un importante legado que complemento arduamente con su deseo de penetrar al drama humano

Entre sus principales textos dramáticos además de su trabajo en televisión y cine, ya sea como director, guionista o actor, podemos nombrar Animas de día claro que fue dirigida por el desaparecido cantautor Victor Jara en 1962 y 1964, el artista fue un gran compañero de Sieveking en los años previos al golpe, juntos llegaron a componer temas y Jara colaboraría arduamente con el escritor y director en el montaje de muchos de sus textos, contamos el trabajo que hizo junto a Agustín Siré en La madre de los conejos y su rol como director en “Parecido a la felicidad” y “La Remolienda”, en la cual además elaboró la música.

Otras obras emblemáticas de Sieveking que no podemos eludir en esta semblanza son Tres tristes tigres, La comadre Lola, La mantis religiosa y Pequeños animales abatidos, trabajo escrito durante su exilio y por el cual recibió en 1975 el Premio Casa de las Américas en Cuba.

Su sensibilidad creadora y esa honda capacidad como lector de la realidad, le han permitido captar el entorno y el movimiento de sus congéneres desde múltiples dimensiones, talento que sin duda opera de forma medular, rescatando los tipos humanos, el lenguaje en sus raíces y el conflicto social y personal de manera agonal, por tanto, sea cual fuere el ángulo asumido: Poético, simbólico, psicológico o costumbrista, Sieveking nos provee a los lectores y espectadores, un acercamiento íntimo a mundos y existencias que lejos de acabar como clichés acartonados o burdos esteriotipos de un sector social, respiran y comunican sus anhelos, lo cual lo convierte en un clásico ineludible.

Remitiéndonos a uno de tantos aforismos Nietzscheanos podemos señalar que “si el dolor es el autentico origen de la memoria humana”, Sieveking ha conseguido observar con hondura el espíritu de su país, desde el campo más recóndito y tradicional hasta la ciudad bullente que no duerme ni perdona, logrando trascender al papel y las tablas para asentarse con pleno derecho en el inconsciente colectivo de esta franja de América.

Si no, pensemos en la más recordada de sus comedias, la historia de Doña Nicolasa y Doña Rebeca, hermanas separadas por el destino, que se encuentran y desencuentran de manera fortuita, una noche, en aquella casa de confusión, llantos y risa, la famosa “Remolienda”. Lejos del humor explicito, de las carcajadas y tropezones además del jugoso manejo de la picardía y el folclore, el autor con ingenio introduce una historia de tolerancia, de amor profundo y desinteresado afecto, libre de prejuicios y de culposa redención.

En la boca de estos personajes en la inocencia de los hermanos y en la picardía de las chicas, hallamos un discurso valioso, sobre todo si nos remitimos a los que brillan por su otredad, por ser en apariencia los más apagados de cada trío. En Gilberto y la Chepa, que repiten paradójicamente la historia de don Abelino y Doña Nicolasa, encontramos una crítica a la gente de la ciudad y sus esquemas mentales, capaces de estigmatizar y condenar una vida por sus circunstancias adversas, la prostitución de estas mujeres y la calidad de madre acorralada por el abandono que debe resignarse a no ser más que un objeto, se desrealiza en la inteligencia y superioridad moral que demuestra a lo largo de toda la obra ese acoquinado actante que en un comienzo es la Chepa, si bien esta no deslumbra por su audacia, se perfila por encima de sus pares, con generosidad y buen ánimo, es ella la que soluciona las artimañas de su jefa, la cual goza de años de experiencia, es ella la que se desvive por los heridos y la que tiene una razón manifiesta para someterse a un depredador estilo de vida, su hijo recién nacido. Gilberto por su parte, si pensamos en la época, lejos de atribuirle a la mujer la pesada carga del perdón o ubicarse en el rol salvador, el redentor de su castidad, la abraza en igualdad como una amiga, dispuesto a esperar su cariño, más allá de la urgencia carnal o el despecho que le produce el temor de ella a ser claramente cosificada paternalmente o repudiada por un asunto de honra añejo.

La Remolienda es una obra que dentro del humor y la sátira constante al machismo resulta en profundidad abiertamente matriarcal, los personajes revelan en sus parlamentos, un contenido que desafía los cánones de género lo cual invita a una lectura más focalizada y sin objeciones, un tema que es conveniente a los Chilenos revisar, sobre todo en este principio de milenio que ha demostrado una violencia desmedida e irresponsable en contra del mal llamado sexo débil.

chispero.JPG La Remolienda por merito propio, ha sido montada en infinidad de teatros, de norte a sur de Chile, internacionalmente también se ha destacado y como anécdota podemos señalar que, en su adaptación en Costa Rica a cargo del propio autor, recibe el nombre del Chispero, hay que agregar también que recientemente ha sido llevada a la pantalla grande por el director Joaquín Eyzaguirre, lo cual demuestra la vigencia de su trabajo, por su parte el autor sigue produciendo y es vicepresidente de la academia de Bellas Artes, sin embargo su afilada pluma y voz no parecer perder agud