Bastardaje II





Y catando la ausente caridad
palpo la codicia del amor,
es el horno macabro
en que miles de veces cae,
caigo.
Esperanzado,
mi esperanza…
Alimenta,
nutre
la ceniza
y tu cama lengua.
Recibes la humedad
del trago…
La amarga sequedad
y la soldada de mi afecto.
Mutilado, cobrizo,
mudando
a cada instante
en cada rápida imagen
que tus cámaras
de carnicera,
cuelgan de sus dedos garfio…

La línea es una paralela,
oblicua oquedad,
túneles de cera
que en su costra fermentada,
revelan el rostro.
La enajenación bruja,
la paridad de nuestro sexo.
Allí preso de tu maraña
furibunda…
Soy cualquiera, luego otro,
Más tarde mientras
llueve mi costado,
vuelvo a ser yo mismo
y pierdo mi principio,
la identidad de mis ojos,
el color de mis pies,
la rapidez de mi boca
y ya no se qué puede ser,
lo que rezo y como,
lo que tengo y deje pasar…
pues en tu centro
gravitatorio,
las partes de mi trizada
figura…
son un recordatorio,
opaco,
mustio,
anegado
de un retrato que olvide…
Es el canto del pájaro mudo,
la sórdida difamación,
la carcajada irresponsable,
la droga en mi párpado
y nueva-mente
la mente re-nueva,
el friolento
trato,
el acuerdo tácito,
la violencia
de ese
útero a la moda,
que anda
pariendo,
despojos…


Autor: Daniel Rojas P.






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